Jaqen/Arya. G. AU.
Rating: Totalmente G
Pairing, personajes: Técnicamente un Jaqen/Arya, pero sólo porque tengo mucha imaginación xP
Spoilers: De Choque de Reyes
Disclaimer: Canción de Hielo y Fuego, sus personajes y demás son propiedad de George RR Martin y yo no me beneficio con esto.
Comentarios: AU futuro, escrito con su autorización como "precuela" para el Jaqen/Arya que Cos tiene en proceso.
Notas:
Reto de tiempo (15 minutos), de la misma noche que su Jaime/Cersei. Ella pidió "Jaqen viendo a
Arya llegar a Inbiwan", y yo es que no puedo negarla nada :')
En las calles de Inbiwan esa mañana no hay nada que atraiga su atención. Hace años que las conoció, que las recorrió hasta memorizarlas, y en las tierras de la arena las ciudades no cambian. Cambian las dunas y los desiertos, los campos de hierba amarilla, el mar dothraki que se vuelve nuevo al renacer detrás de los cascos de cada khalasar. Inbiwan no ha cambiado. Sus casas siguen siendo de adobe cubierto de polvo blanco, y ocupan el lugar que ya ocuparon sus antecesoras. Así que las calles de Inbiwan no cambian y siguen siendo casi paralelas, excepto cuando se retuercen en torno al mercado, y casi laberínticas con sus pasadizos estrechos. Allí los hombres tienen que pasar de lado. Los niños dejan de correr para no salir de ellos con los hombros cubiertos de polvo blanco. Pasadizos estrechos y calles que se cruzan con otras calles, en un tablero mucho más cerrado que cualquier ciudad de Poniente. Hay una diferencia sutil entre las ciudades apiñadas, caóticas del Este y la cuadrícula de arena y tenderetes del mercado.
Hay gritos en el mercado, cánticos y tal vez un niño que corre aferrado a su botín. Puede oir lejanamente las maldiciones de un tendero de voz ronca con acento tyroshi. Sus gritos van bajando de intensidad hasta convertirse en un jadeo, cuando deja de correr, y en Inbiwan algún niño esa tarde comerá. Posiblemente fruta. Una jugosa sandía tyroshi llena de carne roja, quizá, más roja que la sangre. Más brillante, y a veces incluso más dulce. No es ese el niño que le interesa cuando camina por los tejados, por el entramado de pasarelas, escaleras y puentecillos de cáñamo cada vez más aislados. Las calles pierden su cualidad compacta al llegar a los restos de la muralla y se transforman en las construcciones diseminadas típicas de los oasis. Inbiwan era un oasis al principio, muchos años antes, y como tal le da la bienvenida al viajero, aunque tras el oasis se oculte una ciudad con sus propios pobres, ladrones, aristócratas y exiliados. Pilluelos que comerán sandía, ratas de todo tipo, putas y sacerdotes. De Myr, de Tyrosh, de Asshai de la Sombra. Y magos.
La reconoce en la nube de arena lejana por la forma en que conduce a su montura hacia las puertas donde él espera. Galopa hacia un lado y a otro en rodeos sutiles, como si disfrutara con el paseo, cuando en realidad se acerca con miedo. Ella nunca reconocería tener miedo. La niña ha recorrido el mundo y sigue temiendo que una flecha la alcance si se acerca a las ciudades. Sigue siendo cauta y desconfiada, y bastaría un movimiento de la ciudad pacífica para que llegara a ella con la espada desenvainada. En Inbiwan no hay murallas pero eso ella aún no lo sabe.
Cuando está lo bastante cerca como para distinguir el color de su caballo, Jaqen se sienta en una de las azoteas con las piernas colgando sobre la puerta y piojos en el pelo rubio, enredado como un nido de basiliscos. Tiene un nuevo nombre también, aunque allí no lo necesita, y si quisiera podría bajar a la calle para detener el caballo de la niña con una mano sin que ella sospechara. Siente deseos de hacerlo, para verla más de cerca, pero sólo se pone en cuclillas sobre el borde gastado y la sigue por las azoteas mientras entra en la ciudad. Así de cerca es suficiente.
La niña llega tarde, tanto en el día, cuando ya empieza a cambiar la luz, como en el tiempo. No demasiado tarde, pero sí más tarde de lo que él creía: ya no sabe si llamarla niña. Ya no sabe si llamarla Comadreja, o Arry, pero tampoco puede llamarla dama. La niña es ahora más dura, en la mandíbula, en la barbilla, y en la voz. Pero es más blanda en los labios y en la piel. Es más blanda y más suave en la cintura al doblarse para preguntar a un niño. Para preguntar por él. El niño responde y Arya Stark esconde su frustración con habilidad, pidiendo un camino a la posada y volviendo a guardar la moneda en los pliegues de la ropa. Jaqen se queda en su azotea. Así de cerca es suficiente por ahora.

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