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    <title>Sense Offense</title>
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    <updated>2008-07-03T22:27:22Z</updated>
    
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    <title>Siempre vuelve</title>
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    <published>2008-07-01T12:19:17Z</published>
    <updated>2008-07-03T22:27:22Z</updated>

    <summary>Leoben tampoco mira su propio cuerpo al pasar directamente a la cocina. Pero tiene que acordarse. Joder, si tiene que acordarse. ¿Cómo se olvida uno de un tiro a quemarropa en el ojo derecho?</summary>
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        <category term="Battlestar Galactica" scheme="http://www.sixapart.com/ns/types#category" />
    
    
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        <![CDATA[<p>Kara/Leoben, temporada 3. Violencia.</p>]]>
        <![CDATA[<p><b>Personajes:</b> Kara, Leoben (o Kara/Leoben si se quiere ver asi)<br />
<b>Calificación:</b> entre PG13 y R, pero todo por violencia<br />
<b>Spoilers:</b> temporada 3 creo que era<br />
<b>Advertencias:</b> violencia, out of character</p>

<hr width="100%" noshade>

<p>Vuelve en unas horas y Kara sigue tumbada en el sofá, envuelta en ropa sucia.</p>

<p>- ¿Cuánto tiempo llevas sin comer, Kara? - pregunta Leoben desde la puerta. Hay luz fuera pero Kara ha cubierto las ventanas de mantas, de cortinas que nunca ha utilizado, de toallas. No quiere que entre la luz. Después de dispararle con su propia pistola y antes de beber hasta dormirse, tapó todas las ventanas. Así, a oscuras, el cadáver de Leoben parece sólo un amigo desconocido que duerme la mona en el suelo.</p>

<p>Leoben tampoco mira su propio cuerpo al pasar directamente a la cocina. Pero tiene que acordarse. Joder, si tiene que acordarse. ¿Cómo se olvida uno de un tiro a quemarropa en el ojo derecho?</p>

<p>***</p>

<p>No puede creer lo fácil que es. En realidad está segura de que es una trampa. Mientras Leoben friega los cacharros y tira las botellas (Kara sabe que después también se deshará del Leoben que se descompone), ella se pone en pie. Cuando Leoben empieza a colocar cosas en los armarios, Kara vomita en el salón. Necesita un trago. Necesita olvidar el hambre porque no comerá nada que haya tocado él, y no conseguirá nada para comer que no haya tocado él. Lo peor de las resacas siempre ha sido el volver a pensar. Se da cuenta de que la puerta sigue cerrada, es consciente de que está descalza mientras el charco de vómito -puro alcohol, puro líquido- le moja los dedos de los pies. Podría subir hasta la puerta y lanzarse por las escaleras. Podría tumbarse en el sofá y luchar cuando Leoben tratase de alimentarla, escupirle y gritar.</p>

<p>Leoben ha encendido la luz en la cocina y Kara se olvida de todas sus razones para odiarle, para quedarse sólo con esa. No hay genocidio, no hay secuestro, no hay hospitales de pesadilla ni persecuciones a través de la galaxia. Traiciona en un segundo todo lo que ha aprendido en tres años sobre la guerra contra los cylon. Es la luz de la cocina. La cabeza amenaza con explotarle enfrentada a la claridad nuclear de una simple bombilla. Tropieza con el cadáver, con sus propios pies, mientras Leoben golpea cacharros. Lo peor de las resacas es volver a pensar y Kara piensa sólo por escaparse de ese dolor, y recuerda lecciones a las que no prestaba atención, demasiado ocupada en atormentar a Helo. Asignaturas de relleno sobre cuerpos y órganos que, en los libros, sólo tenían los seres humanos. Formalidades antes de poder volar, lecciones que nunca pensó que sirvieran paranada más que hacerse un torniquete en caso de emergencia.</p>

<p>Bueno, es una emergencia. Una emergencia que dura semanas con sus días y sus noches, que se estira disfrazada de rutina. Está en alerta roja, siempre.</p>

<p>No puede creer lo fácil que es. Un golpe seco en la base del cuello, la espina dorsal seccionada, la pérdida instantánea del Leoben físico cuando sus piernas ceden, y el estruendo de la caida. Kara tiene que saltar para evitar el agua hirviendo que se derrama por todas partes.</p>

<p>***</p>

<p>Está vivo, por supuesto. Lo comprueba de todos modos. Los ojos de Leoben, tendido boca abajo, la siguen y quizá es el alcohol, quizá es la descarga de adrenalina, un sustitutivo pálido de volar entre explosiones, pero Kara cree que está asustado. Es lo único de Leoben que se mueve cuando le roza el cuello en busca de pulso. Es lo único de Leoben que la sigue cuando se ríe y regresa al sofá, bailando entre el desastre, cuando vuelve a tumbarse con los pies mojados, cuando se duerme profundamente. Como una niña. Como otra niña, una que no es ella, porque Kara nunca ha dormido así.</p>

<p>***</p>

<p>Lo primero que hace al despertar es arrastrar el cadáver de Leoben a la cocina. Lo coloca junto al Leoben que agoniza. Después arranca las toallas de las ventanas. Se ducha con agua hirviendo, llora sin saberlo, se golpea contra la pared de cerámica azul. Sería más fácil morir. Sería más fácil que la matasen de una vez y no ese juego, ese cuarto Leoben arrastrando escaleras arriba el cadáver del tercer Leoben, que a su vez tuvo que reunir partes del segundo porque se les olvidó un cuchillo al traer la comida de Kara, y si algo tenía era tiempo libre para montar una búsqueda del tesoro. Pero Leoben siempre vuelve y siempre trae comida y a veces trae bebida en botellas de plástico. Siempre habla con ella, buenos días, qué haces, qué has hecho, por qué piensas que he venido, quieres que me vaya. Kara nunca va a tener respuestas. El agua le quema la piel y por momentos cree que ha sido cruel dejarle allí junto a su cuerpo. Golpea el grifo y el chorro de agua se detiene, la que se ha quedado sobre ella se vuelve fría. Al enfrentarse al espejo dibuja un círculo sobre su ojo derecho, en el mismo lugar donde disparó a Leoben. ¿De qué lado le dejó? No recuerda. Es posible que haya estado mirando a su propia cara destrozada durante todo ese tiempo. Es posible que vea el rostro de Kara igual que ahora ella ve el del Leoben muerto, y si pudiera devolverle el uso de sus piernas y sus brazos tal vez este fuera el momento. Y Kara no volvería para recoger el estropicio. Donde fuera su carne y su sangre iría ella, para siempre.</p>

<p>Vuelve a la cocina sin vestirse y se arrodilla entre los dos. El Leoben muerto y el Leoben que debería morir se miran como amantes masacrados, aunque cuando se inclina un poco más ve que uno de ellos también observa la cocina y a ella. Se inclina hasta entrar en su campo de visión, con el olor a muerte y descomposición arrastrándose por el suelo. Hay más olores. La comida, el sudor de Leoben, orina, vómito, el olor de la luz de la tarde.</p>

<p>- ¿Cuánto van a tardar en venir a por ti, si te dejo aquí? - susurra. Está tan cerca de su oido que puede notar cómo las palabras se vierten dentro de Leoben y empapan su cerebro. Pero ya no está asustado. Tampoco puede hablar.</p>

<p>Kara se ríe aún un poco borracha. Tiene que pegar la cara al suelo, y el pelo húmedo resbala sobre la suciedad, pero no importa. Le besa en la comisura de los labios: un beso de buenas noches, antes de que ambos se vuelvan locos.</p>

<p>***</p>

<p>Pasan tres días. Habla con él pero habla ella sola. Habla de teorías, de por qué ella, por qué ahí, por qué él. Habla de Galactica y de Caprica, y cuando se da cuenta de que habla demasiado grita, y cuando la voz se le desgarra se tumba a su lado esperando una respuesta.</p>

<p>Leoben respira y la mira. Pero él siempre está tranquilo.</p>

<p>***</p>

<p>Al amanecer del cuarto día no queda comida pero Kara no se ha dado cuenta. No importa la música que suena en su cabeza, o los golpes que da con los pies en la mesa; la respiración esforzada de Leoben lo engulle todo como una ola gigante. Cuando inspira desaparecen los conciertos para piano de su padre. Cuando expira, se lleva el sonido reconfortante de los hangares de Galactica. Kara grita, le insulta, araña la pintura de las paredes para volver a pintarlas después. Ha golpeado las ventanas hasta dibujar golpes sangrientos en cada falange de sus dedos, pero Leoben no deja de respirar.</p>

<p>Es una estupidez que le lleve tanto tiempo decidirse. Ya ha matado a cuatro y el quinto no debería ser un problema. Y sin embargo tarda horas en decidirlo. Se calza las botas de Galactica y busca ropa limpia, como si se preparase para algo especial. Al mediodía, ni un minuto más ni uno menos, entra en la cocina. Esta vez no se arrodilla.</p>

<p>- Espero que recuerdes esto. - Sorbe por la nariz, se frota la cara con las mangas y toma aire -. Cuando despiertes en tu puta nave, recuérdalo todo.</p>

<p>No se refiere a la muerte. No se refiere al momento en el que salta sobre su cuello, terminando el trabajo con un chasquido enfermizo que apesta a compasión.</p>

<p>Espera que, durante el resto de sus vidas, recuerde esos tres días tendido en el suelo. Espera que no vuelva.</p>

<p>Se sienta en el suelo, frente a las escaleras, y espera. Siempre vuelve. Es lo único en lo que puede confiar.</p>]]>
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    <title>No debería respirarte</title>
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    <published>2008-05-10T22:56:10Z</published>
    <updated>2008-07-03T22:27:22Z</updated>

    <summary>Al borde del escalón River se balancea. El aterrizaje siempre es lo más difícil. Los planetas son rígidos; ninguno se mueve y ninguno baila. Nunca. Puede que las estrellas lo hagan pero los planetas no. Poner los pies en el planeta es siempre igual que bajarse de un tiovivo en marcha. Hace falta contener la respiración, mantener los talones rectos y luchar contra la inercia. Poner los pies en el planeta siempre le vuelve el estómago del revés.</summary>
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        <![CDATA[<p>River, PG, post-película</p>]]>
        <![CDATA[<p><b>Calificación</b>: PG<br />
<b>Personajes</b>: River, River/OC<br />
<b>Post-película</b></p>

<hr width="100%" noshade>

<p>Ahora, después, con Miranda en el aire y la verdad recorriendo la señal, hay partes de su cerebro que se han abierto. Lo sabe sin que Simon se lo diga; ha notado compuertas girando sobre sus goznes, corrientes de pensamiento inundando las vías más secas del hemisferio izquierdo, un millar de dolores de cabeza nuevos y distintos. Los colores son menos intensos, los contornos más definidos. El estómago de Serenity se abre, ellos salen, el mundo entra. Para cuando vuelvan a la bodega olerá igual que el mercado: azúcar pegado en las manos de Kaylee, arena invisible sobre los ojos del capitán, el espíritu de gente que no conoce envolviendo sus cabezas, un turbante de sudor y aún así Serenity, el aceite y la sangre seca, el polvo de estrellas y las huellas que suben las escaleras. Su casa (la que resultó no serlo después de todo) jamás olió así. No olió de ninguna manera o no creyeron que ese recuerdo fuera digno de ser conservado, porque no lo recuerda.</p>

<p>Kaylee no mira atrás. Salta a tierra como si no hubiera un universo de distancia entre la pasarela y el planeta, como si no necesitase detenerse y pensar en ello. Al borde del escalón River se balancea. El aterrizaje siempre es lo más difícil. Los planetas son rígidos; ninguno se mueve y ninguno baila. Nunca. Puede que las estrellas lo hagan pero los planetas no. Poner los pies en el planeta es siempre igual que bajarse de un tiovivo en marcha. Hace falta contener la respiración, mantener los talones rectos y luchar contra la inercia. Poner los pies en el planeta siempre le vuelve el estómago del revés.</p>

<p>- ¿Estás bien? - Se ha quedado la última. Simon vuelve sobre sus pasos para cogerla de la mano y River asiente -. Sólo será un momento. Kaylee dice que hay un farmacéutico en el bazar. Luego podremos volver a una atmósfera que no nos provoque cancer de pulmón. ¿A qué huele, de hecho?</p>

<p>- Es sólo el azufre de los pozos, doctor. - El luto de Zoe la sigue como una sombra dentro de su propia sombra. River tiene que entornar los ojos para distinguir los bordes de cada una.</p>

<p>- Contenga la respiración y todo irá bien. Serán sólo un par de horas. ¿Dónde está Jayne? - El capitán se detiene a su lado, poniéndose los guantes, mirándola -. ¡Jayne! ¡Estoy mirando a una chica debilucha que sí ha desembarcado y preguntándome por qué ella obedece las órdenes y tú no!</p>

<p>Siempre que el capitán grita Serenity le responde de un modo u otro con quejidos y ecos. River se ríe, el capitán se ríe también, y cuando se van River ya tiene los pies en el planeta. ¿Cuándo ha pasado eso? Las compuertas de la bodega se cierran y se le ocurre que quizá las naves también necesitan intimidad. Unas horas sola, sin gente pisándola por dentro, ella sola para hablar con sus engranajes. Quizá Serenity está de mal humor después de todo lo que ha visto. Por lo que River le ha enseñado.<br />
 <br />
Miranda sigue en el aire, sí, un secreto muerto que ya no volverá a esperarla detrás de las esquinas. Pero River nunca podrá dejar de sentir. Todo, todos, a todas horas. Sentir sentir sentir. A veces es tan fuerte como Kaylee arrastrándola de la mano hacia los puestos, y tiene sentido porque Kaylee es siempre un sentimiento y sólo uno a la vez, sin dobleces, pura alegría pura emoción pura ilusión, lo que sea siempre sin destilar.</p>

<p>- Mientras tu hermano busca sus cosas nosotras podemos... ¡cocos!</p>

<p>- Cocos no es un verbo. No es una acción válida... no se puede "cocos".</p>

<p>Está un poco mareada y habla sin pensar. La gente pasa a su lado y no se apartan y siente el aire que mueven, y hay más de ocho voces. Hay cientos de conversaciones sólo desde donde están, al borde del mercado, y dentro habrá más. Da un paso atrás y alguien la empuja para abrirse paso, rebota contra otro alguien, siente que todo se disuelve, justo antes de que Kaylee la sujete de la muñeca.</p>

<p>- No, me refiero a que tienen cocos. De los de caramelo, mira, ahí. ¿No tienes hambre? Caray, ahora mismo podría comer cualquier cosa preparada por el capitán. Incluso esa sopa de proteína mal disuelta que usamos para limpiar el depósito del estabilizador... No me sueltes la mano o Simon le dará un infarto.</p>

<p>River se deja llevar haciendo eses entre cajas de gallinas que picotean el aire, hace las cuentas mentalmente mientras Kaylee regatea por un colgante de lava solidificada con forma de estrella y mueve los dedos de los pies dentro de las botas al llegar al puesto de caramelo. No tiene hambre pero se está acostumbrando al ruido y a la gente. Las voces van limándose y caen al mismo nivel. Mientras su cerebro selecciona volúmenes y prioritiza, River piensa que le gustaría saber cómo consiguieron eso, si es automático o si es una capacidad regalada. Piensa en sí misma como una máquina blanda, en sus oidos como un receptor sensible; algunas conversaciones sobresalen para que las elija y amplifique, el resto es un zumbido que podría hacerla dormir. Y alrededor de las conversaciones siempre hay otra cosa. No sabe qué es. Es una idea esquiva, una liebre, más agudas que las sensaciones pero menos que sonidos. En su imaginación la nube de ruido es una mesa, mientras que las conversaciones que su cerebro selecciona son cubos sobre la mesa, y las ideas vuelan sobre ellos hechas pelusas. Sólo tiene que mirar. Sólo tiene que extender la mano y atraparla.</p>

<p><i>dos semanas y hubieran estado aquí y mira ahora, qué, si sólo hubieran venido dos semanas antes si sólo no hubieran cogido esa nave si sólo hubieran esperado dos semanas más quizá ahora tendría a alguien para ayudarle cuidarle como yo tengo a simon y a kaylee, como tengo a serenity, como tengo al espacio sobre mis pies bajo mis pies, pero ahora ya no tiene nada más que un planeta que huele a azufre y para qué, un accidente y adios, un escalón mal soldado y adiós, huesos como cáscaras de huevo, médula como charcos, y ahora qué, un trabajo y a repartir entre siete, padre en la cama para siempre como un ataúd pero todavía respirando, y quizá tendría que dar gracias, todavía respirando</i></p>

<p>Le basta una milésima de segundo para localizarlo. Un chico de su edad como cientos, miles, millones. Y sin embargo River toma aire y se pregunta si no es la primera vez que ve a una persona, a otra persona, aunque Kaylee esté ahí al lado comprando cocos de caramelo y el tendero esté ahí al lado sonriéndole a Kaylee, pero sólo el chico tiene color y brillo. Brilla por los pensamientos, brilla por la atención de River aunque él no lo sepa, y ese brillo vuelve todos sus rasgos más oscuros, hasta que todo él se vuelve una imagen rotunda. Las pupilas de River toman nota de los ojos hundidos, la nariz recta, la sombra de los huesos invisibles, y lo almacenan eficientemente. Pero River contiene el aliento sólo para poder escuchar su propia sangre llegando hasta las yemas de los dedos, un corazón convertido en un motor capaz de saltar al espacio de la mano de Serenity, euforia sin diluir. Sabe que Kaylee la ha mirado, que ha mirado a su alrededor, que tal vez ha visto al chico porque se ha reído y ha hecho un comentario que River quizá recordará mañana. Pero no le ha <i>visto</i> tal como es. Posiblemente nadie lo ha hecho porque si lo hicieran no habría gritos ni risas ni conversaciones ni regateos. No habría nada más que eso, sea lo que sea, y él, sea quien sea, y su dolor compartido igual que lo siente River en esos momentos en el paladar y los pulmones mezclado con azufre, un dolor que no era suyo hasta ahora, que ahora será suyo para siempre.</p>

