Alice y las ratas: 2

Alice/OC. PG13. Angst. Pre-juego

Rating: PG13
DISCLAIMER: Esta historia está basada en personajes de Lewis Carroll utilizados por EA Games, utilizados sin ánimo de lucro.
Notas: Este fic fue escrito como regalo de cumpleaños para Elenis. Eve se llama así por la canción de Chantal Kreviazuk, que fue la que me inspiró. La última nota de Alice, sin contar la que escribió para la narradora (nunca le puse nombre, culpad a Rebecca >.<), está directamente sacada de allí.


"Utiliza la luna para reírse de mí, y nubes de tela. Manchas rojas en los dientes, la nieve es más roja que nunca. La pisamos con nuestros pies llenos de polvo rojo. Sangramos leche por los ojos y la luna se ríe todos los mediodías. Podemos escucharla."


***


Nadie supo por qué Eleanor había acabado en Hevills si tenía familia fuera, y su llegada fue objeto de muchas conjeturas. Unos decían que los padres la habían encerrado aquí como castigo; demasiado tonteo con el hijo de algún vecino. Los niños dormían en el mismo edificio que las niñas hasta los diez años. Luego les llevaban a otro exactamente igual, o muy parecido, al otro lado del patio, pero seguíamos viéndoles en los recreos y en las comidas. Los padres de Eleanor, que tenía catorce años por aquel entonces, debían ser muy estúpidos pensando que la forma de castigarla por juntarse con un niño era mandarla a un lugar donde había docenas. Se inventaron historias incomprensibles sobre unas deudas del padre y su amistad con los dueños del orfanato, que se ofrecieron a acogerla como si fuera huérfana. Estupideces. La verdad era que el padre de Eleanor había muerto hacía bastante, y la madre simplemente había desaparecido. Su tía no quería ocuparse de ella. Oí la historia en la cocina antes de ver a la niña, y me pareció un drama muy nimio en comparación con los que ya conocía.

Como la mayoría de las cosas durante el tiempo que ella estuvo aquí, mis recuerdos de Eleanor están unidos a mis sentimientos hacia Alice. Era uno de los pocos días en los que Alice estaba extrañamente comunicativa, y un grupo de cinco o seis niños de los más pequeños se habían sentado en la mesa. Yo había oído más veces aquel recuerdo, el de una fiesta de no-cumpleaños. La primera vez tuve que acercarme a Eve y preguntarla el significado de cosas que no comprendía. No entendía que se celebrase el día del nacimiento de alguien, así que mucho menos que se celebrase el día del no-nacimiento. Eve se había explayado hablándome de regalos, fiestas, dejándome aún más aturdida. Para ser sincera, si me gustaba cuando Alice nos hablaba de la merienda era sólo por imaginarme un banquete lleno de platos que no había probado en mi vida.

Eleanor llegó entonces y, sentada en el extremo de la mesa, supe cómo se crea un odio a primera vista. Una de las cuidadoras se acercó con ella a la mesa, y muy pocos se volvieron para mirarla.

- Niñas, esta es Eleanor. - dijo Sarah, una cuidadora joven y bastante necia. Luego se fue, dejando a aquella chica extraña frente a la mesa. Extraña porque su delantal y el vestido, aunque del mismo color que los del resto, estaban impolutos. Nuevos y relucientes, no heredados. Llevaba los cabellos castaños recogidos en una coleta baja, y sus rasgos no eran desagradables, pero torció el gesto en una mueca que le hizo parecer enfadada. En aquel momento pensé que era sólo que empezaba a darse cuenta de en dónde se había metido. Luego aprendí que era disgusto por la indiferencia general. Si algo ponía furiosa a Eleanor era la indiferencia.

Avanzó decidida hasta el pequeño grupo de Alice e Eve y se sentó lo más cerca que pudo. Por unos instantes permaneció callada, no pude menos que pensar que, simplemente, había encontrado su lugar con gran rapidez. Me equivoqué, porque sólo estaba esperando a que el silencio fuera lo bastante largo como para estar segura que todos los niños cercanos la escuchaban.

- Eso es un cuento - anunció con voz ligeramente nasal. Todos los que oían la historia, y algunos que andaban por allí, se giraron, menos Alice.

- ¿Y tú quién eres? - preguntó Darla, que solía andar siempre cerca de las cuidadoras.

- Eleanor - respondió al instante. - Y esta niña sólo os está contando un cuento. Uno que se puede comprar en las librerías.

Volvió el silencio, y todos miraron a Alice, que observaba su plato aún lleno sin dar muestras de haber escuchado a Eleanor. Eve se giró hacia la intrusa y ladeó la cabeza extrañada. Eleanor sorprendió su mirada y asintió, reafirmándose.

- Se llama Alicia en el País de las Maravillas. En casa lo tengo.

Un suspiro que sonaba a alivio general llegó hasta mi puesto.

- ¡Ella es Alicia!

- Sí, se llama así....

