Alice y las ratas: 6 (y último)

Alice/OC. PG13. Angst. Pre-juego.

Rating: PG13
DISCLAIMER: Esta historia está basada en personajes de Lewis Carroll utilizados por EA Games, utilizados sin ánimo de lucro.
Notas: Este fic fue escrito como regalo de cumpleaños para Elenis. Eve se llama así por la canción de Chantal Kreviazuk, que fue la que me inspiró. La última nota de Alice, sin contar la que escribió para la narradora (nunca le puse nombre, culpad a Rebecca >.<), está directamente sacada de allí.


"De vuelta a su palacio, a su isla. Hay un jardin justo antes de llegar a las pesadillas. Cantan nanas y leen cuentos. Corre como si todo hubiera terminado, un paso por delante de la matanza"

***


Eleanor desapareció al día siguiente, y me gustaría pensar que el cuchillo que Alice me pidió mientras lavaba los cazos del desayuno fue para descuartizarla y entregársela a alguna cocinera como si fueran cuarenta kilos de carne de rata. No era un pensamiento agradable ni sensible, pero después de haber tenido que volver sola a los dormitorios y pasar la noche temblando, escuchando una y otra vez en mi cabeza el sonido del cráneo de Eve al romperse contra el suelo, habría despellejado a Eleanor con mis propias manos si simplemente la hubiera tenido delante.

No llegué a tenerla delante porque ni volvió al cuarto por la noche, ni apareció a la hora del desayuno. Tampoco Alice, que me dio un susto de muerte mientras limpiaba las cacerolas un rato después. Atravesó la cocina sin hacer ruido mientras tenía media cabeza metida en una de las más grandes, y lo primero que me encontré al volver a incorporarme fueron dos enormes ojos verdes que me miraban sin pestañear igual que los de un gato. Sin querer di un salto hacia atrás y me arrepentí al instante. Primero, porque al momento todas las demás niñas que estaban limpiando se interesaron por la escena. Segundo, porque nunca la había tenido tan cerca, y ahora que me había alejado no podía volver a mi posición anterior. Alice adoptó su posición habitual, las manos a la espalda y un balanceo ligero, esperando a que recogiera el trapo que había tirado con el susto. Me limpié los restos de gachas quemadas de las manos, frotando hasta que enrojecieron tanto como mis mejillas. Se habría pensado que era estúpida. O que la tenía miedo.

- Siento lo de Eve. - susurré finalmente. No tenía sentido fingir que aquello no había sucedido, como si fuera un día normal, o pretender que no había visto nada. Asintió y miró al suelo, y me sentí extrañamente orgullosa de que algo que yo había dicho hubiese provocado una reacción en ella. Luego, me sentí culpable por sentirme orgullosa.

- No fue culpa tuya. Tú no estabas en el tejado - cogió otro trapo de la mesa y comenzó a repasar la olla, justo en el momento que Lucianne, una de las cocineras, pasaba a nuestro lado. Volví a mi sitio junto a la mesa y agarré del asa opuesta, volviendo a frotar el interior. Alice olía a algo salado distinto del olor a quemado del desayuno o el sudor agrio de las cuidadoras. Su voz hizo eco débilmente en el metal mientras yo calculaba la distancia que apenas nos separaba. - Necesito que me ayudes.

El orgullo que he mencionado antes no era nada comparado con la insultante sensación de ser el centro del universo que me invadió en ese momento, tan intensa que incluso dejé de hacer como que no la miraba para detenerme y mirarla con los ojos como platos.

- ¿Yo? - pregunté. Yo. De entre todos los niños del orfanato, Alice quería que fuera yo quien la ayudase. Asintió tranquilamente y ladeó la cabeza. El pelo, lacio y sin brillo, escapó de detrás de su oreja hasta balancearse cerca de mi nariz. No quise decirle "¿Qué es lo que quieres?", porque supe que ella podía oír mis pensamientos. O algo parecido.