<p>Y es tan hermoso que quiere llorar, y tan triste que quiere reir; abrazarle por la espalda, revolverle el pelo, explicar que nada en una carta puede ser tan terrible como lo que hay en el espacio, tan hermoso como el espacio, y que aún así siempre habrá una cabina y siempre habrá un cielo. Quiere hacerlo. No lo hace.</p>

<p>- ...¿Kaylee? Kaylee.</p>

<p>Kaylee sabrá. Con la boca llena de pulpa y azúcar y todo, Kaylee sabrá.</p>

<p>- ¿Qué pasa?</p>

<p>No sabe qué responder. Amor. Enamoramiento. Atracción. Flechazo. Sentimiento de polaridad, sentimiento identificado con necesidad, instinto reproductivo y mil definiciones, teorías, corrientes artísticas, psicológicas,  explicaciones biológicas. En realidad (racionalizar. <i>racionalizar</i>) si lo piensas, si lo reduces hasta que no tiene más remedio que cobrar sentido, son átomos bailando unos con otros. Exactamente igual que todo lo demás.</p>

<p>- Creo que estoy experimentando una reacción química.</p>

<p>Kaylee estalla en carcajadas, las manos de caramelo, infinitamente más sabia.</p>]]>
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    <title>La Tierra perdida</title>
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    <published>2008-05-06T14:49:23Z</published>
    <updated>2008-07-03T22:27:22Z</updated>

    <summary>No puede creerlo. No puede creer que sea él.</summary>
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        <![CDATA[<p>Helo/Kara, G, spoilers de 4x05 "The road less travelled"</p>]]>
        <![CDATA[<p><b>Pareja</b>: Helo/Kara<br />
<b>Calificación</b>: G<br />
<b>Disclaimer</b>: BSG es propiedad de sus creadores, yo soy una simple fan<br />
<b>SPOILERS</b> hasta el quinto episodio de la cuarta temporada</p>

<hr width="100%" noshade>

<p>Puede ver, en ese momento, que Kara no lo entenderá. En los pasillos luminosos del Galactica podría haberla detenido un instante, unos segundos, y explicárselo. Pero el Demetrius es una nave pequeña y Kara está demasiado concentrada en los mecanismos de su lógica y sus pinturas como para haberse dado cuenta de sus opciones. Puede rendirse y volver a la Flota, puede continuar y arriesgarse a un motín. Helo puede ver, en ese momento, que Kara pierde el suelo bajo sus pies. Es sólo una milésima de segundo tan invisible para los demás como el camino a la Tierra. No puede creerlo. No puede creer que sea él. Y entonces Helo comprende la clase de dolor que hacía a Kara gritar en su celda a medida que se alejaban del camino a la Tierra, porque Kara no entenderá que la de Helo es la tercera opción, la de salvarle la vida a un capitán que ha perdido el respeto. La de salvar las vidas de ambos, porque contra toda lógica Helo no puede evitar creerla y seguirla, creerla y seguirla siempre años después de las novatadas inofensivas de la Escuela de Vuelo. Kara le releva del puesto pero eso son sólo palabras. Kara le mira, incrédula, como a un desconocido, y eso es diferente. Y Helo no puede evitar pensar que en unos minutos, o en unas horas, de vuelta a los pasillos silenciosos de Galactica, quizá sea él quien grite contra las paredes por haber perdido su Tierra.</p>]]>
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    <title>Rayo/Trueno</title>
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    <published>2008-05-06T14:45:49Z</published>
    <updated>2008-07-03T22:27:22Z</updated>

    <summary>En casa jamás reconoció que las tormentas la ponían nerviosa</summary>
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        <![CDATA[<p>River, G, "rayo/trueno", "miedo"</p>]]>
        <![CDATA[<p><b>Personaje</b>: River<br />
<b>Calificación</b>: G<br />
<b>Disclaimer</b>: propiedad de Joss Whedon</p>

<hr width="100%" noshade>

<p>En casa jamás reconoció que las tormentas la ponían nerviosa, incluso cuando horas antes la piel de los brazos se le ponía de gallina y la electricidad le provocaba migrañas. Pero cuando Simon le tiende unos zapatos nuevos (los primeros en meses) tiene que pedir al capitán que le ayude a sujetarla, el corazón desbocado hasta la taquicardia, los cordones convertidos en un monstruo que él no comprende, hasta que se queda dormida en la mesa de la cocina con los truenos de otra nube iónica sacudiendo las latas de proteína.</p>]]>
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    <title>Los bichos matan</title>
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    <published>2008-05-06T14:43:35Z</published>
    <updated>2008-07-03T22:27:22Z</updated>

    <summary>(el capitán dice que los bichos nunca mataron a nadie, mentira)</summary>
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        <![CDATA[<p>River, G, "pelo", "nubes"</p>]]>
        <![CDATA[<p><b>Personaje</b>: River<br />
<b>Calificación</b>: G<br />
<b>Disclaimer</b>: cosa de Whedon</p>

<hr width="100%" noshade>

<p>Rizarlo, alisarlo, atarlo, dejarlo así, que Kaylee lo coja y haga trenzas, no importa, da igual porque de todos modos se va a meter en sus ojos con cada golpe de viento, con cada golpe de tierra del planeta que late y césped y bichos bajo su espalda (el capitán dice que los bichos nunca mataron a nadie, mentira). Y no puede no puede mover las manos sobre su cabeza o las nubes sobre Perséfone se descolocarán, y entonces, si llueve, ¿a dónde se llevarán el picnic?</p>]]>
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    <title>Drunks and children tell the truth</title>
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    <published>2008-04-10T00:46:54Z</published>
    <updated>2008-07-03T22:27:22Z</updated>

    <summary>If the priest was aboard Jayne could tell him a couple things about heaven. Things like &quot;day off&quot;, &quot;half-empty ship&quot; and &quot;booze&quot; and &quot;Kaylee&apos;s funbags&quot;, even when the priest would probably go all priest-like on him with that one.</summary>
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        <![CDATA[<p>Jayne/Kaylee, PG13</p>]]>
        <![CDATA[<p><b>pairing</b>: jayne/kaylee<br />
<b>rating</b>: pg13<br />
<b>notes</b>: some sort of idle drunk conversation. <br />
<b>disclaimer</b>: joss whedon rules, everyone at fox is an ass</p>

<hr width="100%" noshade>

<p>"Couldn't even get yourself a good pair of knockers"</p>

<p>"There's nothing wrong with them!". That's good. Picking on her pride. Jayne leans back against the wall and smiles sideways over his mug. Day off, half-empty ship and booze. If the priest was aboard Jayne could tell him a couple things about heaven. Things like "day off", "half-empty ship" and "booze" and "Kaylee's funbags", even when the priest would probably go all priest-like on him with that one.  </p>

<p>"Well, ya know just the way to prove it"</p>

<p>"Jayne, I'm not gonna let you see my boobs". She laughs hard and spills some buckie on her trousers. The stain gets lost among all the rest, Kaylee doesn't seem to mind and Jayne wouldn't change topics for all the booze in New Haven.</p>

<p>"See? 'Cause there ain't no boobs to see". That is just not going to work. It's like little Kaylee just wants to make him sweat but then again what's wrong with that? It's not like they have anywhere to go until the Captain is done with whatever-the-deal-is. Jayne is fine with sweating. More than fine, sweating would be <i>shiny</i>.</p>

<p>"'Cause I'm not drunk enough, that why, dirty old man." Well, maybe Jayne is drunk enough already, but he'd swear over Vera that Kaylee just blinked at him. And she's definitely not sober.</p>

<p>"So how drunk is drunk enough for the likes of Kaylee?"</p>

<p>She drinks again, and she doesn't spill anything this time, fully in control like she's playing around with her tools down there inside Serenity's belly, feeding oil to some greedy machine. Then there's <i>that</i> smile, and in Kaylee you could say it's a smile on top of another smile, cheerful-est tease in the gorram 'Verse, as she leans so close Jayne starts thinking that's the answer. The leaning and the drinking and the smiling and the blinking. He quite likes when pretty mechanic girls answer stuff with no words.</p>

<p>"<i>Bao bei</i>*, wouldn't you like to know".</p>]]>
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    <title>La cacería solemne (2/?): Con cualquier otro nombre</title>
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    <published>2008-04-06T21:41:05Z</published>
    <updated>2008-07-03T22:27:22Z</updated>

    <summary>No sabía por qué no lo había hecho y no quería escuchar la teoría de Elle al respecto, por mucho que se empeñase en contársela. En hablar constantemente. Sin parar. Sin decir nada que hiciera pensar a Maya que haberla escuchado en un principio había sido buena idea.</summary>
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        <![CDATA[<p>Maya/Elle, PG, post-temporada 2, AU</p>]]>
        <![CDATA[<p><b>Pairings</b>: Eventualmente Maya/Elle, Sylar/Maya y otras cosas<br />
<b>Calificación</b>: PG<br />
<b>SPOILERS de todo heroes</b> </p>

<hr width="100%" noshade>

<p align="right"><i>Caught in the web again, inside your private den, where you can go to moon or meet some people you will never see. You are a file in there, money in an open fair. you're a slave among the slaves, waiting for the future with a fear</i></p>

<p>Cuando el coche de Elle se subió a la acera de un salto frente a la fachada de la escuela Amersfort, Maya apenas esperó a que estuviese parado para salir. Había ido a buscar a Molly a aquel mismo lugar dos o tres veces por mes, porque sólo estaba a media hora caminando desde el Atlantic y cuando trabajaba de mañana podía dar un paseo por los muelles de Canarsie y llegar todavía con varios minutos de adelanto.</p>

<p>Era la primera vez que llegaba tarde.</p>

<p>Habían salido de su piso más de una hora antes, pero Elle insistió en pasar a recoger una chaqueta por su lavandería del East Village. Después quiso dar un rodeo y terminaron atrapadas en un atasco en la Séptima. También se detuvo a comprarse un café cuyo nombre Maya no hubiera sabido pronunciar, y no consideró necesario mirar el reloj en ningún momento. Y a cada una de aquellas paradas la resolución de Maya, que no había sido demasiado firme para empezar, se tambaleaba un poco más. Por un lado casi deseó que Molly se hubiera cansado de esperar y que Mohinder o Matt Parkman la hubieran ido a recoger. Eso les daría tiempo. Entonces Maya podría volver a casa y llamarles directamente. Explicarles todo lo que había pasado esa tarde, y disculparse por no haberles llamado en el momento en que dejó de ser un día más. No sabía por qué no lo había hecho y no quería escuchar la teoría de Elle al respecto, por mucho que se empeñase en contársela. En hablar constantemente. Sin parar. Sin decir nada que hiciera pensar a Maya que haberla escuchado en un principio había sido buena idea.</p>

<p>Sin embargo Molly estaba allí. Se puso en pie en las escaleras y atravesó el patio a la carrera, con un sonido caótico de material escolar bailando dentro de su mochila. Chocó contra Maya con un abrazo violento, más bien un golpe que gritaba su nombre, y tuvo que apartarla de inmediato mientras se arrodillaba en el asfalto.</p>

<p>- Molly, tengo que hablar contigo. Necesito un favor. Tienes que ayudarme - murmuró. Elle no iba a correr por el camino de gravilla que llevaba al patio, pero aún así aparecería junto a ellas en sólo cuestión de segundos. Y Maya todavía no había decidido qué era lo que tenía que pedirle a Molly.</p>

<p>- ¿Es algo sobre poderes? - preguntó Molly en el mismo tono bajo y urgente. Maya la observó en silencio, tratando de respirar hondo, pero sólo acertó a morderse los labios.</p>

<p>- ¿Le dijiste a tu padre y a Mohinder que vendría a buscarte? ¿Sabes si van a venir?</p>

<p>Molly negó con la cabeza. La sonrisa de la bienvenida se había evaporado por completo.</p>

<p>- Están trabajando. ¿Qué te pasa, Maya?</p>

<p>Vio llegar a Elle antes que Molly, que daba la espalda a la calle principal.</p>

<p>- ¿Tú te acuerdas de ella? - Trató de preguntarlo calmada y lentamente, para que la información calase en Molly sin violencia. Se miraron unos segundos mientras Elle se acercaba con los brazos cruzados, mirando al cielo gris y lleno de nubes que empezaba a oscurecerse. Molly sólo giró la cabeza.</p>

<p>- Sí. Me acuerdo. ¿Qué hace aquí? ¿Lo sabe Matt?</p>

<p>- No. No lo sabe. No pasa nada. - La humedad del patio ya le había empapado las rodilleras de los pantalones. Maya se puso en cuclillas y atrajo a Molly un poco más hacia sí -. Pero necesitamos que hagas algo con tu poder. No te va a pasar nada.</p>

<p>"También podría usar mis propios métodos, pero creo que todos preferiríais la opción amigable", habían sido las palabras de Elle durante el atasco. Las palabras exactas. A Maya le había erizado el vello de la nuca la forma en que usó el mismo tono para amenazar a una niña de once años y para comentar que deberían haber tomado el otro carril. Conocía sus horas de salida y entrada a la escuela, cuándo iban a llevarlos de excursión y quién servía la comida del comedor. Todavía no sabía cómo iba a explicarlo cuando llamase a Mohinder para disculparse, cuando tuviera que prometerle que no volvería a acercarse a ellos.</p>

<p>Molly asintió y torció la boca.</p>

<p>- ¿Por qué ha tenido que venir ella? - susurró, no lo bastante bajo. Elle cambió el peso del cuerpo de un pie a otro antes de responder.</p>

<p>- Porque éste va a ser mi nuevo colegio y tengo que decidir dónde te quitaré el dinero de la comida. Tengo un poco de prisa, ¿sabéis? Y si dejo mi coche aquí cinco minutos más seguramente se convierta en un Lebaron o algo así, así que...</p>

<p>Sin dejar que terminase la frase, Maya se interpuso entre Molly y Elle. Dio un paso atrás, lo bastante para poder rodear a Molly con un brazo, y respiró hondo. Sorprendentemente Elle se había callado; la miraba con la cabeza ladeada, estirándose un mechón de pelo y con un amago de sonrisa.</p>

<p>- No podemos hacerla esto - decidió Maya. Aunque Molly podía oirla perfectamente de todos modos, bajó la voz y se inclinó hacia Elle -. Tiene que haber otra forma, es sólo una niña. Te ayudaré de otro modo. Es una niña pequeña.</p>

<p> </p>

<p>Elle la miró sin variar su expresión un ápice, sin transmitir nada. Ni siquiera parecía estar entendiendo lo que decía. Se echó a un lado para mirar detrás de Maya.</p>

<p> </p>

<p>- Por favor, Maya, no seas cruel. A mí me parece que tiene un tamaño perfectamente normal - dijo con tono risueño, sin apartar la vista de Molly -. ¿Cuántos años tienes, tú?</p>

<p> </p>

<p>- Once.</p>

<p>- Más que de sobra entonces. ¿Sabes que mirar fijamente a la gente es de mala educación? - Elle se cruzó de brazos y sonrió de otro modo. Al principio, de hecho, pareció que dejaba de sonreir por completo, excepto por la comisura izquierda. Era más una mueca de burla -. No estarás haciendo nada raro, ¿verdad?</p>

<p>Una nueva marea de tráfico pasó a toda velocidad por la calle principal y Maya pudo ver el autobús de la línea 41 que subía por Flatbush, el que solían coger para ir a casa de Molly. En realidad si se daban prisa todavía podian alcanzarlo. Sin pensarlo demasiado y sin decir una palabra agarró a la niña de la mano, respiró hondo y rodeó a Elle, aunque no pudo evitar empujarla un poco con el hombro. Molly enseguida se puso a su altura y a su ritmo.</p>

<p>- Maya... - escuchó a Elle a su espalda, sin alzar el volumen. No volvió la cabeza. Otros tres pasos y de nuevo, pero esta vez un poco más alto -. ¡Maya!</p>

<p>Casi habían llegado a la avenida cuando una explosión levantó esquirlas de ladrillo rojo de la pared de la escuela y rodeó a Molly y a Maya de un polvo fino y rojo. Ambas gritaron de sorpresa. El olor a piedra quemada se extendió con rapidez pero Maya no se dio cuenta. Se apoyó en la pared todavía caliente y trató de respirar, de no permitir que los latidos irregulares que sentía en la garganta se convirtieran en una estampida. Apretó la mano de Molly un poco más y vio a Elle acercarse como si no hubiera pasado nada.</p>

<p>- Estábamos teniendo una conversación - dijo a modo de reprimenda. Ya no sonreía -. ¿Os importa? Una conversación civilizada, sin trucos mentales ni momentos dramáticos. Eso va por tí, Maya, si me estás oyendo.</p>

<p>Podía oirla y podía verla, pero Maya decidió cerrar los ojos sin contestar. No pudo evitar que Molly tirase de su mano y finalmente la soltase, ni que hablase con Elle.</p>

<p>- ¿A quién tengo que encontrar?</p>

<p>- A Gabriel Gray. A Sylar. Al hombre del saco. - El sonido de cada nombre iba acompañado por el de un paso y pronto Maya pudo notar la presencia de Elle sin necesidad de verla ni tocarla, un extraño campo de fuerza a pocos centímetros de la pared -. La verdad, me da igual por qué nombre se lo pidas a ese poder tuyo.</p>

