Maya/Elle, PG, post-temporada 2, AU
Pairings: Eventualmente Maya/Elle, Sylar/Maya y otras cosas
Calificación: PG
SPOILERS de todo heroes
Caught in the web again, inside your private den, where you can go to moon or meet some people you will never see. You are a file in there, money in an open fair. you're a slave among the slaves, waiting for the future with a fear
Cuando el coche de Elle se subió a la acera de un salto frente a la fachada de la escuela Amersfort, Maya apenas esperó a que estuviese parado para salir. Había ido a buscar a Molly a aquel mismo lugar dos o tres veces por mes, porque sólo estaba a media hora caminando desde el Atlantic y cuando trabajaba de mañana podía dar un paseo por los muelles de Canarsie y llegar todavía con varios minutos de adelanto.
Era la primera vez que llegaba tarde.
Habían salido de su piso más de una hora antes, pero Elle insistió en pasar a recoger una chaqueta por su lavandería del East Village. Después quiso dar un rodeo y terminaron atrapadas en un atasco en la Séptima. También se detuvo a comprarse un café cuyo nombre Maya no hubiera sabido pronunciar, y no consideró necesario mirar el reloj en ningún momento. Y a cada una de aquellas paradas la resolución de Maya, que no había sido demasiado firme para empezar, se tambaleaba un poco más. Por un lado casi deseó que Molly se hubiera cansado de esperar y que Mohinder o Matt Parkman la hubieran ido a recoger. Eso les daría tiempo. Entonces Maya podría volver a casa y llamarles directamente. Explicarles todo lo que había pasado esa tarde, y disculparse por no haberles llamado en el momento en que dejó de ser un día más. No sabía por qué no lo había hecho y no quería escuchar la teoría de Elle al respecto, por mucho que se empeñase en contársela. En hablar constantemente. Sin parar. Sin decir nada que hiciera pensar a Maya que haberla escuchado en un principio había sido buena idea.
Sin embargo Molly estaba allí. Se puso en pie en las escaleras y atravesó el patio a la carrera, con un sonido caótico de material escolar bailando dentro de su mochila. Chocó contra Maya con un abrazo violento, más bien un golpe que gritaba su nombre, y tuvo que apartarla de inmediato mientras se arrodillaba en el asfalto.
- Molly, tengo que hablar contigo. Necesito un favor. Tienes que ayudarme - murmuró. Elle no iba a correr por el camino de gravilla que llevaba al patio, pero aún así aparecería junto a ellas en sólo cuestión de segundos. Y Maya todavía no había decidido qué era lo que tenía que pedirle a Molly.
- ¿Es algo sobre poderes? - preguntó Molly en el mismo tono bajo y urgente. Maya la observó en silencio, tratando de respirar hondo, pero sólo acertó a morderse los labios.
- ¿Le dijiste a tu padre y a Mohinder que vendría a buscarte? ¿Sabes si van a venir?
Molly negó con la cabeza. La sonrisa de la bienvenida se había evaporado por completo.
- Están trabajando. ¿Qué te pasa, Maya?
Vio llegar a Elle antes que Molly, que daba la espalda a la calle principal.
- ¿Tú te acuerdas de ella? - Trató de preguntarlo calmada y lentamente, para que la información calase en Molly sin violencia. Se miraron unos segundos mientras Elle se acercaba con los brazos cruzados, mirando al cielo gris y lleno de nubes que empezaba a oscurecerse. Molly sólo giró la cabeza.
- Sí. Me acuerdo. ¿Qué hace aquí? ¿Lo sabe Matt?
- No. No lo sabe. No pasa nada. - La humedad del patio ya le había empapado las rodilleras de los pantalones. Maya se puso en cuclillas y atrajo a Molly un poco más hacia sí -. Pero necesitamos que hagas algo con tu poder. No te va a pasar nada.
"También podría usar mis propios métodos, pero creo que todos preferiríais la opción amigable", habían sido las palabras de Elle durante el atasco. Las palabras exactas. A Maya le había erizado el vello de la nuca la forma en que usó el mismo tono para amenazar a una niña de once años y para comentar que deberían haber tomado el otro carril. Conocía sus horas de salida y entrada a la escuela, cuándo iban a llevarlos de excursión y quién servía la comida del comedor. Todavía no sabía cómo iba a explicarlo cuando llamase a Mohinder para disculparse, cuando tuviera que prometerle que no volvería a acercarse a ellos.
Molly asintió y torció la boca.
- ¿Por qué ha tenido que venir ella? - susurró, no lo bastante bajo. Elle cambió el peso del cuerpo de un pie a otro antes de responder.
