El largo camino a Valinor (5): Círculos y Noche

Personajes originales. PG13. Aventuras.

Rating: PG13
Disclaimer: Esta historia está basada en personajes y situaciones creadas por JRR Tolkien, utilizados sin ánimo de lucro.
Notas: Escrito antes de ver las películas, pueden contravenir algunas cosas de las que contó Peter Jackson. Cuarto puesto en el I Concurso de Relatos Hispanos de AnilloUnico


CIRCULOS

La Ciudad Blanca apareció ante sus ojos un amanecer, mientras los rayos aún violáceos del sol arrancaban de sus muros nacarados destellos de una claridad tan intensa que por unos segundos tuvieron que cubrirse la cara y galopar con los ojos entornados. Kurenai y Belial marchaban a la cabeza, seguidas por una veintena de hombres, los que no habían tenido oportunidad o empuje suficiente para acudir a la batalla desde un comienzo. Pasaron Forannost, la puerta Norte del Rammas Echor. Habían esperado ver el fuego de la batalla desde muchas millas atrás. Pero llegaron a la llanura del Pelennor y no encontraron sino una decena de millas de campo calcinado y cadáveres de seres oscuros, algunos nunca vistos por ninguno de ellos; catapultas incendiadas, huesos roídos por los engendros de Mordor en las marcas circulares donde habían pernoctado... ¿dónde estaba la batalla? Grupos de gente afanada en limpiar todo aquel horror les contaron que se había prolongado hasta hacía pocos días. Dos sentimientos encontrados se instalaron en los corazones de Kurenai y Belial. El de la primera, de profunda ira. Más que ira, vergüenza y frustración... había llegado tarde. Su padre y su hermano habían muerto y ella ya no podría vengarse muriendo a su vez por ellos. Sin embargo, Belial había contenido la respiración emocionada. Aquel escenario era el de una batalla terminada, y ganada. Y, si era así, Legolas se hallaría en la Ciudad Blanca. Su viaje habría terminado.

Por desgracia, ignoraba que el final de aquella guerra no estaba en manos de los ejércitos, ni de Mordor ni de Gondor. Eran aquellos medianos semi - olvidados los que tenían el poder de acortar su viaje. Tenía poco que ver con las batallas.

Pasaron el día recorriendo la llanura, bajo la mirada vigilante de la Torre de Ecthelion y ayudando en lo que podían. Las grandes puertas de la ciudad estaban cerradas para cualquier extranjero, pero un grupo de hombres de Minas Tirith que batía los alrededores en busca de enemigos vivos los acompañó al atardecer hasta la entrada. Entraron al paso respetuosamente, intimidadas por el enorme muro de piedra negra y aquella gigantesca montaña en forma de ciudad, coronada por una torre brillante como una aguja de marfil. La gente que había pasado el día en la llanura entraba conversando ordenadamente. Se detuvieron junto a la puerta, en el primer nivel, mientras Kurenai charlaba animadamente con un grupo de personas. Belial se quitó el yelmo y echó hacia atrás su capucha observando a su alrededor, Kyra parloteaba contenta explicándole la estructura de aquella extraña ciudad. Una mujer vestida de gris se acercó corriendo hasta Vanda, procedente del segundo nivel.

- ¡Kyra! ¡Kyra! - gritó. La pequeña saltó al suelo y abrazó a su tía Freya, como la había llamado, también a gritos. Belial observó cómo la mujer les sonreía y desaparecía con Kyra aferrada a su cuello. Sintió un extraño vacío y la torre blanca pareció algo más oscura.

- Belial - escuchó llamar a Kurenai como en un sueño distante. - Dormiremos en la Hostería, está aquí, en el primer nivel.

- Voy a dar una vuelta - susurró ella, haciendo caminar a Vanda.

Recorrió las calles, algunas todavía con brasas humeantes o muretes derribados debido a las catapultas durante el asedio. Belial jamás había visto una batalla. No podía imaginarse tal cantidad de fuerzas enfrentadas, pero suponía que era algo terrible. La ciudad estaba unida a la montaña, Mindolluin la habían llamado los hombres que encontraron en la llanura. Fue subiendo poco a poco, atravesando calles generalmente desiertas y respondiendo a las preguntas de los guardas que de cuando en cuando la detenían. Vio las Casas de curación desde el quinto nivel, pero no quiso seguir subiendo. Volvió hasta la tercera altura y se detuvo al oír unos pasos. Lo curioso era que no sonaban cerca de ella, sino encima. Vio a una niña, y por un momento creyó que se trataba de Kyra que la estaba buscando. Pero era algo mayor y menos delgada. Saltaba de piedra en piedra por los techos, apartando flechas quemadas y rocas con un pequeño madero.

- ¿Qué buscas, pequeña? - preguntó, extrañada de la insistencia con que la niña recorría los tejados.

- La cabeza de mi padre

Belial galopó hasta un patio alzado sobre el precipicio. Desmontó y se sentó en el borde. La noche que siempre le había parecido acogedora era azul y fría. Comprobó que nadie le había seguido. Y sólo entonces rompió a llorar hasta caer exhausta.

Soñó con Lorien. Y durmió profundamente por primera vez en semanas.

Antes de amanecer le despertaron unos pasos apresurados que subían la escalinata. Se incorporó tomando las hoces y la capa, lista para partir. Pero aún era de noche. Kurenai había dicho que partirían al alba, y no tenía por costumbre adelantarse. Aún tuvo tiempo de recordar dónde estaba, y ahogó un gemido de dolor al pensar en la niña que buscaba la cabeza de su padre... una niña tan parecida a Kyra, a tantas otras... sentía algo amargo como la rabia deslizarse en sus pulmones. Kyra apareció ante sus ojos con una manzana en una mano y un niño en la otra. Pero lo que hizo que el corazón le diera un vuelco, fue el Mediano que tropezó con una piedra antes de saludarla.