<p>- De acuerdo - asintió Molly. Elle volvía a sonreír y Maya miró al suelo. Era como si la única seria, la única que sabía lo que estaba haciendo era la niña de once años que acababa de salir del colegio -. Maya, necesito algo suyo.</p>

<p>Por un momento fue casi como una solución. Ni siquiera tenía que mentir. Se despegó de la pared con los brazos cruzados con energía renovada y ganas de reirse de alivio.</p>

<p>- No tengo nada. Si no tengo nada no puedes hacerlo, ¿verdad?</p>

<p>Elle se rió, una sola vez, en el mismo instante en que Molly negaba con la cabeza. Quizá ya estaba. Habían llegado a un punto muerto y Elle podía volver a electrocutar ratas en sus laboratorios. Pero se detuvo y las miró por encima del hombro, y Maya se dio cuenta de que en realidad no había creido ni por un instante que ahí terminaba todo.</p>

<p>- ¿Necesitais una invitación por escrito? Adelante, jóvenes castores. El tráfico de Queens no espera a nadie y tenemos una agenda que cumplir.</p>]]>
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    <title>01 - I think you&apos;re on some foolish mission</title>
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    <published>2008-04-06T20:02:04Z</published>
    <updated>2008-07-03T22:27:22Z</updated>

    <summary>Personaje original, post-Cáliz de Fuego, PG13. Escrito en el 2002, INCOMPLETO....</summary>
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        <category term="El Baile de la Medusa" scheme="http://www.sixapart.com/ns/types#category" />
    
    
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        <![CDATA[<p>Personaje original, post-Cáliz de Fuego, PG13. Escrito en el 2002, INCOMPLETO.</p>]]>
        <![CDATA[<p><b>Calificación</b>: PG13<br />
<b>Advertencias</b>: Mary Sue, femslash, muerte de personaje, tamaño novela, incompleto.<br />
<b>Notas</b>: Situado en el verano posterior al Cáliz de Fuego<br />
<b>Comentarios</b>: Empecé este fic en el 2002 y durante dos años practicamente no escribí otra cosa. Supongo que por eso me he decidido a postearlo; es una parte demasiado importante como para dejarlo permanentemente fuera de mi página de relatos. Un par de comentarios más:</p>

<p>- Llegué hasta las 168 páginas en word, divididas en cinco partes.</p>

<p>- Está no sólo incompleto sino a parches. No lo escribí correlativamente.</p>

<p>- He añadido explicaciones sobre los trozos que faltan ahí donde faltan. En algunos casos incluyen notas sobre diálogos de esos trozos.</p>

<p>- Los distintos signos "<<<<<<<>>>>>>>>" quiere decir que ahí iba algo más pero no es importante; alguna descripción o el título del capítulo.</p>

<p>- Ugh >__<</p>

<hr width="100%" noshade>

<h3>La extra&ntilde;a pareja </h3>
<p>- Voy con usted. </p>

<p>La escuch&eacute; a mi espalda poco despu&eacute;s de abandonar la sala com&uacute;n. &quot;Voy con usted&quot;, repiti&oacute;, y aquellas palabras retumbaron en el vest&iacute;bulo. Fing&iacute; no haber o&iacute;do nada y continu&eacute; el camino hacia mi despacho. Escuchaba sus pasos r&aacute;pidos detr&aacute;s de m&iacute;, pero ahora permanec&iacute;a en silencio. Cerr&eacute; la puerta en sus narices y me detuve frente a la alacena. En otros momentos seguramente no me habr&iacute;a importado que, como de costumbre, pasara parte de la noche en el despacho tomando apuntes sobre las propiedades de todos aquellos engendros encerrados dentro de los botes, el porqu&eacute; de las coloraciones burbujeantes, la medida exacta de belladona que separaba el veneno del relajante... pero no aquella noche. No cuando la Marca a&uacute;n ard&iacute;a en mi brazo, cuando notaba mi voluntad de ayudar a Dumbledore flaquear... <em>voy con usted </em>... Vesta no buscaba ninguna explicaci&oacute;n acad&eacute;mica aquella noche, ni una reprimenda por sus notas. McGonagall ya me lo hab&iacute;a advertido al volver de aquella infructuosa b&uacute;squeda de mis antiguos compa&ntilde;eros. </p>

<p>- Severus, Vesta O'Connelly no ha hecho m&aacute;s que perseguirme desde la cuarta prueba. Que sea la &uacute;ltima vez que tengo que dar explicaciones por ti a ninguna alumna - Minerva utiliz&oacute; en aquella ocasi&oacute;n un tono de reproche m&aacute;s propio de la clase de Transformaciones que de la Sala de Profesores. Sin embargo, ten&iacute;a raz&oacute;n. De repente aquella determinaci&oacute;n de Vesta, que se filtraba a trav&eacute;s de la puerta como si estuviera hecha de niebla, resultaba terror&iacute;fica como la de Medusa. Detuve mi mano un instante antes de tocar el pomo, y di media vuelta golpeando la puerta del pasadizo exterior. </p>

<p>Todav&iacute;a dentro del t&uacute;nel, fr&iacute;o y h&uacute;medo, not&eacute; el miedo est&uacute;pido deshacerse. Sab&iacute;a muy bien que Vesta jam&aacute;s actuar&iacute;a de esp&iacute;a para los mort&iacute;fagos, al menos no mientras la influencia de Medusa siguiera contenida entre los muros de Azkab&aacute;n. Al a&ntilde;o siguiente, si yo segu&iacute;a vivo o Hogwarts en pie, Vesta estar&iacute;a sentada a la mesa de Slytherin como de costumbre, asistir&iacute;a a las clases, y pasar&iacute;a las tardes en mi despacho ayud&aacute;ndome con los ingredientes y en silencio. No como todos aquellos horribles ni&ntilde;atos, que no cesaban de parlotear sobre partidos de quidditch o la siguiente salida a Hogsmeade. Porque el curso terminaba, y ella se ir&iacute;a a pasar el verano a Francia, con una especie de excursi&oacute;n muggle, a estudiar. Y estar&iacute;a a salvo por est&uacute;pido que pudiera parecer, fingiendo ser otro de esos bobalicones seres y sacando fotograf&iacute;as a la Torre Eiffel. Sobresaliente en Estudios Muggles, por supuesto. Qu&eacute; menos, cuando cada semana la Coordinadora de Actividades Extra-M&aacute;gicas en Londres la enviaba gruesos sobres rebosantes de sellos (muggles... &iquest;es que no saben para qu&eacute; sirven las lechuzas?) y con montones de papeles que no la iban a servir de nada en mi opini&oacute;n... </p>

<p>Sub&iacute; los pelda&ntilde;os resbaladizos que hab&iacute;a al final del t&uacute;nel, y empuj&eacute; la trampilla con cuidado. Bastante lejos a mi derecha el campo de quidditch parec&iacute;a m&aacute;s bien las ruinas de un cementerio. Volver a pensar en Medusa hab&iacute;a sido una mala idea, imagin&eacute; la alegre risotada que hubiera lanzado al aire de haber estado presente la noche de la cuarta prueba. Aunque con toda seguridad, la mayor carcajada la habr&iacute;a provocado verme estrechar la mano a Sirius Black, metamorfoseado en el perro sarnoso que siempre fue... No era momento de pensar en eso. Llegar&iacute;a hasta Hogsmeade y desde all&iacute; me bastar&iacute;a con aparecerme en Londres. Ellos me encontrar&iacute;an, no tendr&iacute;a que hacer nada. Tragu&eacute; saliva. <em>Me encontrar&iacute;an </em>. No hab&iacute;a esperanza que valiera. Me gir&eacute; para echar una &uacute;ltima mirada al colegio, y lo primero que me encontr&eacute; fue a Vesta que apuraba a la carrera la &uacute;ltima decena de metros que la separaban de m&iacute;. &iquest;Qu&eacute; estaba pasando? &iquest;Tanto tiempo con los Weasley la hab&iacute;a hecho perder por completo la disciplina? </p>

<p>- Profesor, espere, d&eacute;jeme ir con usted... por favor - musit&oacute;, y la asfixia de aquella carrera a campo trav&eacute;s hizo que su voz sonara agonizante. </p>

<p>- Vuelva al colegio, se&ntilde;orita O'Connelly - orden&eacute;, poco acostumbrado a tener que reprenderla. </p>

<p>- No - respir&oacute; profundamente - No, profesor, quiero ir con usted. Usted no lo entiende... &quot;necesito&quot; ir con usted... </p>

<p>- Vesta, no puedes estar aqu&iacute; - enumer&eacute; todas las normas que estaba infringiendo, ignorando su mirada cansada. - No me hagas llevarte a rastras como si fueras una alumna de primero. Est&aacute;s entorpeciendo mi trabajo. </p>

<p>- &iquest;Trabajo? Esto no es un trabajo, es un suicidio, si Voldemort le descubre... </p>

<p>- Todav&iacute;a estoy a tiempo de quitarle cincuenta puntos a Slytherin por tu insolencia - exclam&eacute;, apretando los pu&ntilde;os. Cre&iacute; unos segundos que aquella amenaza surtir&iacute;a efecto, a&uacute;n cuando seguramente en aquellos momentos se estaba realizando ya el &uacute;ltimo recuento. Pero simplemente avanz&oacute; un par de pasos y se llev&oacute; las manos a la cintura. </p>

<p>- Mire - murmur&oacute;, y poni&eacute;ndose derecha se levant&oacute; la camisa para ense&ntilde;arme su costado derecho. No pod&iacute;a ser... me acerqu&eacute; rogando que hubiera visto alucinaciones. Pero all&iacute;, sobre la piel blanca, la sonrisa burlona de la Marca Oscura ten&iacute;a un color ocre refulgente. As&iacute; que Medusa se hab&iacute;a salido con la suya - Quema, por eso s&eacute; que ha vuelto... llevaba molest&aacute;ndome desde hace meses, y el otro d&iacute;a, durante la &uacute;ltima prueba, fue horrible... cre&iacute; que iba a desmayarme del dolor - se volvi&oacute; a meter la camisa y se acomod&oacute; la mochila sobre el hombro izquierdo. - Quiero ir con usted. S&eacute; que puedo ayudarle. </p>
<p align="center">***</p>
<p>Me llamo Vesta Medusa O'Connelly, tengo 17 a&ntilde;os y he terminado el sexto curso en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicer&iacute;a... no es un mal comienzo para un diario de viaje, &iquest;no? Despu&eacute;s de todo, una especie de presentaci&oacute;n siempre est&aacute; bien. Lo he hecho en cada uno de mis veraneos con <em>muggles </em>, as&iacute; que no veo por qu&eacute; deber&iacute;a ser distinto en un verano m&aacute;s... m&aacute;gico, por as&iacute; decirlo. Con algunas diferencias, claro est&aacute;. Ya no uso esos cuadernos cuadriculados de papel semi-artificial, sino pergaminos blancos de papel de arroz. Y en lugar del bol&iacute;grafo azul con que anot&eacute; cuidadosamente los monumentos que iba conociendo, he cogido mi mejor pluma. Pero no utilizo tinta, ni siquiera esa tinta invisible que todo el mundo sabe desenmascarar. Esta no es una excursi&oacute;n cualquiera. As&iacute; que he echado mano de algo que descubr&iacute; en tercero, una noche en la desierta sala com&uacute;n de Slytherin, cuando derram&eacute; medio frasco de una poci&oacute;n fallida sobre mis apuntes de Aritmancia. </p>
<p>En apariencia el l&iacute;quido transparente s&oacute;lo me dej&oacute; el pergamino bastante mojado, y una bonita reprimenda del Profesor Vector por no llevar hechos los ejercicios al d&iacute;a siguiente. La verdad era que los pergaminos se hab&iacute;an volatilizado en mis manos, cuando intentaba secarlos al fuego azulado de las ramas de serbal que hab&iacute;a puesto en la chimenea. S&oacute;lo las partes que no estaban empapadas quedaron intactas. Intrigada, moj&eacute; una de mis plumas (la peor que ten&iacute;a, porque no quer&iacute;a arriesgarme a perder ninguna de valor) en lo que quedaba de poci&oacute;n, y escrib&iacute; mi nombre en grandes letras a lo largo de todo un pergamino. Levant&aacute;ndolo de las esquinas, lo acerqu&eacute; a las llamas. Las letras brillaron un instante para luego deshacerse, dejando su silueta recortada en el pergamino ileso. Incluso el &oacute;valo de la “e”, o el c&iacute;rculo casi perfecto con que escribo la “a”, flotaban rodeados de aire. &iexcl;Aquello era estupendo! Pero claro, ten&iacute;a un problema. Una vez que lo acercabas al fuego las letras quedaban delineadas con claridad, y ya no pod&iacute;an volver a ocultarse. &iquest;De qu&eacute; serv&iacute;a una tinta invisible si una vez que se le&iacute;a quedaba patente a los ojos de cualquiera? Cog&iacute; el frasco y lo remov&iacute; frente a mis ojos. Ni siquiera recordaba la proporci&oacute;n de ingredientes exacta. As&iacute; que tras pasar un par de horas olisqueando el l&iacute;quido y escribiendo por todas partes, cog&iacute; los papeles y el frasco y fui a contarle mi descubrimiento a la &uacute;nica persona de Hogwarts a quien no le importar&iacute;a que le despertase a las cuatro de la ma&ntilde;ana un martes, mientras se tratase de algo interesante. </p>

<p>El profesor Snape hab&iacute;a escuchado mi explicaci&oacute;n frot&aacute;ndose los ojos y bostezando. Luego se qued&oacute; los pergaminos y el frasco, y me mand&oacute; a dormir. Al d&iacute;a siguiente se acerc&oacute; a m&iacute; durante la clase. “Se&ntilde;orita O'Connelly, la proporci&oacute;n de azufre era excesiva, tendr&aacute; que repetir el ejercicio”, indic&oacute; en voz alta dejando el frasco sobre la mesa. Pero por supuesto aquella no era mi poci&oacute;n. El nuevo l&iacute;quido ten&iacute;a un suave color anaranjado. Lo destap&eacute; y sonre&iacute; para m&iacute;. Y adem&aacute;s ol&iacute;a a menta. </p>

<p>Por tanto, s&oacute;lo el profesor sabr&iacute;a c&oacute;mo leer estos papeles. Ahora mismo se limita a mirar preocupado por la ventana del tren que nos lleva a Londres. S&eacute; que jam&aacute;s leer&iacute;a esto sin mi permiso. Aunque a veces me gustar&iacute;a que lo hiciera... </p>
<h3>Y no marcan a los ni&ntilde;os </h3>

<p><br />
<p>Ve&iacute;a el reflejo de Vesta escribir afanoso a trav&eacute;s del cristal de la ventana. Ella no hab&iacute;a vivido suficiente bajo el dominio de Voldemort. &iquest;Cu&aacute;nto tiempo tardar&iacute;a aquella Marca en oscurecer su esp&iacute;ritu? Esper&eacute; a que terminase de escribir mientras el olor a menta de la tinta llenaba el vag&oacute;n vac&iacute;o. Aquel tren era un aut&eacute;ntico prodigio del mal gusto muggle; los fluorescentes zumbaban con insistencia, revelando la basura acumulada entre las juntas met&aacute;licas. Las almohadillas de los asientos ten&iacute;an un color opaco indefinible, y estaban reventadas, con aquella espuma artificial de color negruzco quemada o arrancada. Sell&eacute; el vag&oacute;n con un encantamiento para que el revisor viejo que hab&iacute;a agujereado nuestros billetes no viniera en busca de conversaci&oacute;n o algo parecido. </p></p>

<p>Por supuesto habr&iacute;a sido infinitamente m&aacute;s f&aacute;cil llegar hasta el camino de Hogsmeade, fuera de las murallas de Hogwarts, y aparecer en alg&uacute;n descampado cercano a Londres, pero Vesta a&uacute;n no dominaba las apariciones. Habr&iacute;a sido demasiado arriesgado. Seguimos caminando hasta el pueblo muggle m&aacute;s cercano, cuya diminuta estaci&oacute;n estaba desierta. Fue una suerte que apenas media hora despu&eacute;s de llegar, pasase el tren hacia Londres. El muggle que nos vendi&oacute; los billetes estaba tan dormido que ni siquiera se fij&oacute; que le pagamos en sickles, y tras tendernos los papeles volvi&oacute; a su cabina murmurando algo sobre fiestas de disfraces. </p>

<p>Al sentarse en el vag&oacute;n, Vesta se quit&oacute; la t&uacute;nica de Hogwarts y la meti&oacute; en su mochila verde. Se mir&oacute; un poco al espejo y supongo que qued&oacute; satisfecha de su aspecto de estudiante muggle normal y corriente cuando tras varios intentos consigui&oacute; mantener su endemoniado cabello negro lejos de los ojos. Me sent&eacute; frente a ella cuando el tren empez&oacute; a moverse con pesadez, renqueando como un caballo viejo. La vi sacar de la mochila los pergaminos, su frasco de tinta y una de las plumas de gaviota que sol&iacute;a utilizar. Escribi&oacute; durante unos minutos, me mir&oacute; de soslayo y apunt&oacute; algo m&aacute;s. Al volver a guardarlo todo en la bolsa Awbonee se enroll&oacute; en su mu&ntilde;eca. Aquella peque&ntilde;a serpiente coral campaba a sus anchas alrededor de Vesta, y muchas veces sobre ella. Dumbledore le hab&iacute;a permitido qued&aacute;rsela siempre que no la llevara a las clases y s&oacute;lo mientras permaneciese oculta. Supongo que hab&iacute;a cumplido, porque seis a&ntilde;os despu&eacute;s el reptil todav&iacute;a me asustaba a menudo apareciendo entre sus libros sin previo aviso. </p>