- Porque éste va a ser mi nuevo colegio y tengo que decidir dónde te quitaré el dinero de la comida. Tengo un poco de prisa, ¿sabéis? Y si dejo mi coche aquí cinco minutos más seguramente se convierta en un Lebaron o algo así, así que...
Sin dejar que terminase la frase, Maya se interpuso entre Molly y Elle. Dio un paso atrás, lo bastante para poder rodear a Molly con un brazo, y respiró hondo. Sorprendentemente Elle se había callado; la miraba con la cabeza ladeada, estirándose un mechón de pelo y con un amago de sonrisa.
- No podemos hacerla esto - decidió Maya. Aunque Molly podía oirla perfectamente de todos modos, bajó la voz y se inclinó hacia Elle -. Tiene que haber otra forma, es sólo una niña. Te ayudaré de otro modo. Es una niña pequeña.
Elle la miró sin variar su expresión un ápice, sin transmitir nada. Ni siquiera parecía estar entendiendo lo que decía. Se echó a un lado para mirar detrás de Maya.
- Por favor, Maya, no seas cruel. A mí me parece que tiene un tamaño perfectamente normal - dijo con tono risueño, sin apartar la vista de Molly -. ¿Cuántos años tienes, tú?
- Once.
- Más que de sobra entonces. ¿Sabes que mirar fijamente a la gente es de mala educación? - Elle se cruzó de brazos y sonrió de otro modo. Al principio, de hecho, pareció que dejaba de sonreir por completo, excepto por la comisura izquierda. Era más una mueca de burla -. No estarás haciendo nada raro, ¿verdad?
Una nueva marea de tráfico pasó a toda velocidad por la calle principal y Maya pudo ver el autobús de la línea 41 que subía por Flatbush, el que solían coger para ir a casa de Molly. En realidad si se daban prisa todavía podian alcanzarlo. Sin pensarlo demasiado y sin decir una palabra agarró a la niña de la mano, respiró hondo y rodeó a Elle, aunque no pudo evitar empujarla un poco con el hombro. Molly enseguida se puso a su altura y a su ritmo.
- Maya... - escuchó a Elle a su espalda, sin alzar el volumen. No volvió la cabeza. Otros tres pasos y de nuevo, pero esta vez un poco más alto -. ¡Maya!
Casi habían llegado a la avenida cuando una explosión levantó esquirlas de ladrillo rojo de la pared de la escuela y rodeó a Molly y a Maya de un polvo fino y rojo. Ambas gritaron de sorpresa. El olor a piedra quemada se extendió con rapidez pero Maya no se dio cuenta. Se apoyó en la pared todavía caliente y trató de respirar, de no permitir que los latidos irregulares que sentía en la garganta se convirtieran en una estampida. Apretó la mano de Molly un poco más y vio a Elle acercarse como si no hubiera pasado nada.
- Estábamos teniendo una conversación - dijo a modo de reprimenda. Ya no sonreía -. ¿Os importa? Una conversación civilizada, sin trucos mentales ni momentos dramáticos. Eso va por tí, Maya, si me estás oyendo.
Podía oirla y podía verla, pero Maya decidió cerrar los ojos sin contestar. No pudo evitar que Molly tirase de su mano y finalmente la soltase, ni que hablase con Elle.
- ¿A quién tengo que encontrar?
- A Gabriel Gray. A Sylar. Al hombre del saco. - El sonido de cada nombre iba acompañado por el de un paso y pronto Maya pudo notar la presencia de Elle sin necesidad de verla ni tocarla, un extraño campo de fuerza a pocos centímetros de la pared -. La verdad, me da igual por qué nombre se lo pidas a ese poder tuyo.
- De acuerdo - asintió Molly. Elle volvía a sonreír y Maya miró al suelo. Era como si la única seria, la única que sabía lo que estaba haciendo era la niña de once años que acababa de salir del colegio -. Maya, necesito algo suyo.
Por un momento fue casi como una solución. Ni siquiera tenía que mentir. Se despegó de la pared con los brazos cruzados con energía renovada y ganas de reirse de alivio.
- No tengo nada. Si no tengo nada no puedes hacerlo, ¿verdad?
Elle se rió, una sola vez, en el mismo instante en que Molly negaba con la cabeza. Quizá ya estaba. Habían llegado a un punto muerto y Elle podía volver a electrocutar ratas en sus laboratorios. Pero se detuvo y las miró por encima del hombro, y Maya se dio cuenta de que en realidad no había creido ni por un instante que ahí terminaba todo.
- ¿Necesitais una invitación por escrito? Adelante, jóvenes castores. El tráfico de Queens no espera a nadie y tenemos una agenda que cumplir.

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