Personajes originales. PG13. Aventuras.
Rating: PG13
Disclaimer: Esta historia está basada en personajes y situaciones creadas por JRR Tolkien, utilizados sin ánimo de lucro.
Notas: Escrito antes de ver las películas, pueden contravenir algunas cosas de las que contó Peter Jackson. Cuarto puesto en el I Concurso de Relatos Hispanos de AnilloUnico
CAOS
"No me di cuenta... No sé cómo ha sucedido. No entiendo cómo pude pasar por alto algo tan obvio... cabalgábamos hacia el sur, en línea recta. Decidimos reducir el ritmo porque los caballos estaban cansados, y nos dispersamos un poco. Kurenai, Kyra y yo trotábamos tras Dembar cuando de repente lanzó una exclamación de gozo. "¡Un campamento!" gritó alborozado señalando una hoguera..."
Dembar espoleó a su caballo y dos o tres de los jinetes que cabalgaban tras Kurenai y Belial le imitaron. A unos seiscientos metros, junto a una pequeña espesura, un grupo de diez hombres rodeaban inmóviles una pequeña hoguera. El grupo de Dembar había recorrido ya tres cuartos de la distancia cuando Belial se fijó en algo extraño. Casi... casi parecía que uno de los hombres tenía la mano sobre el fuego...
- Están muertos... - musitó aterrorizada. Entornó los ojos. Esqueletos embutidos en mantas y armaduras rodeaban el fuego.
- ¿Qué dices, Belial?
- ¡Están muertos!
Como impulsados por el mismo resorte, Vanda y Cinder salieron a la carrera. Pero cuando Dembar y los otros tres distinguieron los cadáveres ya era tarde. Del bosquecillo cercano salió una docena de orcos y Uruk Hai que los rodeó en cuestión de segundos.
- ¡Dembar! - aulló Kurenai mientras Belial se le adelantaba. Los Uruk desmontaban ya a los hombres, que repartían espadazos a diestro y siniestro intentando salir de aquella masa de animales rabiosos. Belial cargó el arco y disparó tres veces, pero sólo derribó un orco pequeño que sacaba debajo de las pezuñas de un Uruk Hai, la pierna ensangrentada de un humano.
Saltó del lomo de Vanda empuñando las hoces y cargó contra el primero de los animales. La sorpresa jugó en su favor y rápidamente le abrió la garganta. Los Uruk Hai se percataron de la aparición de refuerzos, comenzando a aullar. Belial descargaba golpe tras golpe a dos manos, pero no conseguía ver a Dembar ni a ninguno de sus acompañantes. La llegada de Kurenai vino acompañada con una nueva oleada de chillidos animales. La mayoría de los monstruos se dispersaron, y el resto de los hombres les dieron caza con rapidez. Pronto sólo quedaban dos orcos y un Uruk Hai, que emprendieron la retirada, llevando en sus garras los restos de los Rohirrim emboscados.
- ¡No! - la propia Belial se sorprendió de su reacción cuando, al reconocer el cuerpo aún completo de Dembar a los hombros del Uruk Hai, sorteó los cadáveres y saltó sobre la bestia. Los orcos chillaron e intentaron huir, pero Kurenai ya lo había previsto. La bastaron tres golpes de su sable para decapitarles.
Subida en la espalda del Uruk Hai, Belial utilizó las hoces para alzarse sobre los hombros. El animal daba saltos e intentaba alcanzarla con las garras mientras seguía la huida. El cuerpo de Dembar cayó al suelo, pero aquello no bastó para contentarla. Se sentía llena de odio, mientras la hoja de las hoces hendía aquella carne pútrida y maloliente. Sabía que aquello sólo serviría para mantener al Uruk entretenido. Buscó la mejor posición, y clavó la punta de una de las hoces en la garganta. Cuando la bestia abrió la boca para aullar, introdujo la segunda lo más profundamente que pudo dentro de la cabeza. Notó cómo crujían los huesos del paladar hasta que la hoja curva terminó su trayectoria perforando la frente. En un par de gorgoteos sanguinolentos el Uruk cayó al suelo entre espasmos. Aquel sonido era tan desagradable que Belial tiró de las dos hoces en direcciones opuestas para callarle. La cabeza del animal se convirtió un amasijo irreconocible.