<p>Me pregunt&eacute; si Dumbledore sabr&iacute;a algo de la Marca. Dej&eacute; de mirar el reflejo y me centr&eacute; en la Vesta real, que sigui&oacute; jugando con la serpiente pero alz&oacute; los ojos hacia m&iacute;. Sab&iacute;a lo que iba a preguntarle. </p>

<p>- &iquest;C&oacute;mo lograron que te la hiciera? - s&oacute;lo Voldemort pod&iacute;a grabar aquella Marca. Incluso el muggle m&aacute;s torpe pod&iacute;a dibujarla, pero s&oacute;lo el Se&ntilde;or Tenebroso era capaz de hacer de ella algo vivo, algo que quemaba y resplandec&iacute;a siguiendo su voluntad. </p>

<p>- Mi madre se lo pidi&oacute;. Como un favor... personal. - frunci&oacute; el ce&ntilde;o inc&oacute;moda. - Puedo recordarlo, &iquest;sabe? Hab&iacute;a poca gente. &Eacute;l me cogi&oacute;. Ten&iacute;a las manos fr&iacute;as. Luego empez&oacute; a dolerme el est&oacute;mago, quemaba, y ech&eacute; a llorar. A mi madre le avergonz&oacute;. </p>

<p>- No lo sabia. </p>

<p>- Casi llegu&eacute; a olvidarlo. No quer&iacute;a ser un bicho raro, o que creyeran que yo era como mis padres. </p>

<p>- &iquest;Dumbledore lo sabe? </p>

<p>- Se lo cont&eacute; en tercero, cuando empez&oacute; a dolerme. Pero s&oacute;lo me dio una palmada en la espalda y me dijo que tendr&iacute;a que acostumbrarme. Era como si ya lo supiera. </p>

<p>- Debiste dec&iacute;rmelo. </p>

<p>- Lo s&eacute;, y lo lamento profesor. No cre&iacute;a que tuviera nada que ver con usted hasta el otro d&iacute;a. </p>

<p>Alc&eacute; la mano y call&oacute; al instante. Dos semanas antes, Karkarov la hab&iacute;a encontrado sola en clase cuando me buscaba a m&iacute;. Un simple vistazo le bast&oacute; para reconocer a la hija de Medusa y abrir aquella boca de cobarde hist&eacute;rico. Vesta todav&iacute;a esper&oacute; unos d&iacute;as, supongo que atando cabos, antes de tocar el tema con su sutileza habitual. “El otro d&iacute;a estuve con el director de Durmstrang. Quer&iacute;a hablar con usted.” hab&iacute;a comentado distra&iacute;damente observando mi reacci&oacute;n. “Me pregunt&oacute; por mis padres. Tambi&eacute;n quiso saber qu&eacute; pensaba hacer usted, ahora que su Marca es de nuevo visible”. </p>

<p>Creo que sent&iacute; algo parecido al miedo. En manos de cualquier otro alumno, aquel descubrimiento hubiera sido una bomba de relojer&iacute;a y, aunque sab&iacute;a que Vesta no dir&iacute;a nada, se me har&iacute;a raro volver a pasar las tardes solo en la mazmorra. Despu&eacute;s de todo, hab&iacute;an sido seis a&ntilde;os compartiendo los silencios del subterr&aacute;neo. Que sus padres eran mort&iacute;fagos era algo del dominio p&uacute;blico por mucho que ella intent&oacute; ocultarlo; en Slytherin a menudo algo as&iacute; era un punto m&aacute;s en la escala de popularidad. Quiz&aacute; por eso Vesta renegaba de su familia. Era ir&oacute;nico, pues cualquier mago cercano a Voldemort pod&iacute;a reconocerla en segundos. Algunos ni&ntilde;os heredan de sus padres los ojos, la nariz, el &oacute;valo de la cara... Vesta ten&iacute;a el cabello de Medusa. Una cascada negra que la envolv&iacute;a como un manto vivo y en constante movimiento. Al principio ella lo odiaba. Cuando lleg&oacute; en primero, se lo cort&oacute; a la altura de la barbilla. A los tres d&iacute;as hab&iacute;a recuperado su extensi&oacute;n, con una fuerza renovada. En tercero pas&oacute; noches enteras estudiando y mezclando pociones debilitadoras y, aunque sac&oacute; una buena nota, no sirvi&oacute; de nada el que se vertiera cuidadosamente un frasco entero de una mixtura de su invenci&oacute;n en la cabeza. S&oacute;lo consigui&oacute; vetearlo de plata. Durante un mes fue como una peque&ntilde;a mofeta con t&uacute;nica, desliz&aacute;ndose avergonzada junto a las paredes. Le cost&oacute;, pero se dio por vencida y comenz&oacute; a llevarlo suelto sobre los hombros. Con el tiempo me dio la impresi&oacute;n de que pod&iacute;a controlarlo a voluntad, como su madre. Al sentirse furiosa, se echaba hacia atr&aacute;s revelando el ce&ntilde;o fruncido y los ojos centelleantes. La mayor parte de las veces s&oacute;lo flotaba cayendo sobre sus mejillas. Aunque Awbonee pod&iacute;a encontrarse en cualquier parte cerca suyo, prefer&iacute;a nadar camuflada entre los mechones con forma de culebra. </p>

<p>Ahog&oacute; un bostezo y mir&oacute; el vag&oacute;n. Eran cerca de las cinco de la madrugada. No llegar&iacute;amos a Londres hasta las diez. </p>

<p>- Ser&aacute; mejor que duermas un rato. - asinti&oacute; y sonri&oacute; con los ojos empeque&ntilde;ecidos, recost&aacute;ndose en los asientos. Hizo una bola con su capa para usarla como almohada y tras musitar algo que supongo que fueron las buenas noches, se qued&oacute; dormida. Awbonee se desliz&oacute; por su cintura, como si estuviera comprobando que todo iba bien por all&iacute;, y cuando se dirigi&oacute; hacia el cuello la camisa se movi&oacute;, dejando la Marca Oscura al descubierto. Me qued&eacute; dormido mirando la Marca, que me sonre&iacute;a desde la piel inmaculada. </p>

<p></p>

<h3>This city is not my own. This world is not my home. </h3>

<p></p>

<p>Estamos en Londres. En casa. Creo que esta fue mi casa una vez, aunque ahora s&oacute;lo la vea como un apartamento anodino en el tercer piso de un bloque de cemento. Era mi casa cuando viv&iacute;a con mis padres. Despu&eacute;s, durante unos a&ntilde;os m&aacute;s, cuando Johann Stoltz se hizo cargo de m&iacute;. Luego se debi&oacute; aburrir, era un brujo todav&iacute;a joven y hab&iacute;a quedado libre porque el Ministerio no pudo demostrar nada en su contra. As&iacute; que me intern&oacute; en un colegio muggle donde insisti&oacute; en inscribirme en todos los programas de veranos en el extranjero. Desde entonces, &iquest;cu&aacute;nto tiempo he pasado entre estas paredes? &iquest;Un mes, dos en total? B&aacute;sicamente desde que mis padres se fueron, esa ha sido mi vida. Viajes y dos colegios. La verdad es que he tenido una vida “normal”. Amigos muggle cuando era m&aacute;s peque&ntilde;a, profesores simp&aacute;ticos en los cuatro o cinco pa&iacute;ses que he conocido. Una vez incluso tuve un gato. Pero Awbonee lo mordi&oacute; y el gato se muri&oacute; pocos minutos despu&eacute;s. </p>

<p>Supongo que esta sigue siendo mi casa despu&eacute;s de todo, porque he notado algo en el est&oacute;mago cuando el ascensor nos dej&oacute; frente a la puerta. El profesor hab&iacute;a aceptado mi sugerencia de pasar la noche aqu&iacute; para descansar y decidir qu&eacute; hacer. La sensaci&oacute;n del est&oacute;mago era parecida al miedo cuando gir&eacute; la llave en la cerradura. Miedo por lo que pudiera haber dentro o algo que hubieran dejado aqu&iacute; mis padres. En mis recuerdos, el apartamento era normal, con pocos signos que revelaran la actividad m&aacute;gica. Tampoco sab&iacute;a si alguien m&aacute;s lo habr&iacute;a ocupado en mis ausencias. Miedo a que estuviera desordenada. El profesor odia el desorden. No pod&iacute;a hacer nada contra la intensa atm&oacute;sfera muggle que impregnaba el lugar, pero por favor, supliqu&eacute;, que no est&eacute; desordenada. </p>

<p>Todo est&aacute; impecable. Entramos en el recibidor, ol&iacute;a a cerrado y extend&iacute; la mano autom&aacute;ticamente a la derecha para conectar el aire acondicionado. A modo de ritual pas&eacute; las manos por el aparador de la entrada y dej&eacute; que entre tanto Awbonee se deslizara por mis piernas hasta el suelo. Me sent&iacute; de repente como una agente inmobiliaria que tuviera que vender el piso. No hab&iacute;a mucho que ver en el recibidor, m&aacute;s que una silla, la peque&ntilde;a mesa y unas fotograf&iacute;as de paisajes en blanco y negro. Atraves&eacute; el peque&ntilde;o vest&iacute;bulo oyendo los pasos lentos y el susurro de la capa del profesor tras de m&iacute;. “Aqu&iacute; est&aacute; el despacho” indiqu&eacute;. Los muebles de cedro presentaban un aspecto impecable, el escritorio estaba preparado y listo para ser usado, con la colecci&oacute;n de plumas de mi padre ordenada en tres frascos dependiendo de su tama&ntilde;o. “La cocina”, un cuarto cuadrado, ni grande ni peque&ntilde;o, con estanter&iacute;as y electrodom&eacute;sticos blancos. “El ba&ntilde;o” y su cortina de ducha con flores rojizas, el espejo con marco de madera, un lavabo de grifos plateados. “Mi cuarto”, tan impersonal que parec&iacute;a una celda mon&aacute;stica. La puerta de al lado daba al sal&oacute;n, sof&aacute;s de piel negra y libros, muchos libros. S&oacute;lo quedaba una puerta, justo frente a la sala. </p>

<p>- Este es... era, el cuarto de mis padres - inform&eacute;, pero dej&eacute; al profesor pasar delante de m&iacute;. Pod&iacute;a recordarme en aquel mismo lugar, observando como los magos del Ministerio rodeaban a mi padre, que miraba al suelo, y a mi madre, resplandeciente en su bata de seda, sonri&eacute;ndome. “Tus padres son malos, no puedes estar con ellos” hab&iacute;a susurrado alguien en mi o&iacute;do. S&iacute;, lo eran. Eran malos, porque tal vez de no ser por ellos, mi cuarto estar&iacute;a ahora lleno de vida, desordenado, con la maleta reci&eacute;n deshecha y algunos estandartes de Slytherin decorando las paredes. Podr&iacute;a invitar a mis amigos a visitarme... podr&iacute;a haber tenido m&aacute;s amigos, mejor dicho. Porque no pod&iacute;a ser amiga de aquellos que se acercaban a m&iacute; s&oacute;lo por ser hija de mort&iacute;fagos. Y aquellos cuya amistad me hubiera interesado, se apartaban por el mismo motivo. Mis padres hab&iacute;an sido malos. En todos los sentidos. Me di un fuerte manotazo en la frente. Lo hago siempre que quiero olvidar alg&uacute;n pensamiento, as&iacute; que el profesor, acostumbrado, se limit&oacute; a echar un vistazo a la habitaci&oacute;n. La expresi&oacute;n de su cara no dejaba lugar a dudas. </p>

<p>- Desde luego, parece una casa de muggles - viniendo de &eacute;l aquello era poco menos que un insulto. Asent&iacute;. Despu&eacute;s de todo, eran muggles los que se ocupaban de mantener la casa habitable. Ten&iacute;a unos administradores, contratados por mis padres cuando nac&iacute;, que se encargaban de todas esas cosas. Les veo una vez al a&ntilde;o y me dan un recital de cuentas y proyectos. &iquest;Habr&aacute; alg&uacute;n muggle capaz de darle vida a esta casa muerta? &iquest;Cu&aacute;nto costar&iacute;a contratarlo? El profesor ha insistido en quedarse en mi cuarto y dejarme a m&iacute; la habitaci&oacute;n grande. Todo sigue como si en cualquier momento mam&aacute; fuera a entrar por la puerta, yo la espero sentada sobre la cama, con Awbonee enrollada entre mis pies. Ella me sonr&iacute;e, comenta lo bueno que ha sido el d&iacute;a, me hace cosquillas sobre la Marca y se pone una de sus delicadas blusas para dormir. Me dice que mi padre a&uacute;n ten&iacute;a asuntos que resolver, se estira como un gato y yo le digo “Qu&eacute; guapa est&aacute;s, mam&aacute;”. R&iacute;e consciente de ello, se mete en la cama y nos dormimos abrazadas. </p>

<p>Sus blusas siguen pulcramente dobladas en el caj&oacute;n. A su lado, mi camis&oacute;n de algod&oacute;n parece un saco de patatas. He escogido una m&aacute;s larga que las dem&aacute;s, negra, con una rosa roja bordada en la espalda y me la he puesto, poco acostumbrada a tanta suavidad. Supongo que es una especie de despedida. En realidad, tal vez deber&iacute;a vender todo esto, y comprarme algo bonito. </p>

<p></p>

<h3>Adivina qui&eacute;n viene a cenar </h3>

<p><br />
<p>El silencio cay&oacute; como una losa sobre el... &iquest;c&oacute;mo lo hab&iacute;a llamado Vesta? “Apartamento”. S&iacute;, s&oacute;lo los muggles pod&iacute;an ser capaces de vivir en aquella especie de caja de zapatos, apilados unos sobre otros, sin jardines, s&oacute;tanos, ni siquiera un comedor decente. Era la tapadera perfecta, no concordaba en absoluto con los gustos exquisitos y bastante elitistas que Medusa y Bastian hab&iacute;an exhibido hasta que los enviaron a Azkab&aacute;n. Aunque tambi&eacute;n era verdad que deb&iacute;an pasar muy poco tiempo en casa. Hasta donde yo recordaba, lo &uacute;nico que hab&iacute;a trastornado la llegada de Vesta a sus vidas era que durante cuatro meses Medusa no hab&iacute;a podido lucir su cuidada figura debido al embarazo. Despu&eacute;s todo hab&iacute;a seguido como si nada. De hecho, pocos mort&iacute;fagos podr&iacute;an recordar que exist&iacute;a una ni&ntilde;a. </p></p>

<p>Examin&eacute; la habitaci&oacute;n en busca de algo, cualquier cosa que pudiera resultar medianamente m&aacute;gica. Los cajones del escritorio s&oacute;lo conten&iacute;an material de papeler&iacute;a muggle. Abr&iacute; el armario, pr&aacute;cticamente vac&iacute;o. En uno de los compartimentos hab&iacute;a tres t&uacute;nicas de Slytherin, y tres juegos de uniforme de distintos tama&ntilde;os. Cuando Vesta lleg&oacute; a Hogwarts era un bulto oscuro de once a&ntilde;os que apenas me llegaba por los hombros, y sin embargo mientras sub&iacute;amos en el ascensor de aquel “apartamento”, su flequillo me hab&iacute;a rozado la nariz. Parec&iacute;a imposible. Aunque claro, los a&ntilde;os pasan para todos. Aquella ropa doblada y casi nueva era ahora como el traje de una mu&ntilde;eca. Pero s&oacute;lo era ropa, no hab&iacute;a nada especial. Abr&iacute; los cajones del armario. Prendas muggles. En otro compartimiento encontr&eacute; un mont&oacute;n de pergaminos divididos en fajos. “Aritmancia 3&ordm;”, “Artes Oscuras 1&ordm;”, “Herbolog&iacute;a 5&ordm;”... rezaban las peque&ntilde;as etiquetas atadas a las cintas que los sujetaban. Los apuntes de Pociones eran los m&aacute;s numerosos, y desped&iacute;an un olor fuerte, una amalgama que no pude identificar. Seguramente se deber&iacute;a a la extra&ntilde;a habilidad que Vesta ten&iacute;a para derramar las cosas. Pas&eacute; las hojas con cuidado. Aqu&iacute; y all&aacute; ve&iacute;a tachones, apuntes en los m&aacute;rgenes con tinta roja, y mi propia letra, generalmente corrigiendo alguna barbaridad. No pude evitar sonre&iacute;r. Vesta ten&iacute;a mala cabeza para las proporciones, aunque no la costaba recordar los ingredientes y sus propiedades. Durante sus primeras semanas lo pas&oacute; bastante mal en mis clases, como casi todos los descerebrados que han pasado por mi asignatura desde que ense&ntilde;o en Hogwarts. Y, sin embargo, en esos a&ntilde;os ninguno se hab&iacute;a atrevido a pedirme ayuda. </p>

<p>Escuch&eacute; un golpe sordo en el sal&oacute;n. En aquel silencio denso, son&oacute; como una peque&ntilde;a explosi&oacute;n. </p>

<p>- &iquest;Vesta? - ninguna respuesta. Dej&eacute; los apuntes sobre la cama y me asom&eacute; al pasillo. Vesta estaba de nuevo dormida, tapada hasta la nariz con la colcha azul oscuro de la cama de matrimonio. De nuevo sent&iacute; que hab&iacute;a cometido un gran error tray&eacute;ndola conmigo. Me acerqu&eacute; al umbral. Todav&iacute;a no hac&iacute;a un d&iacute;a completo que abandonamos Hogwarts, hab&iacute;a anochecido un par de horas antes, y las huellas del cansancio le hab&iacute;an dejado los p&aacute;rpados hinchados. Ca&iacute; en la cuenta que no hab&iacute;amos comido nada desde la partida. Pod&iacute;a dejarla dormir un par de horas m&aacute;s, preparar algo de comer y despertarla de madrugada. Apagu&eacute; la luz del cuarto dej&aacute;ndola descansar a oscuras y me volv&iacute; hacia el sal&oacute;n, para buscar alg&uacute;n libro de conjuros que permitiera materializar un pavo asado. </p>

