Alice/OC. PG13. Angst. Pre-juego.
Rating: PG13
DISCLAIMER: Esta historia está basada en personajes de Lewis Carroll utilizados por EA Games, utilizados sin ánimo de lucro.
Notas: Este fic fue escrito como regalo de cumpleaños para Elenis. Eve se llama así por la canción de Chantal Kreviazuk, que fue la que me inspiró. La última nota de Alice, sin contar la que escribió para la narradora (nunca le puse nombre, culpad a Rebecca >.<), está directamente sacada de allí.
"Hay tanto agua en mis zapatos que si no van con cuidado las hormigas se ahogarán. Y si se ahogan, ¿quién me enseñará cómo volver ahora?"
***
Dos sábados después, Eve despertó a Eleanor de madrugada. Desde la desaparición del peluche durante todas las noches se la escuchaba ir y venir por la habitación, asomándose a las ventanas enrejadas y vigilando la actividad en el edificio de las cuidadoras. Sólo una docena vivían en Hevills. Desde los dormitorios era imposible llegar al tejado; no tendrían más remedio que pasar a las cocinas o a las habitaciones de las cuidadoras y, desde allí, subir al tejado. Me incorporé en la cama cuando las dos salieron al pasillo y lo pensé unos segundos antes de seguirlas.
Eve entró a despertar a Alice mientras Eleanor esperaba visiblemente nerviosa junto a las escaleras. Me agaché junto a la puerta del dormitorio esperando mientras ellas se asomaban a la escalera. Louise debía estar dormida, porque al poco rato Eve cogió a Eleanor del brazo con brusquedad y la arrastró escaleras abajo, seguida por una Alice aún más indiferente de lo normal. Cuando el sonido de sus pasos en los escalones se apagó salí de puntillas de mi escondite y bajando a saltos salí al patio.
Creí que las había perdido. El silencio del edificio de las cocinas era tan denso que me pareció imposible que pudiera haber nadie dentro. Pero no se veía ningún movimiento en el de las cuidadoras, ni siquiera luces, y empecé a pensar que Alice se las había llevado de alguna manera a su país maravilloso, y que yo no había corrido lo bastante como para acompañarlas. Estaba a punto de volver a la cama llena de rabia cuando una sombra se movió en la primera ventana. Sin preocuparme ya porque ellas tres pudieran verme, eché a correr por las escaleras.
- Sal - era la voz de Eve. Habían llegado al sótano, y esperé bajo la trampilla. Escuché un gemido que no pude distinguir. - Sube por el canalón hasta el tejado, y luego salta al nuestro.
- Me mataré... - susurró Eleanor. Escuché un forcejeo y levanté la trampilla de madera lo bastante como para poder observarlas a las tres a la luz de la luna. Eve sostenía a Eleanor inclinada sobre el alfeizar, con medio cuerpo fuera de la ventana. Alice, entre las sombras, era como un maniquí inmóvil. De repente giró la cabeza y me miró. Estoy segura de que me vio, pero no se operó ningún cambio visible en ella.
- Yo iré contigo - sugirió de pronto, sin dejar de mirarme. Eve levantó a Eleanor cogiéndola del cuello del delantal. Alice se acercó a la ventana y salió a la repisa. Con un suspiro suave se agarró al borde del tejado y se izó hasta el canalón. Empujada por Eve, Eleanor se subió al marco. La mano de Alice apareció desde arriba y la aferró mientras Eve la empujaba. Por último, la propia Eve se ayudó de brazos y piernas para escalar la contraventana.
Los tres edificios formaban una U alrededor de un patio pequeño, lleno de hollín y chimeneas, posiblemente el techo del comedor, y salían al patio. Me asomé todo lo que me atreví a la ventana, pero no tuve el valor de subir al tejado. La caída era de dos pisos desde allí, en algunos sitios de uno o de tres. Los tejados estaban construidos irregularmente, como si Hevills hubiera sido ampliado y remodelado cientos de veces. Había zonas planas, tejados empinados, partes en los que las caídas a dos aguas formaban cuñas... El tejado de los dormitorios tenía tejas de distintos colores, y supuse que las ventanas tapiadas serían las de los pasillos. Escuché los tres pares de pasos correr sobre mi cabeza hasta el final del edificio y luego Alice saltó con tranquilidad al de los dormitorios. Se volvió lentamente y bajó a Eleanor en brazos; luego Eve volvió a apoyar el estómago en el borde del tejado para deslizarse con lentitud hasta que sus pies tocaron tierra.