- ¿Puedes prestarme un cuchillo?

Asentí. La paliza que me esperaba si alguna cocinera se enteraba era sólo una posibilidad, algo que podía pasar o no. Que Alice me estaba pidiendo un favor era un hecho, y era lo mínimo que podía hacer. Para qué quería el cuchillo era lo de menos; ya me había inmiscuido demasiado en su vida, por una vez prefería no saberlo.

Volví a asentir con más decisión, y agarré la olla con las dos manos, haciendo un gesto a Alice con la cabeza para que tirase los trapos en su interior. Con la olla en alto me acerqué al armario donde se colocaban, respiré hondo y la dejé en el suelo antes del esfuerzo final para auparla a la altura de mi cabeza. Alice secaba el agua y los desperdicios de la mesa, las otras niñas habían perdido el interés, las cocineras no estaban... Envolví el cuchillo más grande y afilado que vi en uno de los paños y me lo guardé bajo el delantal. Luego coloqué la olla en su sitio y salí con Alice de las cocinas.

Cuando se lo tendí ni siquiera lo desenvolvió, sólo lo ocultó igual que yo había hecho, para después mirarme con los ojos entrecerrados.

- Muchas gracias. Cuando no lo necesite lo dejaré bajo el colchón. No te meteré en problemas.

Me encogí de hombros sin saber que decir. Sonrió a medias y echó a andar hacia las escaleras. Fue la última vez que la vi, y a pesar de eso es uno de los recuerdos de Alice que más me gusta rememorar, cuando se alejó con una media sonrisa que yo había provocado.

Esa noche me enteré por la red de rumores de Hevills que Alice estaba en la enfermería porque se había cortado las muñecas. Nadie sabía si estaba viva o muerta, y la imaginación de las demás fue añadiendo datos al rumor hasta que, en menos de dos horas, circulaba la historia de que había intentado entrar en la cocina a por comida, una de las cuidadoras la había encontrado y se habían enzarzado en una pelea a navajazos. Esperé a que se durmieran hartas de no poder añadir nada más y volví a salir, por tercera vez, a buscar a Alice.

Sin embargo entrar en la enfermería no era como subir al sótano o escapar de Jen. Todo lo que pude hacer fue llegar a la ventana, que daba a uno de los patios exteriores, y asomarme. Estaba todo tan oscuro que no podía ver si el bulto en la cama era Alice, pero si que escuché a las encargadas de aquella habitación (en realidad, llamarlo enfermería era hacerle un favor; sólo era un cuartucho con palanganas).

- Quizá se recupere con la ayuda de ese viejo conejo - decían.

Y luego Alice desapareció. Sé que volvió al País de las Maravillas, porque no tenía otro sitio a donde ir. Así que en cuanto tuve la oportunidad me limité a colarme en la enfermería para recuperar el cuchillo.

No estaba allí, pero en su lugar me había dejado un tesoro. Papeles. Montones de papeles pequeños, arrancados de cuadernos, supongo, que había conseguido de algún modo. Quizá los había traído con ella. Estaban escritos con carboncillo o el pequeño lapicero mordisqueado, arrugados, doblados, llenos de letras pequeñas y desiguales. Pedazos de Alice, y encima de todos una nota escrita con prisa y en mayúsculas.

"Voy a necesitarlo, lo siento."

Memoricé todas las notas y luego las quemé. No quería que nadie más pudiera leer las cosas de Alice, ahora que se había ido. Aproveché mientras Lucianne no miraba y las arrojé al fogón casi quemándome los dedos. Pero la última no. La última me la quedé.

"Despegada de la pared es una cortina con forma humana. Mi pequeña dos de tréboles me regala un cuchillo suave como una candelaria. Todo un ramo de despedida de parte del único fantasma vivo de Hevills"

FIN

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This page contains a single entry by published on February 27, 2005 1:19 PM.

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