<p>- Severus, cu&aacute;nto tiempo - la voz sibilina e inconfundible de Lord Voldemort borr&oacute; de un plumazo todos mis proyectos culinarios. Un escalofr&iacute;o recorri&oacute; mi espina dorsal. </p>

<p>- S&iacute;... mucho tiempo - respond&iacute; est&uacute;pidamente. Me hizo un gesto indicando el sill&oacute;n frente a &eacute;l. Tenerle cara a cara no mejor&oacute; mucho mi estado de &aacute;nimo. Hab&iacute;a recuperado su forma humana, s&iacute;, pero parec&iacute;a reci&eacute;n salido de una tumba. Su palidez era enfermiza, en ocasiones casi parec&iacute;a que su piel era azul en lugar de blanca. Los ojos de reptil se hab&iacute;an agrandado y hundido en las cuencas, y respiraba con dificultad produciendo un sonido siseante. Sonri&oacute;, y aquello otorg&oacute; a su rostro un aspecto macabro y demente. </p>

<p>- Supongo que te acuerdas de Peter - susurr&oacute;. No me hab&iacute;a dado cuenta, o tal vez lo hab&iacute;a confundido con una pata del sill&oacute;n. Arrebujado en su capa, casi sentado en el suelo junto a su amo, Colagusano me miraba con aquella cara ovina de ojos lechosos que ten&iacute;a desde los once a&ntilde;os. Un rictus de perplejidad, asco y repentina comprensi&oacute;n hizo que me llevara las manos a la cara, para frotarme los ojos. Escuch&eacute; algo que deb&iacute;a ser un ensayo de carcajada, cuando Voldemort interpret&oacute; a la perfecci&oacute;n mi aturdimiento. - Pettigrew, vivo... y coleando. Parece mentira, &iquest;verdad? El h&eacute;roe para la opini&oacute;n p&uacute;blica, que muri&oacute; a manos del malvado Sirius Black. Quiz&aacute; &eacute;l no sirva para gran cosa, pero sin duda sus dotes para la actuaci&oacute;n merecen un reconocimiento por tu parte, Severus. Supongo que esto ha hecho tambalearse un tanto tus f&eacute;rreas convicciones. </p>

<p>Me agarr&eacute; al brazo del sill&oacute;n como si en ese momento estuviera cayendo desde la torre m&aacute;s alta de Hogwarts. Voldemort. Pettigrew. Iba a morir. Era cuesti&oacute;n de segundos o minutos. Y no sab&iacute;a qu&eacute; era lo peor. Si haber fracasado tan pronto, o que una de mis &uacute;ltimas certezas fuera que el maldito Sirius era inocente. </p>

<p>Un bostezo reson&oacute; a trav&eacute;s del pasillo, y Lord Voldemort levant&oacute; la cabeza con movimientos m&aacute;s propios de una cobra que de un ser humano. Vesta tambi&eacute;n iba a morir, en su propia casa, cuando deber&iacute;a estar en Hogwarts cenando a la mesa de Slytherin y preparando la maleta para irse a Par&iacute;s al d&iacute;a siguiente. Sent&iacute; el repentino impulso, totalmente irracional, de gritarla que desapareciese. Pero ya era demasiado tarde, porque mientras yo me reprend&iacute;a por mi irresponsabilidad, ella apareci&oacute; en el umbral. </p>

<p>S&eacute; que Voldemort pens&oacute; en esos momentos lo mismo que yo, y no me hizo falta mirar a su reconstruida cara de reptil, porque la duda flot&oacute; en el sal&oacute;n, palpable como las paredes. Recortada en el umbral a la luz del pasillo, como en una funci&oacute;n de sombras chinas, no pude distinguir en un principio qui&eacute;n era la chica que se apartaba el cabello a un lado con gesto coqueto, sacudiendo unas imaginarias motas de polvo de la escasa tela del camis&oacute;n. Un momento de vacilaci&oacute;n en su estudiada pose fue lo &uacute;nico que me aclar&oacute; las cosas. Vesta era quien hab&iacute;a entrado en la habitaci&oacute;n. Pero se hab&iacute;a tra&iacute;do el recuerdo de Medusa pegado a su piel. </p>
<p align="center">***</p>
<p>Por supuesto que me hab&iacute;an preparado para un encuentro con Lord Voldemort. Mis escasos cuatro a&ntilde;os de vida familiar giraron siempre en torno a &eacute;l, despu&eacute;s de todo. Tengo recuerdos n&iacute;tidos de mi existencia desde poco despu&eacute;s de cumplir un a&ntilde;o, aunque no podr&iacute;a decir si es debido a alguna clase de encantamiento o al hecho de tener una familia un tanto especial. El caso es que observ&eacute; con los ojos entrecerrados la sombra del profesor detenerse en la puerta de mi habitaci&oacute;n y luego entrar en el sal&oacute;n. Despu&eacute;s o&iacute; voces y fue como si algo se encendiera en la habitaci&oacute;n. Pens&eacute; al instante en la chimenea, y en si seguir&iacute;a conectada a la red flu. No s&eacute; c&oacute;mo explicarlo, pero algo me llamaba, algo que me levant&oacute; de la cama y me hizo verme como si por unos segundos saliera de mi cuerpo. Era yo quien caminaba, pero no mis gestos. Yo no caminaba as&iacute;, lentamente, poniendo un pie delante del otro como si bailara, ni me habr&iacute;a apoyado jam&aacute;s en el marco de la puerta con expresi&oacute;n indolente mientras me alisaba el pelo con los dedos. Ver a Voldemort y al profesor a&uacute;n m&aacute;s p&aacute;lido de lo normal y con aquellas caras de asombro fue lo que me devolvi&oacute; a la realidad. Recuper&eacute; mi torpeza, y al momento hice memoria de c&oacute;mo deb&iacute;a comportarme. </p>

<p>Avanc&eacute; hacia el Se&ntilde;or Tenebroso sin mirar al profesor, y me arrodill&eacute; ante &eacute;l. Sonri&oacute;, y me tendi&oacute; una mano larga y an&eacute;mica en la que apoy&eacute; la frente como se&ntilde;al de respeto. Al levantar los ojos me encontr&eacute; con la mirada curiosa de un hombre agachado al que no hab&iacute;a visto, de cara afilada y ratonil, que parec&iacute;a haber perdido algo en el borde de mi camisa. Instintivamente cruc&eacute; los brazos sobre mi pecho frunciendo el ce&ntilde;o. Voldemort me alz&oacute; sin dificultad y dej&oacute; escapar un gorjeo sutil. </p>

<p>- Una peque&ntilde;a Medusa... - susurr&oacute;, y sus ojos pasaron al profesor, todav&iacute;a sentado en el sill&oacute;n a mi espalda. - &iquest;No es casi tan adorable como ella? Y sin duda, tan feroz. - de nuevo clav&oacute; la mirada en m&iacute;. Tragu&eacute; saliva, porque parec&iacute;a que su mirada entraba desde mis p&aacute;rpados, viendo todos mis pensamientos, pero me limit&eacute; a inclinar la cabeza y no s&eacute; c&oacute;mo, sonre&iacute;r. Extendi&oacute; el dedo &iacute;ndice hacia mi cintura, levantando la tela negra, y roz&oacute; la Marca. Una sensibilidad agradable templ&oacute; mi est&oacute;mago, muy diferente a la quemaz&oacute;n aguda que me hab&iacute;a hecho retorcerme de dolor tantas noches durante el &uacute;ltimo curso. Respir&eacute; profunda y r&aacute;pidamente, y entonces mi sonrisa fue sincera. Voldemort asinti&oacute; para s&iacute; mismo. </p>

<p>- &iquest;Conf&iacute;as en &eacute;l? - bisbise&oacute;, y pens&eacute; que simplemente hab&iacute;a bajado el tono de voz. Sin embargo, cuando me volv&iacute; hacia el profesor &eacute;ste ten&iacute;a una expresi&oacute;n desconcertada, al igual que el hombre agachado a mis pies. Ca&iacute; en la cuenta de que Voldemort me hab&iacute;a hablado en p&aacute;rsel, y tragu&eacute; saliva. Mam&aacute; y pap&aacute; siempre hablaban en p&aacute;rsel cuando est&aacute;bamos en casa, pero hacia tanto de aquello... y aunque entiendo a Awbonee, apenas he hablado con ella frases m&aacute;s largas que “No, ah&iacute; no” o “Qu&eacute;date aqu&iacute;”. Con la garganta oprimida por el temor a quedar mal ante el Se&ntilde;or Tenebroso, llev&eacute; mi lengua hacia el velo del paladar, y me concentr&eacute; en los siseos propios de ese lenguaje. </p>

<p>- S&iacute; - respond&iacute;. Pero era obvio que Lord Voldemort no se conformar&iacute;a con un simple monos&iacute;labo. Entonces mi lengua pr&aacute;cticamente se desat&oacute;. - Conf&iacute;o en &eacute;l, le conozco, vos tambi&eacute;n pod&eacute;is confiar en &eacute;l, mi se&ntilde;or. </p>
<p>- Hace cuatro a&ntilde;os... intent&oacute; detener a Quirrell. Intent&oacute; detenerme a m&iacute;. Deber&iacute;a morir por ello. - murmur&oacute;. Aunque el profesor entendiera p&aacute;rsel, el tono de Voldemort era tan bajo que no habr&iacute;a distinguido gran cosa. Hice memoria. Cuatro a&ntilde;os. Yo empezaba tercero. </p>
<p>- No, os estaba protegiendo, se&ntilde;or. Yo lo s&eacute;, me lo cont&oacute;, sab&iacute;a que Quirrell era un aut&eacute;ntico in&uacute;til. - ment&iacute; a medias. El profesor s&oacute;lo me hab&iacute;a comentado de pasada que me mantuviera alejada de Quirrell siempre que pudiera. No result&oacute; dif&iacute;cil; aquel mago con turbante me resultaba desagradable, con su tonto tartamudeo y sus chillidos de ni&ntilde;a cada vez que alguien dejaba libre alg&uacute;n bicho en sus clases. Las apariencias enga&ntilde;an, fue una lecci&oacute;n que aprendimos bien ese curso. - Y que ser&iacute;a enormemente peligroso para vos, en aquel estado, quedar en manos de alguien tan necio. Sobre todo cuando el ni&ntilde;o estaba tan vigilado. - Voldemort hizo chirriar sus dientes afilados cuando mencion&eacute; de pasada a Potter, y su mano esquel&eacute;tica se contrajo hasta parecer la garra de un ave rapaz. Sopes&oacute; mi coartada escudri&ntilde;ando al profesor. </p>

<p>- &iquest;Respondes por &eacute;l? - pregunt&oacute; al fin. Mir&eacute; al profesor, que hab&iacute;a recuperado su expresi&oacute;n inmutable, y esperaba en un silencio casi respetuoso. &Eacute;l sab&iacute;a qu&eacute; hacer, siempre lo sab&iacute;a. Aunque mentir a Voldemort era algo muy distinto a inventar predicciones para la se&ntilde;orita Trelawney. &iquest;Y si se daba cuenta en aquel mismo instante, y nos mataba a los dos? Pero sin el profesor, me quedar&iacute;a sola. Con los mort&iacute;fagos. Sola y mort&iacute;faga. Estaba claro, &iquest;no? </p>

<p>- Respondo por &eacute;l. <em>Dicto atque vita </em> - a&ntilde;ad&iacute;. Ya estaba hecho. <em>Dicto atque vita </em>, la promesa m&aacute;s solemne entre mort&iacute;fagos... “Nunca la pronuncies, mi ni&ntilde;a, porque nadie est&aacute; libre de sospecha. Conf&iacute;a s&oacute;lo en m&iacute;, y en nadie m&aacute;s, porque yo nunca te traicionar&eacute;”, me hab&iacute;a dicho mi madre cepill&aacute;ndome el pelo una noche. “S&iacute;, mam&aacute;”. Y luego, hab&iacute;a dejado que se la llevaran. Traici&oacute;n por traici&oacute;n, mam&aacute;. </p>

<p>Ahora s&oacute;lo conf&iacute;o en ti... </p>
<p align="center">***</p>
<p>Despert&eacute; con un previsible dolor de cabeza, y la sensaci&oacute;n de que mi cerebro se hallaba en alg&uacute;n lugar muy lejano. No recordaba nada. Vesta hab&iacute;a entrado en la habitaci&oacute;n y hab&iacute;a hablado con Voldemort, s&iacute;, pero &iquest;luego qu&eacute;? Cuando abr&iacute; los ojos y me acostumbr&eacute; a la luminosidad, reconoc&iacute; la habitaci&oacute;n de Medusa y Bastian, ba&ntilde;ada en la luz que entraba a raudales por una &uacute;nica ventana. Sintiendo c&oacute;mo el dolor se trasladaba desde mis parietales a la parte trasera de los ojos, me incorpor&eacute; llev&aacute;ndome las manos a la cabeza. Awbonee cay&oacute; sobre la colcha desde mi brazo y me hizo saltar al suelo. Tras un par de siseos que casi me sonaron a burla, la tom&eacute; de la parte media de la cabeza y la met&iacute; en el caj&oacute;n de la mesita. </p>

<p>De pie en la habitaci&oacute;n intent&eacute; sopesar la situaci&oacute;n fr&iacute;amente. El primer problema... Voldemort hab&iacute;a estado cerca. Demasiado. “&iquest;D&oacute;nde estaba Vesta?” era otra pregunta que interrump&iacute;a mis teor&iacute;as. Para empezar, necesitaba una lechuza. Tambi&eacute;n, saber de qu&eacute; hab&iacute;an estado hablando. Y ella no estaba en su cuarto, ni en la cocina ni en el sal&oacute;n. Cuando iba hacia el despacho de Bastian, escuch&eacute; ruidos al otro lado de la puerta de la calle. Pasos, golpes contra la madera... Me puse en guardia inconscientemente. </p>

<p>- Oh... mierda... las llaves... - la voz de Vesta son&oacute; decepcionada al otro lado. Escuch&eacute; mas pasos a lo largo del descansillo y luego el silencio. Nada m&aacute;s durante unos minutos, como si se hubiera evaporado, ning&uacute;n movimiento al otro lado de la delgada madera oscura. Abr&iacute; la puerta. </p>

<p>- &iquest;Qu&eacute; haces esperando ah&iacute;? - pregunt&eacute;. Levant&oacute; la cabeza sobresaltada, sentada en el descansillo y rodeada de bolsas de pl&aacute;stico. - Creo que tienes bastantes cosas que explicarme. Empezando por el hecho de que no recuerdo absolutamente nada de la visita de... de anoche. </p>

<p>Asinti&oacute; poni&eacute;ndose en pie y llevando las bolsas a la cocina. </p>

<p>- No quer&iacute;a despertarle. Recordaba que hab&iacute;a una tienda peque&ntilde;a por aqu&iacute; cerca, as&iacute; que fui a comprar algo para desayunar... - coloc&oacute; sobre la peque&ntilde;a encimera de la cocina un mont&oacute;n de paquetes; jam&oacute;n dulce, varias botellas de zumos diferentes, bacon, mermelada... y un enorme pastel de chocolate. Ocurr&iacute;a algo grave. Todav&iacute;a <em>m&aacute;s </em> grave. Vesta s&oacute;lo tomaba golosinas en &eacute;poca de ex&aacute;menes, cuando estudiaba durante toda la noche. Se pon&iacute;a tan nerviosa que casi era peligroso dejarla coger su varita. - Pero se me olvidaron las llaves. </p>

<p>- Luego solucionar&eacute; eso, pero ahora preferir&iacute;a que me contases qu&eacute; sucedi&oacute; despu&eacute;s de que Voldemort me durmiera. Lo &uacute;ltimo que recuerdo es que entraste en la habitaci&oacute;n. Puedo imaginarme que de alguna manera le convenciste de que no me matara. Espero que no hayas pronunciado... </p>

<p>No pude terminar la frase. Su mano derecha se dispar&oacute; sobre la encimera, lo bastante fuerte como para lanzar al suelo la taza que acababa de llenar de agua. As&iacute; que era eso exactamente lo que hab&iacute;a hecho, lo que la preocupaba. Me pas&eacute; las manos por la cara. Reprenderla no iba a solucionar nada, no romper&iacute;a la validez de aquel pacto. Y sin embargo hab&iacute;a sido tan est&uacute;pido... demasiado est&uacute;pido para Vesta. Era m&aacute;s digno de alguien como Neville Longbottom. </p>

<p>- <em>Reparo </em> - murmur&eacute;, y los pedazos de loza volvieron a unirse, escapando de entre sus dedos cuando se agach&oacute; al suelo para recogerlo. - No s&eacute; si entiendes todo lo que conlleva ahora el Dicto. </p>

<p>- Pero iban a matarle - murmur&oacute; a&uacute;n acuclillada en el suelo, con la vista fija en las baldosas. </p>

<p>- &iquest;Deber&iacute;a darte las gracias por hacer que ahora puedan matarnos a los dos? Siempre hay m&aacute;s soluciones. Sin embargo ahora, si desconf&iacute;an de m&iacute;, si consiguen probar remotamente cualquier hecho que me vincule sinceramente con cualquier elemento al que est&eacute;n enfrentados, t&uacute; ser&aacute;s la responsable. </p>

<p>Asinti&oacute; levant&aacute;ndose. </p>

<p>- Pero yo estoy de su lado, profesor. En realidad en ese caso yo soy tan traidora ante ellos como usted. </p>