Precisamente Eve fue la primera en encontrar el peluche. El conejo, maltratado por la lluvia y la suciedad de aquellas semanas, estaba enganchado en uno de los alambres del canalón. Lo levantó en el aire para que Eleanor, que buscaba a unos metros, lo viera claramente. Luego silbó para que Alice, en el extremo más cercano a la calle, lo viera. Alice no sonrió, solo asintió, y dándose la vuelta subió al tejado de los dormitorios para mirar hacia la calle. Entonces sucedió. Con una exclamación de asombro que ni siquiera llegó a ser un chillido, la teja en la que Eve apoyó el pie para salir al canalón se deslizó de su lugar, cayendo al patio de tejados inferior. Eve resbaló sobre su estómago, se golpeó en la cabeza, pero acertó a agarrarse del borde cortante.
- ¡Ayúdala! - exclamó Alice. Eleanor miró a Eve, le hubiera bastado agacharse y extender la mano para sostenerla. No lo hizo.
Nadie me hubiera creído. Mientras Eve caía como un peso muerto hasta el hollín del patio, Alice saltó desde una de las chimeneas y voló. El humo la sostuvo convirtiendo su falda en una campana sucia, como una nube cubierta de cenizas. Yo lo vi, y nadie podrá nunca convencerme de que fue una imaginación. La noche era clara. Alice voló.
Sin embargo no llegó a tiempo. Incluso yo desde mi puesto en la ventana, podía ver brillar la sangre en el suelo, rodeando la cabeza de Eve, y su mirada vacía. Desde la cornisa Eleanor siguió el descenso de Alice con una expresión curiosa, carente por completo de cualquier signo de arrepentimiento o espanto ante lo que acababa de suceder. Cuando Alice aterrizó en el patio y recorrió los metros que la separaban de Eve para arrodillarse a su lado, Eleanor tardó unos segundos en reaccionar; y luego dio media vuelta atravesando el tejado a la carrera en mi dirección, con una agilidad que no había mostrado hasta entonces. Me escondí en la esquina más oscura del desván cuando llegó a la ventana, y enseguida sus pasos se perdieron escaleras abajo.
Eve estaba muerta pero yo esperaba que Alice pudiera cambiar aquello, mientras le recogía la cabeza posándola en sus rodillas. Creía que ella podía hacerlo, que pasaría las manos por los ojos abiertos de Eve y la sangre que empapaba con rapidez su delantal se absorbería de nuevo, y levantaría los brazos para rodear a Alice con ellos. Todo aquello no sería más que un susto. Pero Alice no pudo resucitarla, sólo se quedó de rodillas en el suelo, mientras yo apretaba las mandíbulas y contenía unas lágrimas que no tenían razón de ser; porque Eve no era nada mío, porque yo no había tenido nada que ver con aquello, porque en realidad podía volver a la cama y a la mañana siguiente sorprenderme y escuchar los rumores que surgirían sobre lo que de verdad había sucedido. Supongo que lloraba porque Alice no era Dios, o no quería hacer milagros mientras yo miraba desde la ventana o Eleanor salía al patio por la puerta de la lavandería. Alice ni siquiera levantó la vista al escuchar los pasos.
La cara de Eve era lo más blanco que había visto en mi vida, y me parecía imposible que pudiera haber tanta sangre dentro de una cabeza tan pequeña. Alice le pasaba los dedos por la cara llenándola de hollín, y Eleanor se retorcía las manos, esperaba a pocos pasos, en silencio, temblando de impaciencia. Entonces lo vi claro. Eleanor buscaba atención, sí, pero no le bastaba cualquiera. Quería la de Alice. Era lo que llevaba intentando desesperadamente desde que había llegado, con todo su teatro y los golpes bajos. Quería poseer a Alice por completo, ocupar su mente. Supe que la tendría, que lograría captar toda su atención, pero no en aquel momento. Alice se echó el cadáver de Eve sobre los hombros y desapareció en la oscuridad tan rápido que Eleanor ni siquiera pudo seguirla. Lo intentó, dio pasos errantes a izquierda y derecha, pero se encontraba con una oscuridad tangible como una puerta de hierro. Entonces gritó de pura frustración y volvió a entrar en el edificio.

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