Serpientes de la Arena. Gen, PG. A Feast for Crows
Personajes: Serpientes de la Arena
Calificación: PG
SPOILERS: Leves, de Feast for Crows.
Disclaimer: Todo es de Martin, yo sólo juego con ello.
Notas: Reto de tiempo, 15 minutos. Ferlocke quería Serpientes y quién soy yo para no babearlas? *__*
Un día normal estaría fuera arrancando espuma de la orilla en cualquiera de las playas cercanas a Lanza del Sol, libre por unas horas de su séquito y con los cascos de Allyria llevando agua salada a sus labios en cada tranco. Galopando a lo largo de las lenguas estrechas de arena húmeda que el mar de Dorne robaba al desierto, el atardecer no parecía atardecer. No había un sol ni un horizonte, sino destellos grises, malvas y naranjas en una esquina a su derecha, y el dorado del desierto a su izquierda, y nada tenía forma porque la velocidad de Allyria las borraba. Nym no podía vivir sin el mundo quedándose atrás, y no había nada más estático en Dorne que la Torre de la Lanza. Aunque Obara siguiera atravesando las estancias a grandes zancadas, golpeando azulejos y rasgando cortinas de seda, gritando, maldiciendo, y Tyene se dedicara a trenzar el cabello de Loreza porque lo primero que habían hecho los guardias era quitarle sus bordados. Aunque Elia se pasara el día cantando y saltando porque estar encerrada en la torre con sus siete hermanas -"Seis", se recordó Nym, "Sarella sigue en el tablero"- era lo mejor que le había pasado desde que su padre volvió de un viaje a Myr con dos cachorros de tigre blancos como la leche. Aunque el sol saliera y se pusiera, y los sirvientes estuvieran constantemente atendiendo cada uno de sus deseos, a Nymeria le parecía que el mundo no seguía adelante. Lo único que ella deseaba era salir de allí y cabalgar pasado el desierto, más allá de las montañas, para ver los campos de naranjas de Altojardín convertidos en una nube verde mientras los dejaba atrás. Aquel era su deseo. Un caballo, un cuchillo y el Camino de las Rosas. Se lo había dicho a Oryanna la primera vez que la doncella le preguntó si quería algo.
- Quiero salir de aquí y descubrir si las entrañas de Tywin Lannister son de oro - respondió. Y lo había hecho cada vez desde entonces. Había contado ya nueve veces y dos días, y los atardeceres desde su ventana eran todos iguales. Rojos. Oscuros. El sol era un orbe sangriento y la habitación pequeña un puesto de observación para las dos, tan parecidas y sin lazos de sangre, unidas por otro atardecer inútil. Pero Ellaria nunca respondía qué quería, nunca gritaba como Obara ni jugaba con las niñas como Tyene ni imaginaba escapadas como la propia Nym. Y entonces Nym olvidaba la furia un segundo para acariciarla el pelo y mirar un paisaje al que jamás había prestado atención. Nunca Dorne había parecido tan falto de vida. La muerte de su padre sacudió el mundo, sí, pero la imposibilidad de vengarla lo había detenido por completo.

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