<p>Iba a odiarme por lo que ten&iacute;a que decirle. </p>

<p>- Yo no soy hijo de Medusa. T&uacute; eres de los suyos, lo quieras o no lo has sido siempre. Voldemort no escucha a cualquiera, ni acepta juramentos a la ligera. Pero incluso siendo hija de Medusa, si yo soy descubierto no tendr&aacute;n m&aacute;s remedio que matarte. Por eso lo que hiciste fue est&uacute;pido. Loable pero est&uacute;pido. &iquest;Por qu&eacute; van a morir dos cuando s&oacute;lo desconf&iacute;an de uno? </p>

<p>En silencio me tendi&oacute; una taza humeante de caf&eacute;, y se sirvi&oacute; algunos cereales muggles de aspecto artificial en un cuenco. Ten&iacute;a ojeras, m&aacute;s de lo normal, el usual semic&iacute;rculo l&iacute;vido era casi c&aacute;rdeno a la luz gris del patio. Incluso en su &eacute;poca de esplendor, Voldemort provocaba impresi&oacute;n en la gente, con sus ojos g&eacute;lidos y sus maneras sigilosas. Vesta era todav&iacute;a una estudiante, y hab&iacute;a pasado una noche ante &eacute;l, ante su forma revivida, aquella especie de espantap&aacute;jaros que yo s&oacute;lo pod&iacute;a recordar difusamente. Quiz&aacute; no hab&iacute;a sido est&uacute;pida. El miedo a veces nos hace parecerlo. </p>

<p>- Afortunadamente para ti, no entra en mis planes inmediatos dejar que nos descubran. Ahora, si no te importa, necesito saber qu&eacute; sucedi&oacute;. </p>
<p align="center">***</p>
<p>Incluso tras pronunciar el juramento, no fue f&aacute;cil convencer a Voldemort de que el profesor estaba de su parte. “Hay demasiados desplantes, demasiadas faltas de fe, mi peque&ntilde;a medusa” susurraba cada cierto tiempo. No, no fue f&aacute;cil porque nunca se me dio demasiado bien mentir. Y, conforme le repet&iacute;a hasta casi convencerme yo misma, que cada paso dado por el profesor hab&iacute;a sido por el bien de la Orden Tenebrosa (“Se&ntilde;or, de otra manera &iquest;cre&eacute;is que habr&iacute;a venido conmigo, aqu&iacute;?”), la entrevista fue volvi&eacute;ndose algo parecido a una conversaci&oacute;n. </p>

<p>Habl&eacute; con el Se&ntilde;or Oscuro, mientras el profesor parec&iacute;a inconsciente y el vasallo se frotaba las manos nervioso. Me dijo que mis padres estar&iacute;an fuera de Azkab&aacute;n muy pronto, todos los a&ntilde;os de separaci&oacute;n ser&iacute;an recompensados. Al hablar de mi madre, sus ojos fr&iacute;os se iluminaban con un temblor granate. Como si &eacute;l pudiera tener aprecio a algo. Con largas pausas para coger aire me repiti&oacute; una y otra vez que yo me parec&iacute;a tanto a ella, que era como una hija de la Orden Tenebrosa. </p>

<p>Jam&aacute;s he querido serlo. Asent&iacute;a y le daba la raz&oacute;n, en parte porque sab&iacute;a que deb&iacute;a hacerlo, Pero tambi&eacute;n porque sus dotes de orador me han enga&ntilde;ado durante unas horas esta noche. Ahora es de d&iacute;a, y no quiero ser hija de la Orden Tenebrosa. Ni de Medusa. He vivido diecisiete a&ntilde;os condicionada por una simple relaci&oacute;n de parentesco, como si yo no fuera otra cosa que una prolongaci&oacute;n de mi madre. Antes de ir a Hogwarts, con los magos que cuidaban de mi por temporadas. Y, en Hogwarts, con sus hijos. No lo llevo tatuado en la frente, pero casi, pegado a la cabeza, y en el vientre. “Y hay algo en tu actitud” dec&iacute;a Aries, queriendo halagarme. A&uacute;n no he descubierto el qu&eacute;. </p>

<p>Mi madre era perfecta, todos la recuerdan as&iacute;, incluida yo. Tan perfecta que no fue capaz de mentir cuando la preguntaron si era seguidora de Lord Voldemort, si hab&iacute;a utilizado las maldiciones imperdonables en su nombre. Prefiri&oacute; Azkab&aacute;n antes que traicionar sus ideales y quedarse con su hija. Un acto de valor, merecedor de recompensa ahora que el Se&ntilde;or Tenebroso ha retornado. Yo s&oacute;lo era la opci&oacute;n B. </p>

<p>Voldemort est&aacute; a&uacute;n d&eacute;bil, hubiera querido saber c&oacute;mo ha recuperado su forma “humana”, pero no me atrev&iacute; a preguntar. Imagino que tiene algo que ver con el barullo que ha montado Potter en el torneo de los Tres Magos, para variar. Al cabo de un rato, le hizo una se&ntilde;a al otro hombre, al que se refiri&oacute; como Colagusano, que se rasc&oacute; distra&iacute;damente el cabello ralo y se aproxim&oacute; a m&iacute;. </p>

<p>- Tranquila, no pienso morderte - grazn&oacute; con una voz desafinada que intentaba ser alegre cuando me ech&eacute; de forma inconsciente hacia atr&aacute;s. No es simplemente que aquel hombrecillo me resultase desagradable. Se ayud&oacute; del brazo <strong></strong>izquierdo para sentarse en el sof&aacute;; el derecho era como un guante plateado, refulgente, pero lo manejaba con cierta torpeza. El cuero produjo un chirrido cuando acomod&oacute; su cuerpo esmirriado. Esper&eacute; a que siguiera hablando, aunque en realidad sent&iacute;a deseos de levantarme y alejarme de &eacute;l lo m&aacute;s posible. Casi me resultaba m&aacute;s agradable hablar con Voldemort. - &iquest;C&oacute;mo te ha ido el curso, Vesta? </p>

<p>Me qued&eacute; sin palabras. &iquest;Qu&eacute; pregunta era aquella? Me vino a la memoria la t&iacute;pica escena de vida muggle, la visita a casa de la abuelita y las conversaciones gastadas con las amigas de la abuelita mientras tomaban el t&eacute;. A Colagusano s&oacute;lo le faltaba el vestido de flores. No pude evitar sonre&iacute;r. </p>

<p>- &iquest;De qu&eacute; te r&iacute;es? - pregunt&oacute; inc&oacute;modo. Voldemort tambi&eacute;n sonre&iacute;a, y tuve miedo de que pudiera leerme la mente. Su expresi&oacute;n era ahora de curiosidad, arrebujado en el confortable sill&oacute;n. Las llamas de la chimenea hac&iacute;an que la madera a su alrededor bailara entre sombras y reflejos dorados, y le quitaban algo de espectral a su palidez. De repente la idea de tomar el t&eacute; con los abuelos cobr&oacute; un significado siniestro. Porque, si yo era hija de la Marca Tenebrosa, &eacute;l era de alg&uacute;n modo mi abuelo... </p>

<p>- Bien - respond&iacute;. “Decepcionantes”. Aquel curso no hab&iacute;a podido concentrarme. Un desastre. A&uacute;n as&iacute;, hubo felicitaciones de compa&ntilde;eros, de padres de compa&ntilde;eros, pero me sent&iacute;a totalmente in&uacute;til. Y los ex&aacute;menes, el sentimiento de inseguridad. Poca gente pudo mantener sus notas. Luego hab&iacute;a estado la Marca... me quemaba en los momentos m&aacute;s extra&ntilde;os, y despu&eacute;s de que aquel ardor desapareciese, pasaba varios d&iacute;as preocupada. A veces ten&iacute;a pesadillas en que la Marca comenzaba a brillar, pero no de forma apagada y granate, sino como esos collares fluorescentes que venden en las fiestas muggles. Brillaba y brillaba, en medio de la cena en el Gran Comedor, y yo me sent&iacute;a como un &aacute;rbol de Navidad, mientras el profesor Moody se acercaba cojeando a m&iacute;, blandiendo su varita, preparado para atacarme... </p>

<p>- Eso... eso es bueno, necesitamos chicas inteligentes - dijo Colagusano. &iquest;Pretend&iacute;a que me sintiera mejor? Me volv&iacute; a Voldemort de manera autom&aacute;tica; de alg&uacute;n modo present&iacute;a que &eacute;l... comprend&iacute;a. Que sab&iacute;a lo furiosa que estaba conmigo misma. Se llev&oacute; uno de aquellos dedos esquel&eacute;ticos al ment&oacute;n y asinti&oacute; para s&iacute; mismo. &iquest;C&oacute;mo alguien como Voldemort, tan astuto, taimado... pod&iacute;a confiar en aquel hombrecillo que tartamudeaba tratando de transmitir correctamente los deseos de su amo? Y todo para terminar diciendo nada. </p>

<p>Porque esas son las instrucciones: esperar. Sencillas, incluso alguien reci&eacute;n llegada como yo a su c&iacute;rculo sabr&iacute;a cumplirlas, &iquest;no? El clima de agitaci&oacute;n que va a crear su regreso ser&aacute; una estupenda cortina de humo para reconfigurar su organizaci&oacute;n log&iacute;stica. Esperar a que lleguen instrucciones, y luego seguirlas. Form&aacute;bamos un equipo interesante seg&uacute;n Lord Voldemort. Los mort&iacute;fagos no desconfiar&aacute;n del profesor si acompa&ntilde;a a la hija de Medusa, y los magos buenos apenas reparar&aacute;n en m&iacute;, acompa&ntilde;ada por un profesor de Hogwarts. </p>

<p>A &eacute;l no le ha sorprendido demasiado que nos dejen esperando aqu&iacute;, por lo visto es lo normal. “Ya funcionaba as&iacute; antes. Voldemort marca las direcciones, como el due&ntilde;o de un teatro de t&iacute;teres. Los dem&aacute;s son quienes lo organizan todo, preparan los ataques, coordinan, planean... &Eacute;l s&oacute;lo se&ntilde;ala los objetivos.” ha sido su explicaci&oacute;n cuando he terminado de contarle al detalle cada instante de la noche, con el caf&eacute; ya fr&iacute;o sobre la mesa. S&eacute; que quer&iacute;a dejarme ma&ntilde;ana en el aeropuerto, con mi excursi&oacute;n muggle, pero ahora ya no puede. Est&aacute; obligado a llevarme con &eacute;l. El propio Voldemort lo ha decidido as&iacute;... Voldemort, una palabra que no se puede pronunciar en el mundo de Hogwarts, y al que ahora me tengo que referir casi como un miembro de la familia. </p>

<p>1973 </p>

<p>No le gustaba demasiado aquel lugar. Era tan medieval, tan cl&aacute;sico... no pod&iacute;a escuchar m&uacute;sica. No hab&iacute;a d&oacute;nde enchufar el tocadiscos, ni siquiera iban las pilas de la radio port&aacute;til. Ning&uacute;n sonido que no fueran los susurros de los pasadizos y el ocasional maullido de un fantasma violinista. Definitivamente, Hogwarts era muy aburrido. Hab&iacute;a esperado grandes cosas de aquel viaje. Visitar Londres. Conocer a los Rolling Stones. Y sin embargo all&iacute; estaba, una noche templada de comienzos de Mayo, sin m&aacute;s cosas que hacer que despertar a pedradas al calamar gigante del lago. Pero las piedras rebotaban sobre el agua oscura como si fuera una cama el&aacute;stica. Sinti&oacute; deseos de lanzarse y rebotar ella tambi&eacute;n hasta un lugar lejano. Alguno en que pudieran salir al anochecer. No hac&iacute;a m&aacute;s de dos d&iacute;as que hab&iacute;a llegado, y ya odiaba aquel castillo de mil torreones, todos igual de fr&iacute;os. </p>

<p>“Incluso los monstruos se aburren hoy” murmur&oacute; mes&aacute;ndose los cabellos mientras se dejaba caer por un peque&ntilde;o terrapl&eacute;n. Se sent&oacute; en la hierba, apoyando la espalda sobre la tierra en desnivel, e hizo un par de globos con el chicle. Pod&iacute;a ver las murallas desde all&iacute;, y acarici&oacute; la idea de llegar a Hogsmeade y marcharse. Que la buscara todo el mundo, ya estar&iacute;a lejos. Tras unas vacaciones como Dios manda, volver&iacute;a a casa y all&iacute; no habr&iacute;a pasado nada. Despu&eacute;s de todo, s&oacute;lo estaba all&iacute; porque la incre&iacute;blemente est&uacute;pida Ver&oacute;nica Bianchi hab&iacute;a ca&iacute;do de una forma tambi&eacute;n incre&iacute;blemente est&uacute;pida durante un entrenamiento de quidditch. Hab&iacute;a que llevar a diez alumnas a Hogwarts. Ella estaba justo despu&eacute;s de Ver&oacute;nica en las puntuaciones. Siempre se hab&iacute;a enorgullecido de su buena estrella, pero cuando lleg&oacute; a Hogwarts y ech&oacute; un vistazo a sus paredes de piedra y al p&aacute;ramo ingl&eacute;s, sospech&oacute; que Fortuna ya no le era tan favorable. </p>

<p>Tom&oacute; un rizo de pelo negro entre sus dientes y adopt&oacute; una expresi&oacute;n contemplativa. Despu&eacute;s se puso en guardia. En el silencio animado de la pradera hab&iacute;a algo m&aacute;s. Oy&oacute; pasos r&aacute;pidos a su espalda. Un gorjeo apagado. Luego, unas voces sobre su cabeza. “&iexcl;No! &iexcl;Por ah&iacute; no!”. Gate&oacute; por el desnivel. “&iexcl;Cuidado! &iexcl;La bajada!”. </p>

<p>- &iexcl;AUCH! - exclam&oacute; al levantarse y chocar contra algo que la derrib&oacute; de nuevo. Se sinti&oacute; rodar mientras ese algo se retorc&iacute;a sobre ella. Tras unos manotazos al aire vio aparecer dos sombras entremezcladas, vestidas con los uniformes del colegio. </p>

<p>- Oh... oh... - las tres se miraron confusas mientras trataban de desenredar sus piernas y t&uacute;nicas. Se quedaron sentadas en la hierba, las dos chicas pelirrojas con el uniforme de Hogwarts, y la de pelo negro, la extranjera, estudi&aacute;ndose mutuamente. - &iquest;Te has hecho da&ntilde;o? - pregunt&oacute; finalmente la pelirroja m&aacute;s alta, sacudiendo la hierba de su t&uacute;nica y tendi&eacute;ndole la mano para ayudarla a levantarse. </p>

<p>- S&oacute;lo ha sido un golpe. - respondi&oacute;. Sus ojos grises siguieron los movimientos de la chica m&aacute;s baja, que agachada pasaba las manos por el c&eacute;sped, buscando algo. - &iquest;Eso era una capa invisible? Me llamo Medusa. </p>

<p>- Lo s&eacute;. Os sent&aacute;is a nuestra mesa en el comedor. Soy Layla. Y el gnomo es Lily - Layla sonri&oacute; mientras Lily la dedicaba una mueca burlona. Tom&oacute; la capa con la mano derecha y al levantarla la mitad de su cuerpo pareci&oacute; desvanecerse en el aire. Medusa se acerc&oacute; fascinada. Nunca hab&iacute;a visto una capa de invisibilidad m&aacute;s que en los libros. </p>

<p>- No se lo digas a nadie, &iquest;eh? - susurr&oacute; Lily llev&aacute;ndose el dedo &iacute;ndice a los labios. Cuando Layla se coloc&oacute; a su lado, Medusa sali&oacute; de su error inicial. Hab&iacute;a pensado que las dos chicas eran hermanas, pero s&oacute;lo fue una impresi&oacute;n pasajera. Lily re&iacute;a sin parar, y sus ojos brillaban movi&eacute;ndose de un lado a otro, algo m&aacute;s separados de lo normal. Ten&iacute;a la nariz cubierta de pecas. Medusa record&oacute; una ilustraci&oacute;n de su libro de Mitolog&iacute;a Avanzada, en la que aparec&iacute;an Titania y Puck seg&uacute;n un pintor muggle. “Si Puck fuera mujer, se parecer&iacute;a a la tal Lily” pens&oacute; inconscientemente. “Y si Titania fuera pelirroja, ser&iacute;a Layla”. </p>

<p>- Potter nos matar&aacute;. - dijo Layla, y no supo si hablaba en broma o en serio. </p>

<p>- No si t&uacute; le amenazas con no volver a dejarle copiar tus apuntes de Herbolog&iacute;a. Adem&aacute;s, no tiene por qu&eacute; enterarse. - y entonces las dos estallaron en carcajadas. Medusa decidi&oacute; que le ca&iacute;an bien. Y, adem&aacute;s, hab&iacute;an salido del colegio sin permiso cubiertas por una capa invisible. Aquello era a&uacute;n mejor. </p>

<p>- &iquest;A d&oacute;nde ibais? </p>

<p>Lily se revolvi&oacute; el cabello, del que se desprendieron algunas briznas de hierba. Parec&iacute;a dispuesta a responder, cuando entorn&oacute; los ojos fij&aacute;ndose en alg&uacute;n lugar a la espalda de Medusa. </p>

<p>- Oh no, &iexcl;Apollyon! - susurr&oacute;, y como si de la misma persona se tratase, Layla y ella rodearon a Medusa y se cubrieron las tres con la capa. </p>