- ¡Una elfa de Lorien! ¡Jamás creí que volvería a ver a ninguna! - exclamó llevándose la mano al costado y respirando con cierta dificultad. Belial miró a Kyra.

- ¡Este es mi amigo Bergil! - explicó señalando al niño. Luego se acercó al Mediano, que sólo era un poco más alto que ella. - Y este es...

- ¿Pippin? - preguntó Belial no muy segura.

- En realidad Merry, ¡pero no importa! ¡Ya todo esto está próximo a terminar, y tendremos más tiempo para las presentaciones! Ahora estoy hambriento... ¿es eso una manzana, Kyra?

- En realidad es para Belial...

- No tengo hambre, Kyra, pero gracias. Dime, Merry, ¿dónde está el resto de tu Compañía? - el Mediano, que ya había comenzado a morder la manzana golosamente, no tuvo reparo en hablar con la boca llena. Pero entre gruñidos y atragantamientos, y con la ayuda de Bergil que traducía las palabras ininteligibles, Belial pudo averiguar que, finalmente, Legolas estaba con el rey Elessar ("futuro Rey" se recordó a sí misma), con Mithrandir y con Gimli. Iban a la Puerta Negra, a plantar cara al enemigo. - ¿Cuándo se marcharon?

Merry paró de masticar unos segundos, mientras pensaba.

- Pues veamos... estamos a 19 de marzo... - contó con los dedos varias veces. En un principio Belial temió que hiciera semanas que habían abandonado aquel lugar. Luego escuchó lo que Merry estaba contando. - ..siesta... desayuno... almuerzo... comida... siesta... cena...

- Partieron hace tres días, señora - susurró Bergil. Belial respiró aliviada y se despidió del niño y el Mediano. Cuando fue a hacer lo mismo con Kyra, se detuvo. En los ojos joviales de la niña había una intensa preocupación, y temblaban humedecidos. Imperceptiblemente, Belial tomó la pequeña bolsa que llevaba atada al cuello y cerró la mano de Kyra en torno a ella. Luego la besó en la frente y corrió a buscar a Kurenai. Amanecía...

NOCHE

"Partimos hacia el Morannon. El ejército del rey Elessar nos lleva un par de días de ventaja pero estamos seguros de que llegaremos a tiempo para la "Gran Batalla" como la llaman. No sé si son imaginaciones mías, pero según pasa el día nos cuesta más avanzar. Es como si la cercanía de esa tierra maldita nos pesara en el corazón y destruyera los ánimos antes incluso de ver sus murallas. Las tierras se vuelven estériles según vamos acercándonos, y de vez en cuando alguien se da la vuelta y abandona. Kurenai no parece caer en la desesperanza como los demás. Sin duda ser una de las pocas mujeres que luchan la provoca una especie de orgullo feminista extraordinario..."

De hecho, los hombres que cabalgaban junto a ellas las miraban con respeto y simpatía. Después de todo, Kurenai era de Rohan, una tierra que había enviado ya a miles de hombres valientes a la pelea. No había ninguna razón para pensar que sus mujeres no fueran iguales. Y en cuanto a la elfa... bueno, luchaba con la misma fiereza, y si se rumoreaba que el mismo descendiente de Isildur luchaba codo con codo junto a los elfos, es que después de todo no eran tan malos. Provocaba una gran curiosidad al principio, pero sucia y arropada con todas aquellas reliquias no se diferenciaba de un hombre salvo por la larga melena ambarina que recogía a la espalda.

Y entonces, un día, vieron la Puerta Negra. Fue al doblar un recodo del camino, cuando aquella línea desgarrada que eran los límites de Mordor convirtió el horizonte gris en una lejanía amenazadora. Aunque llevaban todo el camino encontrando pequeños grupos de orcos y demás bestias, nadie esperaba aquel golpe con olor a podredumbre y desesperación que les sobrecogió a la vista del Reino Oscuro. Sus corazones se encogieron, y seguramente fue el momento que más deserciones produjo. Una nube roja flotaba como una mano cubierta de sangre sobre la distante batalla, y Kurenai notó por primera vez algo similar al miedo, cuando tuvo la sensación de que aquella mano les miraba, con miles de ojos. Como si la mirada del Señor Oscuro les hubiera descubierto ya. O, en realidad, les había visto llegar. Era una mirada que decía que no habría piedad, ni para sus aliados ni para sus enemigos...

Todos pudieron ver la tierra ebria de sangre bajo sus pies, pero sólo Belial alcanzó a divisar la sombra alada que tapó el sol. Un mal augurio que planeaba sobre los ejércitos y oscurecía el ambiente. Recordó los gritos que había escuchado en sus sueños, y creyó oírlos a lo lejos, sobre el fragor de la lucha. Unos chillidos que llevaban consigo toda la muerte absorbida en aquella contienda, penetrando en los corazones de quienes aún vivían y alentando los pensamientos oscuros. Desconocía el nombre de aquellos seres, porque jamás pensó que existiera algo tan grande y malvado. Pero Kurenai no alcanzaba a verlo, aunque Belial lo señalaba cada vez que conseguía localizarlo entre la bruma.

A relativamente pocas millas de allí, Legolas observaba la misma sombra negra, y lo llamaba por su nombre: Nazgûl.

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