Personajes originales. G.
Rating: G
Personajes: originales
Disclaimer: Star Wars es propiedad de George Lucas, al que le van más las demandas que a un tonto un lápiz, así que quiero dejar claro que no consigo dinero por esto y sus personajes, planetas y situaciones son todo suyos.
Notas: Respuesta al reto "Llegar tarde". Situado al comienzo de Una Nueva Esperanza
- ¡Angh! ¡Koel!
Tres comerciantes de las lunas de Coruscant, distinguibles por sus túnicas plateadas, espoleaban a sus animales. Algo más pequeños que banthas, y con la piel indudablemente más limpia y fina, arrastraban una larga hilera de cajones hasta la puerta de la bodega del transbordador. Aparte del chirrido esporádico de las ruedas, lo único que Mera podía oir era el murmullo tranquilo de media docena de voces. Esperaban a que el transbordador abriera la puerta de pasajeros, pero eso no sucedería hasta que la carga de la bodega estuviera bien asegurada en su interior.
Abandonó el equipaje para acercarse a uno de los paneles translúcidos que dividían el espaciopuerto, al ver el transbordador de Dantooine preparándose para aterrizar. Pasando la mano sobre la superficie vibrante se abrió una pequeña ventana transparente, lo bastante grande como para observar lo que sucedía al otro lado.
Intentó no pensar que era la última vez que veía aquello. Hasta entonces sólo había visto los recibimientos del espaciopuerto como premoniciones de lo que sucedería cuado regresase a Aldera. Podía imaginarse a Alai en la piel de cualquiera de las personas que esperaban a que el transbordador apagase los motores, y poner su rostro a los que bajarían de él tapándose los ojos ante el brillo que inundaba el lugar. Alai nunca iba a despedirla, pero siempre estaba allí cuando volvía.
Pero no sabía que aquella vez no iba a volver.
Mera apretó los labios y miró hacia arriba, al cielo abierto, hasta que las lágrimas dejaron de intentar salir. Su padre creía que ya era hora de volver a Coruscant de forma definitiva. Al negarse, había recibido una notificación oficial para entrar en la Academia Imperial, firmada también por su padre pero desde su omnipotente cargo de Comandante y, por tanto, ineludible.
Cuando pensó en ello tuvo que echarse a reír para disimular un quejido de furia. Todo el mundo sabía que ninguna mujer llegaba a más que teniente en el Imperio, y que no salían de Coruscant. Quizá la vergüenza por lo que se suponía que debía ser había evitado que le contase a Alai qué sucedía.
Un nuevo cajón trasportado esta vez por droides de carga se elevó sobre su cabeza hacia la bodega. Los refugiados de Dantooine miraban a su alrededor incrédulos, sus sonrisas se ensanchaban a medida que se mezclaban con la luz y los familiares o amigos. Mera pegó la nariz al cristal, sintió su zumbido en la piel, y se preguntó por qué cuando todo el mundo buscaba la paz en Alderaan ella era obligada a marcharse casi de incógnito.
Así que se acercó a su equipaje, se llevó los dedos a los labios y en cuanto silbó uno de los empleados del espaciopuerto apareció desde detrás de la mampara. Mera comprobó rutinariamente su licencia y le observó marcharse con su equipaje. Luego salió las calles de mármol de Aldera y se sintió abrumada por sus espacios abiertos.
Recordaba el día que llegó, caminar durante horas por los jardines de lo que sería su escuela, y aunque la impaciencia de encontrar a Alai impidió que repitiera aquel paseo al detalle, dio un gran rodeo para pasar por delante de algunos de sus lugares preferidos. En cuanto se detuvo frente a la puerta de la residencia una voz familiar le hizo volverse.
- ¡Mera! ¿No te marchabas? - su amiga Lanai se levantó desde el césped, y varios conocidos del grupo saludaron a Mera co la mano.
- He decidido quedarme - respondió sin poderlo evitar, aunque hubiera preferido que Alai fuera el primero en saberlo. Los ojos azules de Lanai se abrieron desmesuradamente, mordiéndose los labios por un instante antes de exclamar:
- ¡Ha ido a coger el transbordador contigo!
Los pensamientos de Mera fluyeron a toda velocidad, mientras Lanai la empujaba hacia su speeder. Ojalá Alai hubiera llegado antes de que abrieran la puerta del pasaje y hubiera visto que ella no estaba allí. Ojalá se le hubiera ocurrido buscarla antes de que la nave despegara. Cuando atravesaban la calle principal a toda velocidad vio el transbordador surgir de la cúpula blanca del espaciopuerto, y cuando llegaron no había nadie.
Pero después de todo, estaba en Aldera. Alai se daría cuenta del error y regresaría en el transbordador del día siguiente. Abrazó a Lanai cuando ella le pasó un brazo por los hombros y asintió a su sugerencia de pasar lo que quedaba del día en los lagos de las afueras. Después de todo, era un día precioso.
Alai recorrió las tres salas de pasajeros del transbordador y tras darse cuenta de que Mera no estaba allí, se sentó en un sillón y conversó con uno de los pasajeros. La nave dio una sacudida al entrar en hipervelocidad, y desapareció. Por alguna casualidad de la que nadie fue testigo, un segundo después la Estrella de la Muerte aparecía en su lugar.

Precioso: lo he leído dos veces antes de pillar todo el significado. Incluido, por supuesto, el final........