Pero Belial no se detuvo.
- ¡Belial! - exclamó Kurenai al ver cómo el cuerpo del Uruk Hai comenzaba a parecerse a un guiso de carne picada bajo los constantes cortes. Pero Belial no oía nada, cubierta de sangre y de odio mientras destrozaba golpe a golpe el cadáver - ¡Belial! - Kurenai saltó sobre ella agarrándole de las manos.
- ¡Suéltame! - aulló Belial sollozante - ¡Deben pagar! ¡Deben sufrir! Tienen que sufrir todo el dolor que han causado... Se lo deben a Kyra, a tu padre... ¡Nos lo deben! Se lo deben a todo Endor... - golpeó el amasijo de carne que había sido su enemigo con los puños, ya sin fuerza, hasta caer rendida. Kurenai la contempló y finalmente la cogió en sus brazos llevándola con el resto del grupo.
- Has necesitado esto para comprender...
FUERZA
Incineraron los cadáveres que los Uruk habían utilizado como señuelo y los de los compañeros de Dembar en aquel mismo lugar. Erigieron un pequeño montículo de piedras sobre cada hoguera. No podían arriesgarse a enterrarlos; si quedaba alguna bestia por los alrededores, excavaría hasta encontrar el cadáver, y se lo comería. El cuerpo de Dembar, en cambio, fue quemado por su hermana junto al bosque. Al volver, Kurenai se dirigió directamente a Belial, entregándole la coraza y la ropa de Dembar. Belial la miró sin comprender.
- Es para ti. El ya no lo necesitará y nosotras tenemos aún un largo camino por delante. Y créeme, se pondrá aún peor. Póntelo y vámonos. - ordenó sin mirarla, saltando sobre Cinder
TIEMPO
"Tras la muerte de Dembar varios hombres se han quedado en la siguiente aldea. Hemos seguido una de las bocas del Entaguas, bordeando la frontera de Rohan, durante apenas cinco millas. Allí Kurenai cambió de opinión. Cabalgamos hacia el Noreste, hacia el vado del Entaguas. Así recorreremos más pueblos, llevaremos más gente... Me siento tan culpable que ni siquiera he protestado. Además, cada nueva persona dispuesta a empuñar una espada nos vale."
"En ocasiones tengo la impresión de que ya he visto todo esto hace mucho. Llevamos tres días recorriendo el sur del Estemnet. Llanuras, orcos, llanuras, aldeas... quiero sentarme en las ramas de un árbol a oír la música de las hojas. Quiero mojarme los pies en el Celebrant. Alcanzaremos dentro de dos días el vado del Entaguas."
"Llegamos a una nueva aldea. Devastada, quemada hasta los cimientos. Las hogueras aún humeaban, cazamos a los monstruos que lo habían hecho a pocas millas. Ahora llevo una coraza de piel endurecida de uno de los Uruk, que él a su vez había quitado a un Rohirrim muerto. Kyra tiene una espada para ella sola y practica incansable con todo el que se ofrece a ello. Por la noche Kurenai se nos acercó durante la lección de Quenya. Se sentó cerca y estuvo escuchando cantar a Kyra hasta que ella misma aprendió la letra. No sabía su significado, pero cantaba y sonreía. Al amanecer la despertó pronto y practicaron hasta que todos despertamos. Y Kyra ha cabalgado a lomos de Cinder durante la mitad de la jornada"
"Cabalgamos y matamos, matamos y cabalgamos... ¿esto sirve de algo? Si mañana una emboscada nos masacrara, ¿alguien se enteraría? Si mañana encontrara a Legolas... ¿me reconocería? Visto ropas de cadáveres, decapito a esos monstruos y protejo a una pequeña humana. Tal vez sí. Después de todo, ahora lucho por algo. Por no ver un Lothlorien en llamas quizá. Por no volver a encontrar a una Kyra. Por hacer algo de provecho por primera vez en mi vida, seguramente"
"Avanzamos ya por el Camino del Oeste. Dentro de tres días estaremos por fin en Minas Tirith. Me pregunto si continúa la batalla, si podremos hacer algo. Dos docenas escasas de hombres, una niña y una Orejas Puntiagudas..."

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