G.
Y se echó a llover mientras caminábamos pegadas a la pared, caían chuzos de punta. Resbalaban de las cornisas y aterrizaban en tu flequillo, en tus mejillas, en los labios que una hora antes me besaban y diez minutos después susurraban el nombre de quien te había partido por la mitad. Cruzaste las manos sobre la mesa del bar, hablabas y de cada tres frases yo tenía que encontrar dos palabras escondidas, las que eran ciertas. Hablabas, hablabas, hablabas: "Y ahora me faltan pedazos, ¿sabes? No sé por qué te cuento todo esto. Igual porque si un día te los encuentras sabrás que eran míos", decías. Porque nada de lo que tú hagas, mi niña, mi niña decías, aunque te llevo meses, nada de lo que tú hagas me puede soldar por dentro, mi niña.
Mi niña, mi niña, repetías, y sentía ganas de completar la frase sólo porque esa expresión la había leído en algún libro. Mi niña, mi Claudia. Y ya olía las cenizas.
Se echó a llover mientras íbamos de camino a nada. A nuestra historia le faltaba algo, el planteamiento, el nudo y el desenlace. Empezaba a medias y terminaba sin acabar, porque no había grandes frases ni despedidas eternas. Yo nunca te diría que iba a esperarte eternamente, y si tú decías que nunca me olvidarías, que volverías, iba a ser mentira. Nos quedamos en el nudo, en el soportal, hasta que la cortina de agua se volvió tan espesa que la atravesamos cogidas de la mano.
Estar bajo el agua es lo más cerca que estamos los simples mortales de probar lo que sienten los astronautas en el espacio. Bajo la cortina el ser astronautas quedaba lejos, estábamos pegadas al suelo, al chapoteo y a los gritos que no oía. Era la lluvia que venía del cielo las que nos mantenía aferradas al globo, no la maldita fuerza de gravedad, sino la lluvia. Los pies se volvían barro y la sangre plomo, porque pesábamos contra la Tierra. Yo quería que bailáramos en ropa interior sobre alguna puesta de sol de esas de Hollywood, pero las lunas de aquí son siempre pequeñas y están por encima de los árboles.
Quizá te hubiera dicho que quería probarlo, de no ser por el ruido de la lluvia. Que nunca había habido nadie que dispersara mis pedazos para que los que vinieran después no los encontraran, y que igual decidía que fueras tú. Quizá lo dije y no te enteraste, quizá lo dije, lo oíste y lo olvidaste un par de segundos después, porque "Niña, tú no sabes lo que es eso". ¿Te enfadó que lo dijera, si es que lo dije? Porque cuando me quise dar cuenta estaba sola, bailando en la calle, y la gente me miraba, pero faltabas tú. Tu, un paraguas, música de Texas y nuestro final de película romántica.

Puedo preguntarte qué final es ese con música de Texas y un paraguas?
Pues la verdad es que ninguno en concreto ^^U Pensé en finales de películas románticas y surgió esa asociación de ideas... creo recordar que en Cuatro Bodas y un Funeral hay final con paraguas y lluvia, y lo de Texas ya vino solo.
Ahora me has dejado con la duda, igual es que lo he visto en alguna película y no me acuerdo ;)