Sin título I

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Otcho, Kanna -gen. G. Spoilers hasta el tomo 13.

Rating: este capítulo propiamente, G. No creo que suba mucho más.
Personajes: Otcho y Kanna. Pero no en pairing de momento
SPOILERS: Si lo leéis antes de llegar al tomo 13 me odiaríais. No quiero que me odiéis v.v
Notas: esto iba a ser un simple drabble pero ahora mismo estoy tan rallada y me suena todo tan extraño que no sé cómo terminará O.o Al menos es corto >.<


you’ve gotta save us all before the next big fire.
tell me now, what are you trying to do?

"Antes tenemos que pasar por un sitio", dijo cuando salieron de la base de Yoshitsune dejando atrás los reencuentros, las noticias y una agitación creciente en el exterior. La muerte de Amigo no podían dejarla atrás; estaba en la calle mientras tomaban atajos por los callejones de Kanna hacia Kabukicho. En los escaparates de las tiendas, en las radios que algunos vecinos estaban sacando a la calle y en las conversaciones que captaban de pasada sólo había un nombre, Amigo, y una tristeza al pronunciarlo que a Otcho le dolía en el fondo de la garganta. Era la misma sensación que la de ver a Kenji convertido en monstruo en la conciencia general a través de libros de texto y documentales, sólo que esta vez sucedía en tiempo real.

"Tenemos que pasar por un sitio". Kanna abría la marcha tomando desvíos que no estaban allí la última vez que Otcho había recorrido el barrio, y Kakuta la seguía con una sonrisa ensimismada. De vez en cuando se quedaba mirando algo: un montón de cubos de basura, un cartel medio arrancado, y se le enredaban los pies. Otcho sabía que tomaba apuntes mentales de las sombras y los contornos y que quizá, si todos tenían suerte, un día verían aquel mismo callejón en las páginas de algún manga. Suponiendo que la muerte de Amigo trajera algún cambio más que las liberaciones simbólicas de prisioneros. No estaba tan seguro de eso.

Cerraba la marcha más por cuidar que Kakuta no se quedara ensimismado en una esquina que por seguridad, porque quizá nunca habían estado más a salvo que mientras el mundo entero observaba las televisiones con los ojos abiertos como platos. Los coches formaban dobles filas junto a las aceras con todas las radios entonando los mismos informes, los presentadores de noticias tenían los nudillos de las manos con las que aferraban los teletipos blancos, la voz débil, la expresión insegura. Y en ese mundo detenido, Otcho habría preferido poder hacer que Kanna también parase un momento y preguntarla a dónde iba. Pero Kanna no se detenía, ni entonces mientras caminaba en silencio, ni en la iglesia, ni en el patio del colegio. Desde su regreso de Naruhama además miraba todo de un modo distinto, más pausado. Habían tenido que encontrar a Yamane para que Otcho pudiera empezar a entender de dónde venían realmente las preguntas en apariencia triviales sobre Kimiko Endo. Otcho había pasado catorce años en un agujero bajo tierra, y aunque presentía algo extraño al respecto no podía estar seguro de que Kanna no se comportase así siempre.

- Amigo es su padre y ella se ha pasado la vida queriendo destruirle. Tal vez está intentando decidir si odiar a Kimiko o compadecerse de sí misma. - La respuesta sonaba exagerada pero Yukiji no estaba de broma. Aportó más información. Sí, claro que de vez en cuando preguntaba por su madre, ¿cómo no iba a hacerlo? También preguntaba por Kenji, y por Maruo y Yoshitsune. Y cuando tenía siete años su profesor había llamado a Yukiji preocupado porque estaban aprendiendo a escribir cartas y la niña se empeñaba en dirigir la suya al recluso número 3 de la prisión de alta seguridad de Umihotaru. Hacía preguntas desde que aprendió a hablar, asintió Yukiji, pero nunca las cosas que Otcho había oido en la base durante los últimos días. Todas sobre Kimiko, y todas sin respuesta concreta porque ninguno la había conocido lo suficiente. Cuál era su película preferida, qué revistas leía, si le costaba levantarse los días que había escuela y en qué gastaba el dinero que la regalaban cuando era pequeña. La clase de cosas que todo el mundo hacía pero nadie se preocupaba en averiguar cómo hacían los demás.

Entonces apareció Yamane y hubiera sido excesivo decir que las piezas encajaban, pero al menos el objetivo de Kanna y sus preguntas comenzaba a aclararse, tanto las que hacía como las que no, las que bailaban detrás de sus ojos y no llegaban a hacerse palabras. Quería saber si incluso entonces su madre seguía siendo humana, si hacía cosas normales además de ser un detonador en manos de Amigo. Cuando les dijo que no irían directamente al apartamento de los amigos de Kakuta, Otcho casi se alegró; prefería acompañarla que tener que seguirla a escondidas, si es que tenía que ir a algún sitio o volver a Naruhama. No quería dejarla sola, por lo que pudiera saber de Kimiko, por cómo la afectase, por la muerte de Amigo, no lo tenía muy claro. Tampoco sabía a dónde iban hasta que Kanna se detuvo y Otcho dejó de preguntarse el por qué de aquel desvío. No se trataba de Kimiko, ni de Fukubee, ni siquiera de Chaipon o la visita del Papa. Se quitó la gorra de Kenji, abrió la puerta, saludó a alguien en el interior y entró sonriendo, seguida de Kakuta.

Era un restaurante. Les había llevado a comer ramen.

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