De nuevo, el ceño de contrariedad apareció en la cara de Eleanor. Estoy segura que si el resto del comedor no hubiera estado armando tanto jaleo, hubiera podido escuchar su cerebro ronronear angustiado ante aquel imprevisto, y no pude evitar sonreír. Sin embargo se repuso y asintió.

- ¡Habrá aprovechado el nombre! Pero yo también puedo contar la misma historia, seguro que ella no lleva desde siempre en este orfanato, seguro que entró cuando ya era bastante mayor. ¡Había leído el libro! - soltó de golpe sin pararse a respirar. Algunos empezaron a asentir, aunque la mayoría no habíamos tenido un libro en las manos en nuestra vida. Miré a Alice comenzando a sentirme nerviosa. Supliqué que abandonase aquella actitud, porque Eleanor parecía estar asumiendo su silencio como una victoria. Si hubiera tardado tres segundos más en responder, yo misma habría salido en su defensa. Por fortuna no hizo falta.

- El libro habla de mí.

En el rostro cuidado de Eleanor se dibujó una expresión sarcástica, alzó una ceja y sonrió sin ganas.

- Eres una embustera. ¿Les has hablado ya del gato de Cheshire? ¿Y de la reina de Corazones? Y de...

- Ese libro habla de mí. Y me da igual lo que creas. - vi a Alice levantarse, y no pude creer que por culpa de aquella niña bien vestida y alimentada fuera a quedarme sin escuchar historias. Los demás se habían vuelto ya hacia Eleanor, que parecía más dispuesta a socializar que Alice, y ésta volvió a sonreír mostrando todos los dientes. De improviso, Eve hizo algo sorprendente. Cogió a Alice del brazo con firmeza, reteniéndola, y fulminó a Eleanor con la mirada. Alice se limitó a mirar la mano de Eve aferrando su muñeca, para después perder la vista más allá de los bancos de madera.

- Cría envidiosa - susurró Eve, tan fuerte que parecía que estaba hablando normal, pero con voz ahogada. Me dio miedo su cara, normalmente apacible, transformada en algo lleno de ira. - Alice es esa niña, y te lo puede demostrar cuando quiera.

Eleanor asintió burlona y se cruzó de hombros llena de jactancia, esperando esa prueba. Sin darme cuenta, estaba aferrando el plato con tanta fuerza que el borde de latón me había dejado marcas. Ojalá Alice tenga una prueba, pensé, ojalá pueda hacer callar a Eleanor ahora, o nunca lo conseguirá. Eve titubeó unos segundos, miró a Alice pidiendo permiso silenciosamente, y luego deslizó su mano libre en el bolsillo del delantal. Sacó una carta tan grande como su mano, con bordes brillantes y plateados. Sosteniéndola con reverencia entre dos dedos, la alzó para enseñársela a Eleanor, que tardó unos instantes en recuperar su ironía.

- Es sólo... una carta. Una simple carta - esgrimió su defensa con poca seguridad, incluso a nuestros ojos inexpertos resultaba obvio que no era "una simple carta". - ¿Piensas que eres especial por tener un tres de picas? Puedo pedirle a mi tía una baraja entera.

Creo que Eve sólo pretendía lanzar la carta sobre la mesa, para que todos pudieran verla mejor, pero eso no fue lo que pasó. En realidad todavía no lo entiendo muy bien. Eve iba a dejarla caer con un ligero impulso, y en su lugar la carta... salió disparada.

- No... - dijo Alice, pero nadie la escuchó. La carta voló directa hacia la cara de Eleanor, que no logró apartarse lo suficiente. Chilló y se llevó las manos a la mejilla. Todos se apartaron. La carta cayó al suelo revoloteando y se prendió fuego. Pronto no quedaban ni las cenizas.

Lo único que pensaba en aquel momento era lo triste de la escena, el haber perdido una carta mágica (porque no me cabía ya duda de que aquello era algo mágico) sólo para darle una lección a Eleanor. Miré a Alice esperando verla enfadada, o triste, o mostrando alguna emoción. Nada. Se soltó del brazo de Eve y se fue con su peluche de la mano. Sólo cuando Alice había abandonado el comedor con Eve tras ella me volví hacia Eleanor. Tenía un corte transversal en la mejilla que la carta había rozado, y la sangre le corría hasta la barbilla. Acabado el espectáculo, cada cual volvió a lo suyo. Eleanor se limpió la cara con el delantal, terminando con su blancura estridente, y luego me miró. Sentí un escalofrío. Hevills era violento, estaba lleno de peleas, pero obedecían a cosas como el hambre o… el hambre. El odio que mostraban los ojos grises de Eleanor era fruto de algo que yo no podía comprender. Me concentré en la poca comida que quedaba en mi plato. Limpiándose las manos en el vestido, Eleanor se sentó junto a mí. Y comenzó a hablar.

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This page contains a single entry by published on February 27, 2005 12:54 PM.

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