<p>&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&lt; &nbsp; </p>

<p><br />
<p>El callej&oacute;n Diagon podr&iacute;a ser uno de mis lugares favoritos del mundo m&aacute;gico, si no estuviera siempre atestado de gente. Posiblemente es s&oacute;lo una cuesti&oacute;n de l&oacute;gica: nunca puedo visitarlo m&aacute;s que en vacaciones, exactamente cuando tambi&eacute;n pueden visitarlo todos los magos de once a dieciocho a&ntilde;os. De todos modos no puedo imagin&aacute;rmelo vac&iacute;o, ni siquiera a mediados de trimestre. La gente que va y viene, y recorre Londres como si el callej&oacute;n les atrajera irremisiblemente, parece ser propia de all&iacute;. Es el tipo de lugar donde no puedes imaginar que simplemente viva alguien que no sea tendero, dependiente... No s&eacute;, puede resultar triste. Como si no tuvieran vida fuera de ese laberinto de calles m&aacute;gicas que a los de fuera nos resulta tan fascinante. </p></p>

<p>Nunca hab&iacute;a llegado al callej&oacute;n Diagon en metro. Johann me llev&oacute; all&iacute; a trav&eacute;s de la chimenea nada m&aacute;s recibir la carta de Hogwarts, para comprar un par de chucher&iacute;as. Los libros siempre estaban ya en casa, empaquetados, resplandecientes en sus cubiertas de cuero y piel, oliendo a pergamino, cada vez que llegaba de un nuevo viaje. Dejaba las maletas y cog&iacute;a los ba&uacute;les con mis iniciales, sabiendo que todo lo que necesitara para el curso estaba ya all&iacute; dentro. Incluso la varita, cipr&eacute;s, 26 cent&iacute;metros, cola de f&eacute;nix... ni siquiera es de Ollivanders. Es italiana, mi madre la trajo para m&iacute; con su ojo cl&iacute;nico, result&oacute; ser perfecta para Encantamientos. El profesor Flitwick la adora. Tambi&eacute;n he acompa&ntilde;ado a menudo a Bella, a Roshiel, a tomar helados o cumplir caprichos en vacaciones. En Navidades el callej&oacute;n pierde la mitad de su encanto por culpa de la nieve, sucia, pisoteada, y los empujones para llegar a tiempo a la &uacute;ltima escoba de oferta, edici&oacute;n especial para regalo. El curso termin&oacute; esta ma&ntilde;ana. A la vez que el profesor y yo tom&aacute;bamos el metro en la boca de debajo de mi casa, por la tarde, el expreso de Hogwarts deb&iacute;a estar a&uacute;n entrando en King's Cross. Hac&iacute;a cuentas mentalmente apoyada en una barra mellada. </p>

<p>- Mam&aacute;, mam&aacute;, mira, &iquest;va disfrazado? - pregunt&oacute; una ni&ntilde;a muggle de unos tres o cuatro a&ntilde;os se&ntilde;al&aacute;ndonos con poco disimulo. Pero da igual. Las ciudades grandes con tanta gente estramb&oacute;tica recluida en un espacio tan peque&ntilde;o son especiales. Se puede ir disfrazado de cualquier cosa, o no disfrazado, simplemente vestido al estilo m&aacute;gico. Nadie, excepto los ni&ntilde;os peque&ntilde;os y aquellos que sospechan que no es un simple disfraz, se fijar&aacute; en ti. Lo s&eacute;, lo he probado. La madre de la ni&ntilde;a ni siquiera la mir&oacute;, ni a nosotros, sentada leyendo una revista con una expresi&oacute;n hastiada en su rostro demasiado pintado. Se la ve&iacute;a casi tan exasperada como al Profesor Snape, que no hab&iacute;a dicho una sola palabra desde que hab&iacute;amos entrado al vag&oacute;n, y se limitaba a mirar las luces de los t&uacute;neles por la ventana. </p>

<p>La muggle peque&ntilde;a deb&iacute;a viajar a menudo en metro, porque dominaba el truco de mirar a la gente a trav&eacute;s del reflejo de las ventanas. Es curioso que nadie te mire a la cara en el metro, pero en cambio escudri&ntilde;en cada detalle a trav&eacute;s de un cristal reflectante. Sostuve su mirada, algo aburrida, mientras mov&iacute;a sus ojos claros por mi falda del colegio. De todos modos a la ni&ntilde;a rubia no debi&oacute; parecerle demasiado exc&eacute;ntrico mi modo de vestir, porque enseguida se centr&oacute; en el Profesor. </p>

<p>Supongo que podr&iacute;a haberla advertido, con cualquier gesto, de que al profesor no le gusta que se le queden mirando ni&ntilde;as chillonas de cuatro a&ntilde;os en metros muggles con las paredes pintarrajeadas, pero no lo hice. Igual fue curiosidad por ver c&oacute;mo reaccionaban ambos. </p>

<p><blockquote><em>Tras bajarse en una estación de metro no muy transitada Snape y Vesta llegan frente a un cartel de cine, en el que una de las fotografías les toma el pelo un rato antes de dejarles pasar.</em></blockquote>
 </p>

<p></p>

<p></p>

<p></p>

<p></p>

<p><br />
<p>Aquel molesto poltergeist me lanz&oacute; al callej&oacute;n, y di dos traspi&eacute;s antes de lograr equilibrarme. All&iacute; todo segu&iacute;a igual, como si el ritmo fren&eacute;tico del resto del mundo, m&aacute;gico y muggle, no afectara a las peque&ntilde;as tiendas polvorientas. Igual de abarrotado, igual de ruidoso, pero imperturbable... Me gir&eacute; justo cuando el profesor saltaba desde el cuadro del metro muggle que abr&iacute;a aquel lado del portal. Se sacudi&oacute; el extremo inferior de la capa, manchado de holl&iacute;n, mirando a su alrededor como si llevara siglos sin pisar aquel lugar. Luego ech&oacute; a andar entre la multitud y le segu&iacute; con cierta dificultad, hasta que se detuvo en una encrucijada. </p></p>

<p>- Debo ir a Gringotts. No te muevas de aqu&iacute; - orden&oacute;, y volvi&oacute; a desaparecer por la atestada calle principal. El edificio marm&oacute;reo de Gringotts pod&iacute;a verse desde la esquina de la terraza donde me hab&iacute;a dejado, y parec&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s blanco entre todas las casitas de madera oscura y vieja. Me sent&eacute; en una de las sillas azules y al momento una bruja poco mayor que yo se acerc&oacute; a preguntarme qu&eacute; quer&iacute;a, toda amabilidad y sonrisas. Comprob&eacute; que ten&iacute;a un par de sickles en el bolsillo y ped&iacute; un enorme caf&eacute;. </p>

<p>La gente iba y ven&iacute;a con tran]]>
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    <title>00 - Introducción</title>
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    <published>2008-04-06T19:47:35Z</published>
    <updated>2008-07-03T22:27:22Z</updated>

    <summary>Personaje original, post-Cáliz de Fuego, PG13. Escrito en el 2002, INCOMPLETO....</summary>
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        <![CDATA[<p>Personaje original, post-Cáliz de Fuego, PG13. Escrito en el 2002, INCOMPLETO.</p>]]>
        <![CDATA[<p><b>Calificación</b>: PG13<br />
<b>Advertencias</b>: Mary Sue, femslash, muerte de personaje, tamaño novela, incompleto.<br />
<b>Notas</b>: Situado en el verano posterior al Cáliz de Fuego<br />
<b>Comentarios</b>: Empecé este fic en el 2002 y durante dos años practicamente no escribí otra cosa. Supongo que por eso me he decidido a postearlo; es una parte demasiado importante como para dejarlo permanentemente fuera de mi página de relatos. Un par de comentarios más:</p>

<p>- Llegué hasta las 168 páginas en word, divididas en cinco partes.</p>

<p>- Está no sólo incompleto sino a parches. No lo escribí correlativamente.</p>

<p>- He añadido explicaciones sobre los trozos que faltan ahí donde faltan. En algunos casos incluyen notas sobre diálogos de esos trozos.</p>

<p>- Los distintos signos "<<<<<<<>>>>>>>>" quiere decir que ahí iba algo más pero no es importante; alguna descripción o el título del capítulo.</p>

<p>- Ugh >__<</p>

<hr width="100%" noshade>

<p>- Pero usted tiene que saberlo... </p>

<p>- Se&ntilde;orita O'Connelly, por &uacute;ltima vez, el examen ha terminado. Si tuviera la bondad de dejarme seguir con mi trabajo... - la voz de McGonagall reson&oacute; con frialdad en el aula, que iba vaci&aacute;ndose de alumnos. Algunos se volvieron intrigados por la escena que se desarrollaba en el estrado de la profesora, repleta de ardillas voladoras. Los ex&aacute;menes logrados. Tambi&eacute;n hab&iacute;a algunas peque&ntilde;as carpas doradas en su acuario, ex&aacute;menes fallidos. Y Minerva McGonagall, profesora de Transformaciones, devolv&iacute;a a una forma u otra los distintos experimentos a medio camino, tomando notas mentalmente. Pero alguien se lo imped&iacute;a. Alz&oacute; una ceja hacia la chica que esperaba junto a la mesa. No hab&iacute;a nada desagradable en su actitud, nada desafiante, nada que pudiera inducir a un castigo. Sin embargo, McGonagall ten&iacute;a que librarse de ella. - Y si sigue interrumpi&eacute;ndome, tendr&eacute; que volver a revisar todas las anotaciones. Cr&eacute;ame, eso no ser&iacute;a provechoso para las notas de la clase. </p>

<p>Tal vez dijo eso demasiado alto, un murmullo de reproche se alz&oacute; desde el fondo del aula, donde los rezagados prestaban atenci&oacute;n con poco disimulo. Todav&iacute;a quedaban dos d&iacute;as de ex&aacute;menes... los alumnos de sexto curso se revolv&iacute;an en la biblioteca, hablaban poco y estudiaban demasiado en su opini&oacute;n. &iquest;Y ahora aquella Slytherin iba a enojar a la profesora justo antes de la correcci&oacute;n? Todos contuvieron la respiraci&oacute;n, mientras McGonagall observaba a la muchacha por encima de sus lentes. </p>

<p>- &iexcl;Vesta, llegaremos tarde! - uno de los gemelos Weasley atraves&oacute; el grupo y lleg&oacute; en tres zancadas al otro lado del aula. La tensi&oacute;n se relaj&oacute;, como siempre que Fred o George alzaban la voz en clase, pero la curiosidad segu&iacute;a ah&iacute;, sobre todo cuando el sonriente chico pelirrojo tom&oacute; a Vesta del brazo y la llev&oacute; casi a rastras lejos de McGonagall. </p>

<p>- &iquest;Qu&eacute; est&aacute;s haciendo, George? </p>

<p>- Conservar diez puntos para Slytherin, viborilla - susurr&oacute; al acercarse a las puertas. Tuvo que agachar la cabeza porque Vesta era bastante m&aacute;s baja que &eacute;l. Los alumnos se apretujaron para salir; por lo visto el espect&aacute;culo hab&iacute;a terminado. </p>
<p>- No me llames as&iacute; - respondi&oacute;, pero parte de su rigidez la abandon&oacute; cuando la mayor&iacute;a de los estudiantes empezaron a dispersarse. Iba a ser la hora de comer, y cuanto antes terminaran, mejores sitios podr&iacute;an encontrar en la biblioteca. Fred esperaba a su hermano (“Siameses” era un apelativo muy com&uacute;n para los Weasley entre los alumnos de sexto) al final del pasillo. No ten&iacute;an prisa por estudiar - S&oacute;lo quer&iacute;a hablar con McGonagall. Si llevara un le&oacute;n tatuado en el pecho, incluso me habr&iacute;a invitado a tomar el t&eacute;. </p>

<p>- Claro, adem&aacute;s hace unas pastas de jengibre deliciosas, todas las noches lleva una bandeja a nuestra sala com&uacute;n. Tiene una reputaci&oacute;n que cuidar, viborilla, no la pueden ver hablando con una de los tuyos - brome&oacute;. Desde luego, y ambos lo sab&iacute;an, si hab&iacute;a una profesora imparcial en Hogwarts, esa era McGonagall. Vesta agradeci&oacute; el intento de broma con una sonrisa, pero George, acostumbrado a las carcajadas en respuesta a sus chistes, se lo tom&oacute; como algo personal. - No nos estropees la fiesta, Vesta. Ya sabes lo que dec&iacute;an los muggles de la antigua Apenas... </p>

<p>- Atenas </p>

<p>- De todos modos creo que no eran esos. Hay que buscar el bien de la mayor&iacute;a. Y la mayor&iacute;a observamos con esperanza cierto cambio en el... cuerpo docente. Me voy antes de que empiece a hablar como Binns. </p>

<p>La dej&oacute; sola en el corredor vac&iacute;o. Por unos segundos pens&oacute; en volver a la clase, e insistir. S&oacute;lo recordar la expresi&oacute;n de McGonagall cuando se acerc&oacute; al estrado despu&eacute;s del ejercicio pudo evitarlo. De cualquier modo, ahora cualquier nota considerada injusta en el examen de Transformaciones ser&iacute;a tambi&eacute;n culpa suya. Y para colmo, sospechaba que su ardilla voladora ten&iacute;a agallas, peque&ntilde;as, ocultas bajo los pliegues de su peluda piel... pero agallas al fin y al cabo. Una ardilla que respiraba bajo el agua. </p>

<p>La fuerza de la costumbre termin&oacute; llev&aacute;ndola al Gran Comedor. En &eacute;poca de ex&aacute;menes el bullicio parec&iacute;a amplificarse, incluso cuando no todos los alumnos concurr&iacute;an a las mismas horas. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a menos gente que de costumbre armar el doble de alboroto? Atraves&oacute; las puertas sin ni siquiera dirigir la mirada al cielo, y se sent&oacute; en el primer sitio que encontr&oacute; libre en la mesa de Slytherin, nada m&aacute;s entrar en el enorme sal&oacute;n. </p>

<p>- Hola, Vesta - dijeron un par de las alumnas de quinto entre las que se hab&iacute;a sentado. Les mir&oacute; brevemente, lo suficiente para recordar sus nombres y las &uacute;ltimas conversaciones que hubieran mantenido. </p>

<p>- Hola Marcie - respondi&oacute; alcanzando una fuente de pur&eacute;. - &iquest;Qui&eacute;n os hizo el examen de Pociones? </p>

<p>Varios de los estudiantes dirigieron una mirada de interrogaci&oacute;n hacia la mesa de los profesores, como para comprobar que Snape segu&iacute;a sin estar all&iacute;. Pero no hab&iacute;a preocupaci&oacute;n ni nerviosismo. En Hufflepuff, donde tambi&eacute;n faltaba alguien, los murmullos eran apagados y temerosos. En cambio en Slytherin se pod&iacute;a respirar algo similar a la normalidad, si es que pod&iacute;a considerarse normal aquel final de curso. El Torneo, la muerte de Diggory, ahora desaparec&iacute;a el jefe de la casa... </p>

<p>- Yo sigo creyendo que a Cedric lo mat&oacute; Potter. Est&aacute; claro, cuando desaparecieron se enfrentaron a alg&uacute;n tipo de cuarta prueba sorpresa. Diggory gan&oacute;, y Potter se lo carg&oacute; - murmur&oacute; un chico cercano a Marcie, arrancando murmullos de aprobaci&oacute;n de los Slytherin que lo oyeron. Draco Malfoy abandon&oacute; su asiento para acercarse al grupo. </p>

<p>- M&aacute;s quisiera &eacute;l - susurr&oacute; con aire misterioso. Vesta comenz&oacute; a pelar una naranja mientras los dem&aacute;s se arremolinaban acerc&aacute;ndose a Malfoy. A Draco siempre le hab&iacute;an encantado aquel tipo de tretas; lanzar una frase aparentemente inofensiva para que todas las miradas se volvieran hacia &eacute;l. Siempre funcionaba. Cuando consider&oacute; que ya ten&iacute;a suficiente atenci&oacute;n, sigui&oacute; hablando: - Es algo mucho m&aacute;s serio que otra de las alucinaciones de Potter. Me atrever&iacute;a a decir que van a cambiar un mont&oacute;n de cosas... &iquest;Ya te marchas, Vesta? T&uacute; ya sabes lo que ha pasado, &iquest;a que s&iacute;? - levant&oacute; la cabeza entre los alborotados Slytherin, abandonando su tono de discurso. Ahora todos la miraban. No era propio de Draco centrar la atenci&oacute;n en otra persona, pero Vesta sab&iacute;a en cierto modo que s&oacute;lo estaba estableciendo algo similar a la solidaridad, como si compartieran un secreto. En realidad ella estaba tan perdida en los acontecimientos como todos los dem&aacute;s. </p>

<p>- La verdad es que no tengo ni idea, Draco. S&oacute;lo s&eacute; que si sigo aqu&iacute; voy a suspender algo m&aacute;s que Vuelo este a&ntilde;o. - se encogi&oacute; de hombros sonriente. Malfoy asinti&oacute;. </p>

<p>- Ah, mis padres quer&iacute;an hablar contigo, &iquest;les mandar&aacute;s una lechuza? - pregunt&oacute; sin esperar a la respuesta, volviendo a su papel de l&iacute;der. </p>

<p>“Por qu&eacute; no, los ex&aacute;menes ser&aacute;n un desastre de cualquier modo” pens&oacute; Vesta saliendo del Gran Comedor. </p>

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<p>- Vesta O'Connelly volvi&oacute; a preguntar por Severus esta ma&ntilde;ana </p></p>

<p>- Los Slytherin est&aacute;n todos muy intrigados, Minerva. Si t&uacute; desaparecieras de la noche a la ma&ntilde;ana, Gryffindor organizar&iacute;a un equipo de rescate. O una caza de gatos... - respondi&oacute; Dumbledore concentrado en un ajado pergamino que, a cada corriente de aire que entraba por la ventana, ondulaba sobre su mesa. Juntando las manos, McGonagall dio unos cuantos pasitos r&aacute;pidos hasta el otro extremo del despacho. </p>

<p>- Pero tanta insistencia... podr&iacute;a estar sospechando algo, podr&iacute;a avisarles. Tal vez de alg&uacute;n modo averigu&oacute; que Vold... &eacute;l, ha resurgido. Pueden haberla mandado cartas cont&aacute;ndoselo. Severus podr&iacute;a estar en grave peligro. </p>

<p>- Tienes raz&oacute;n en todo - cogi&oacute; una peque&ntilde;a lupa para observar con detenimiento las runas. - Sin duda Vesta sabe o se imagina que Voldemort ha regresado. No necesita que la avise nadie. Y s&iacute;, Severus est&aacute; en grave peligro. Pero te aseguro que no por culpa de ella. - con un resoplido, dej&oacute; la lupa a un lado del escritorio. - Si vas a la sala de profesores, &iquest;podr&iacute;as llamar a Mnemosine? Necesito urgentemente alguien que entienda las runas mal escritas... </p>
<p>McGonagall asinti&oacute;. Muchas otras veces hab&iacute;a pensado lo mismo en el pasado; que Albus Dumbledore sufr&iacute;a episodios intermitentes de irresponsabilidad o locura. Por fortuna siempre hab&iacute;a estado equivocada. Con el paso de los a&ntilde;os, acab&oacute; teniendo algo claro: si Dumbledore la aconsejara lanzarse por la ventana, ni siquiera invocar&iacute;a un hechizo de levitaci&oacute;n. </p>

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<p>Durante la &eacute;poca de ex&aacute;menes, hab&iacute;a poca actividad en la lechucer&iacute;a. En una especie de mutuo acuerdo, los hijos escrib&iacute;an poco, y los padres parec&iacute;an no querer entorpecer lo que ellos supon&iacute;an largas sesiones de estudio. Por tanto, cualquier visita inesperada a la luz del d&iacute;a, hac&iacute;a que varias docenas de lechuzas se volvieran, curiosas, esperando ser elegidas. Incluso siendo animales de h&aacute;bitos nocturnos, las lechuzas recordaban a Vesta un servicio de taxis especialmente cuidadoso, disponibles las veinticuatro horas del d&iacute;a, diligentes, r&aacute;pidas... y muchas veces competitivas. Un coro de suaves ululatos acompa&ntilde;&oacute; su entrada en la luminosa torre, mientras atravesaba filas de b&uacute;hos y lechuzas de distintos colores, propiedad particular de los alumnos, para llegar al espacio de las lechuzas del colegio. Algunas abrieron los ojos, otras siguieron dormitando, unas pocas se inclinaron protectoramente sobre los polluelos. Las nidadas ten&iacute;an apenas mes y medio, todav&iacute;a faltaban semanas hasta que pudieran volar, pero cuando comenzase el nuevo curso podr&iacute;an utilizarse para viajes cortos o cartas ligeras. Era curioso, quiz&aacute; las aves que ten&iacute;a ahora mismo enfrente pose&iacute;an, a su manera, un &aacute;rbol geneal&oacute;gico envidiable. “Mi familia ha llevado cartas de Hogwarts durante m&aacute;s de veinte generaciones” podr&iacute;an fanfarronear en su lenguaje cuando se cruzaran con las lechuzas de otros colegios. </p>

<p>Aquella era la clase de pensamientos que rondaban en la cabeza de Vesta siempre que ten&iacute;a que enviar una carta. Varias aves hincharon el pecho, tal vez aburridas, como queriendo llamar la atenci&oacute;n. </p>

<p>- <em>Aequus sedeo </em>- apunt&oacute; al suelo con su varita, de la que sali&oacute; un peque&ntilde;o remolino que empez&oacute; a rodar por el suelo. Cuando el tornado en miniatura se disip&oacute;, pudo sentarse sobre la piedra, limpia ya de desperdicios, huesos de ratones y plumas ca&iacute;das. No sent&iacute;a predilecci&oacute;n por ninguna de las lechuzas del colegio; de hecho, desconoc&iacute;a sus nombres. Ten&iacute;a pocas cartas que enviar a lo largo del curso, ninguna de importancia. La mayor parte de los alumnos ten&iacute;an lechuzas propias, las cuidaban, las trataban como aut&eacute;nticas mascotas, pero para ella eran s&oacute;lo trabajadores. Carteros. De todos modos, se sent&iacute;a bien all&iacute;. Era agradable observar las idas y venidas, ver c&oacute;mo se pavoneaban de arriba abajo de sus extra&ntilde;os palos para lechuzas, respirar el aire que entraba por los agujeros de la pared y ayudaba a disipar el fuerte olor... Rebusc&oacute; en la t&uacute;nica alg&uacute;n pedazo de pergamino lo bastante liso como para enviar a los Malfoy (“Siempre puedo echar la culpa a la lechuza”), y la pluma de bolsillo que no necesitaba tinta que se hab&iacute;a comprado en Zonko. No pod&iacute;a empezar la carta sin tener seleccionada la lechuza que iba a utilizar, as&iacute; que sus ojos se demoraron unos minutos m&aacute;s en las hileras que hab&iacute;a frente a ella. Por fin la vio, una hembra de plumaje agrisado, que ladeaba la cabeza atenta a todo cuanto suced&iacute;a varias filas m&aacute;s atr&aacute;s. Al verla tan interesada, Vesta tambi&eacute;n se volvi&oacute;, y entre un mont&oacute;n de patas y comederos distingui&oacute; el cabello enmara&ntilde;ado de Hermione Granger. Se incorpor&oacute; a medias para llamarla, pero Hermione no estaba sola, as&iacute; que permaneci&oacute; en silencio. </p>

<p>Por fortuna, Hermione s&iacute; la vio. Vesta la hizo una se&ntilde;a con la mano, y cuando una lechuza blanca sali&oacute; disparada rumbo al Sur, pareci&oacute; que iba a abandonar la torre. </p>
<p>- Oh... yo... acabo de recordar que debo ir a la biblioteca - escuch&oacute; la voz de Hermione a la entrada de la lechucer&iacute;a. </p>

<p>- Hermione, &iexcl;tengo hambre! &iexcl;Siempre me dan hambre los ex&aacute;menes de Historia, con toda esa sangre, y los descuartizamientos, y...! </p>

<p>- Estoy de acuerdo con Ron. Llevo todo el d&iacute;a esperando a que termin&eacute;is los ex&aacute;menes, necesito comer. - Vesta reconoci&oacute; la voz de Harry Potter y frunci&oacute; el ce&ntilde;o, alegr&aacute;ndose de no haber saludado a Hermione en voz alta. No necesitaba cerca a aquel peque&ntilde;ajo que miraba con desconfianza a cualquiera que no fuera de su Casa. A veces Vesta hab&iacute;a sentido ganas de hablar con &eacute;l, y preguntarle si realmente cre&iacute;a que todos los de Slytherin ten&iacute;an tanto tiempo libre como para no pensar en otra cosa que en fastidiarle las diversiones. - Nos vamos a comer. </p>

<p>- Os alcanzar&eacute; m&aacute;s tarde - de nuevo la voz alegre de Hermione, y despu&eacute;s, pasos. Luego, pasos que volv&iacute;an. Hermione conjur&oacute; el mismo hechizo que Vesta, y se sent&oacute; frente a ella. Parec&iacute;a llevar encima todos los libros de cuarto, y muchos m&aacute;s, de hecho parec&iacute;a un libro andante. Sonre&iacute;a levemente, pero su pierna derecha temblaba de impaciencia. Se mor&iacute;a de ganas por ir de verdad a la biblioteca. </p>

<p>- Es... extra&ntilde;o, verte aqu&iacute; - susurr&oacute; aplastada por el segundo volumen de <em>Reglas de c&aacute;lculo en la cuarta dimensi&oacute;n. </em> Vesta sab&iacute;a que se refer&iacute;a m&aacute;s bien a “&iquest;Qu&eacute; haces habl&aacute;ndome fuera de la biblioteca? &iquest;Y si te ve alg&uacute;n Slytherin?”, pero se limit&oacute; a levantar el pergamino todav&iacute;a en blanco. </p>

<p>- &iquest;C&oacute;mo te est&aacute;n yendo los ex&aacute;menes? - hac&iacute;a dos a&ntilde;os que conoc&iacute;a a la Gryffindor, por eso, aunque sus escasas conversaciones en la biblioteca fueran todas sobre temas de estudio, sab&iacute;a pulsar el resorte correcto para que arrancase a hablar. Necesitaba aquello en ese momento. Alguien que la hablase sobre cosas triviales. Hermione no se hizo de rogar, y aunque de momento s&oacute;lo hubiera tenido dos ex&aacute;menes, se los describi&oacute; con tal cantidad de detalles que Vesta tuvo la impresi&oacute;n de haber asistido a ellos. </p>

<p>- Esta tarde tenemos Estudios Muggles. Por eso he pensado que no necesitar&eacute; realmente m&aacute;s que tres o cuatro horas de repaso. - se tir&oacute; con cierto nerviosismo del pelo. Cada minuto en la lechucer&iacute;a era un minuto menos para preparar los ex&aacute;menes del d&iacute;a siguiente. No pod&iacute;a pararse a hablar con Vesta sobre los horarios o el Manifiesto de Stonehenge, incluso cuando la chica Slytherin parec&iacute;a tan relajada. &iexcl;En sexto nada menos! &iexcl;Con los EXTASIS a menos de un a&ntilde;o! &iquest;No pensaba estudiar? Quiz&aacute; pudieran ir juntas a la biblioteca. - &iquest;Quer&iacute;as algo? </p>

<p>- Estaba pensando... que eres justo una de las personas con las que necesitaba hablar. - Vesta se levant&oacute; y se sacudi&oacute; una pluma de la t&uacute;nica. Con cierta dificultad debida a los libros y la mochila, Hermione la imit&oacute;. </p>

<p>Hab&iacute;a terminado la carta mientras Hermione hablaba. <em>“Queridos se&ntilde;ores Malfoy: les agradezco su inter&eacute;s por c&oacute;mo me est&aacute; yendo el curso, espero que todo les vaya bien. Sinti&eacute;ndolo mucho, debo rehusar su invitaci&oacute;n para pasar unas semanas con su familia. He prometido ir a Par&iacute;s, y no volver&eacute; hasta mediados de Agosto. Quiz&aacute; entonces pueda pasar a visitarlos. Les manda un abrazo, Vesta O'Connelly” </em>. Una carta gen&eacute;rica, en junio especialmente abundaban, cuando todos aquellos amigos de sus padres intentaban que pasara las vacaciones en sus casas. No pod&iacute;a mencionar a los Malfoy que se iba a Paris con una excursi&oacute;n muggle, pero conociendo a Narcisa, imaginaba su reacci&oacute;n. “Oh, Lucius, querido, &iexcl;Par&iacute;s! Ya hace dos semanas de nuestra &uacute;ltima visita, necesito un nuevo fondo de armario”. Dobl&oacute; el pergamino en cuatro y utiliz&oacute; una estrecha tira de tela para atarla a la pata de la lechuza. Cuando utilizaban cordeles, algunos alumnos apretaban demasiado, y dejaban marcas circulares en las garras. Era est&uacute;pido, aunque la carta se soltase las lechuzas no dejar&iacute;an que se perdiera. Susurr&oacute; el destino a la mensajera, que se alis&oacute; las plumas antes de desaparecer por la ventana m&aacute;s cercana. Hermione frunci&oacute; el ce&ntilde;o levemente al verla partir. </p>

<p>- Bueno, dime, &iquest;Aritmancia? - dijo volviendo a sonre&iacute;r. Hab&iacute;an establecido una especie de intercambio de informaci&oacute;n beneficioso para ambas: Vesta la dejaba sus apuntes, dos cursos superiores, y Hermione los discut&iacute;a con ella, poniendo en claro algunos puntos que Vesta no terminara de comprender. </p>

<p>- &iquest;Puedes ayudarme a repasar Pociones? </p>

<p>- &iquest;&iexcl;Pociones!? - una de las &uacute;ltimas lechuzas abri&oacute; los ojos sobresaltada y Vesta cerr&oacute; la puerta de la torre asintiendo. </p>

<p>- Son esos malditos catalizadores en las envejecedoras, &iquest;sabes? Creo que tengo alguna especie de predisposici&oacute;n a convertir todo en caldo de pollo. Al menos eso parece. Adem&aacute;s, &iquest;por qu&eacute; si agrego ancas de rana se ralentiza la reacci&oacute;n? Las ranas saltan, deber&iacute;a ir m&aacute;s ligero... </p>

<p>- Vesta, Vesta... - Hermione no pudo evitar sonre&iacute;r. Vesta tambi&eacute;n lo hizo, aunque visiblemente nerviosa. Como algo predestinado, jam&aacute;s hab&iacute;an estudiado Pociones juntas. Cre&iacute;a que era porque Vesta no ten&iacute;a problemas con ellas. Y Hermione... problemas pocos, al menos con las pociones en s&iacute;. Pero sab&iacute;a que los Slytherin ten&iacute;an un orgullo “de Casa” muy desarrollado. Hermione no ten&iacute;a claro c&oacute;mo reaccionar&iacute;a Vesta ante su opini&oacute;n personal de Snape, y prefer&iacute;a dejarlo as&iacute;. Despu&eacute;s de todo, aunque algunos Slytherin no fueran exageradamente hostiles hacia los alumnos de otras casas, segu&iacute;an formando un grupo muy compacto. Eso inclu&iacute;a al Jefe. - &iquest;Y eso? Quiero decir, &iquest;por qu&eacute; yo? </p>

<p>Se detuvieron al final de la escalera de la torre, en una franja fuertemente iluminada por dos hermosas vidrieras ojivales. Hermione mir&oacute; al exterior esperando la respuesta. En cualquier otra ocasi&oacute;n, el campo de quidditch estar&iacute;a lleno de alumnos entrenando, o simplemente disfrutando del sol como lagartijas sobre escobas voladoras. Los ex&aacute;menes realmente cambiaban la rutina de Hogwarts. Ser&iacute;a muy dif&iacute;cil encontrar sitio en la sala de estudio. Con la vista fija en las grecas del suelo de m&aacute;rmol, Vesta pareci&oacute; hablar para s&iacute; misma. </p>

<p>- &iquest;Qui&eacute;n si no? </p>

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<p>Los ex&aacute;menes pasaron con la misma rapidez con la que llegaban cada curso. Muy pocos estudiantes se quejaban de que el a&ntilde;o escolar se les hiciera largo, y exclamaciones como “&iexcl;Si hace dos d&iacute;as est&aacute;bamos en Navidad!” hab&iacute;an perdido su significado, pasando a ser una especie de frases comod&iacute;n, a fuerza de repetirlas. No obstante, aquel a&ntilde;o agitado el ambiente era extra&ntilde;amente artificial. Grupos compactos se desplazaban de un lado a otro del c&eacute;sped, evitando en lo posible acercarse al carruaje de Beauxbatons o al lago donde se quedaba el barco de Durmstrang. Pocos se atrev&iacute;an a ir solos por los terrenos de Hogwarts, incluso a pleno d&iacute;a, y el claustro interior se hab&iacute;a convertido en un lugar extra&ntilde;amente concurrido, por la seguridad que produc&iacute;a estar rodeado del edificio, acogedoramente familiar y s&oacute;lido. </p></p>

<p>En aquellos d&iacute;as, muchos estudiantes de las casas ajenas aprendieron a envidiar la protecci&oacute;n extra de la que supuestamente gozaban los Slytherin en sus dependencias subterr&aacute;neas. Por lo visto entre los alumnos de los primeros cursos hab&iacute;a surgido la convicci&oacute;n de que las torres pod&iacute;an caerse, las escaleras m&oacute;viles volverse locas o estar malditas... Hab&iacute;a m&aacute;s gente que nunca sentada en los descansillos que daban a las mazmorras, lo que origin&oacute; no pocos altercados. Tal y como estaba el ambiente, lo mejor fue que &uacute;ltimo d&iacute;a del curso lleg&oacute; pronto o la se&ntilde;ora Pomfrey se hubiese hartado de curar ca&iacute;das y resbalones “accidentales” por las escaleras. </p>

<p>En el dormitorio femenino de las Slytherin de sexto hab&iacute;a un desorden poco usual mientras ocho de sus diez ocupantes se empe&ntilde;aban en hacer la maleta en el &uacute;ltimo momento, cuando faltaban apenas unos minutos para que les repartieran las notas. </p>

<p>- &iquest;Es que no pod&eacute;is hacerlo despu&eacute;s de cenar? - exclam&oacute; Bella Macnair cuando un delgado libro la golpe&oacute; levitando en la cabeza antes de introducirse limpiamente en una maleta. </p>

<p>- &iquest;Y perdernos la despedida de los chicos de Durmstrang? Creo que a Linda todav&iacute;a la quedan un par de bragas sin firmar por Krum - exclam&oacute; una chica morena esquivando con limpieza el tintero que Linda arroj&oacute; directamente a su cabeza. </p>

<p>Con una risa leve, Bella gir&oacute; la cabeza hacia Vesta, que re&iacute;a tambi&eacute;n ante la pelea. Hab&iacute;an sido algo m&aacute;s inteligentes preparando el equipaje por la ma&ntilde;ana, y dejando fuera s&oacute;lo lo esencial. Un veraniego vestido muggle que se pondr&iacute;a nada m&aacute;s despertar al d&iacute;a siguiente, en el caso de Bella, y la mochila y la caja agujereada de Ve